La Argentina Manuscrita

Capítulo VI

De la armada con que entró en el Río de la Plata

Pocos años después que por orden del de Inglaterra el famoso piloto llamado descubrió los , con intento de hallar por aquella parte un estrecho por donde pudiese navegar para las vino a España; y como hombre que también entendía la cosmografía, propuso al emperador nuestro señor, de descubrir fácil navegación y puerto por donde con más comodidad se pudiese entrar al rico reino del y al poderoso El rey quechua del Tawantinsuyu., que entonces llamaban los españoles , de quien había traído a larga : admitida su petición se le mandó dar para este descubrimiento cuatro navíos con más de 300 hombres, y entre ellos algunas personas de calidad que quisieron ir con él a esta jornada, a la cual salió de la bahía de el año de , y navegando con diversos vientos, pasó la equinoccial, y llegó a ponerse en altura de más de 35 grados: y reconociendo la costa, vino a tomar el ; y conociendo ser aquel golfo la boca del , que aun entonces no se llamaba sino de Solís, embocó por él, y navegando a vista de la costa de mano derecha, procuró luego algún puerto para meter sus navíos, y buscándole, se fue hasta la , donde dio fondo; y no le pareciendo tan acomodado y seguro, se arrimó a aquella costa de hacia el Norte, y entró por el ancho y caudaloso río del Uruguay; dejando atrás la Punta Gorda, tomó un que llaman de San Juan, y hallándole muy fondable, metió dentro de él su navíos; y de allí lo primero que hizo fue enviar a descubrir alguna parte de aquel caudaloso río, y procuró tener comunicación con algunos indios de aquella costa, para lo cual despachó al capitán Juan Álvarez Ramón, para que fuese con un navío por él arriba, y reconociese con cuidado lo que en él había; el cual habiendo navegado tres jornadas, dio en unos bajíos arriba de dos islas muy grandes que están en medio de dicho río, y sobreviniéndole una tormenta en aquel paraje, encalló el navío en parte donde no pudo salir más; (cuya razón parece el día de hoy allí) con este el echó su gente en un batel, y como pudo salió con ella a tierra, y vista la gente por los indios de la comarca llamados Chayos y , les yendo caminando por la costa, por no poder ir todos en el batel; y peleando con ellos, mataron al y algunos soldados, y los que quedaron se vinieron en el batel a donde estaba , el cual dejando allí la nao capitana con alguna gente de pelea y de mar que la guardasen, tomó una carabela y un bergantín con la gente que pudo, y se fue con ella por el arriba, y atravesando aquel golfo entró por el brazo que se llama el río de las Palmas, y saliendo de la tierra habló con algunos indios de las islas, de quienes recibió alguna comida; y pasando adelante llegó al , que es nombre antiguo de un cacique de aquella tierra, que cae a la costa de la mano izquierda, que es al Sud-oeste, donde Sebastián Gaboto tomó puerto, y le llamó de , el cual viendo la altura y comodidad de esta isla, fundó allí un fuerte de madera con su terrapleno y dos baluartes bien cubiertos; y corriendo la tierra tuvo con los indios de su comarca, con quienes trabó amistad; y pareciéndole conveniente reconocer lo más interior de la tierra para el fin que pretendía, descubriendo por aquella vía entrada para el reino del Perú, despachó cuatro españoles a cargo de uno llamado , que fuese a este efecto por aquella provincia, y entrase caminando por su derrota entre Mediodía y Occidente, y topando con alguna gente de consideración y con lo que descubriese dentro de tres , volviese a darle cuenta de lo que había. Con esta orden se despachó , y sus compañeros, de los cuales a su tiempo haremos mención, por decir lo que hizo en este tiempo: en el cual habiendo arrasado los dos navíos, quitándoles las obras muertas, y poniéndoles remos, se metió con ellos el río arriba, llevando consigo 110 soldados, dejando en el fuerte 60 a cargo del capitán . Entró, por el Río de la Plata arriba a remo y vela con grandísimo trabajo, por no estar práctico de aquel río, ni de sus bajíos e incomodidades de aquella navegación, hasta que por sus jornadas llegó a las juntas de los dos ríos y Paraguay, hallándose en aquel paraje distante del fuerte 120 leguas; y entrando por el , por parecer más caudaloso y acomodado para navegar, llegó a la laguna dicha de Santa Ana, donde estuvo algunos días rehaciéndose de alguna comida, que con rescates hubo de los indios de quienes tomó de lo que por allí había, y de la incomodidad que había de poder navegar con sus navíos por aquel río, a causa de sus muchos bajíos y arrecifes que tiene; a cuya causa revolviendo atrás, tomó el río del Paraguay, y hallándole mu fondable hizo su navegación por él arriba como 40 leguas, hasta un paraje que llaman la Angostura; y estando en ella le más de 300 canoas de indios que llaman , que en aquella ocasión señoreaban todo aquel río, (que ya el día de hoy son acabados con los encuentros que han tenido con los españoles) los cuales se dividieron en tres escuadras, y acometiendo a los navíos que ya iban a la vela, Sebastián Gaboto, previniendo lo necesario, asestó los versos que llevaba, y teniendo al enemigo a tiro de cañón, hizo disparar a las escuadras de canoas, las cuales las más de ellas fueron hundidas y trastornadas de los tiros: y acercándose más a los enemigos, y peleando los españoles con ellos con sus arcabuces y ballestas, y los indios con su flechería, vinieron casi a las manos, y llegaron a los costados de los navíos de donde con sus picas y otras armas mataron gran cantidad de indios, de manera que fueron desbaratados y puestos en huida (los que escaparon), quedando los españoles victoriosos con pérdida solo de tres soldados que iban en un batel, y fueron presos de los enemigos, los cuales muchos años después vinieron a ser habidos y sacados de cautiverio. Redundó de su prisión muy gran bien, porque salieron grandes lenguas y prácticos en la tierra. Estos se llamaban, el uno Juan de Justes, y el otro , y ambos fueron encomenderos en la . Pasando adelante Sebastián Gaboto llegó a un término que llaman , por ser los límites de los , indios de aquella tierra, y términos de las otras naciones, donde tomando puerto procuró con todas diligencias tener comunicación con ellos; y con dádivas y rescates, que dio a los caciques que le vinieron a ver, asentó paz y amistad con ellos, los cuales le proveyeron de toda la comida que hubo menester: con esto con facilidad algunas piezas de plata, y manillas de oro, manzanas de cobre, y otras cosas de las que a habían quitado, y él había traído del de la jornada que hizo a los , cuando le mataron los indios de aquella tierra. Con esto Sebastián Gaboto estaba muy alegre y gozoso, con esperanza que la tierra era muy rica, según la fama y relaciones que de los indios tuvo, (aunque como he dicho, todo aquello emanaba del ) persuadiéndose ser aquellas muestras de la propia tierra; y así dio vuelta a su fuerte, donde llegando se determinó luego partirse para Castilla a dar cuenta a su Majestad de lo que había visto y descubierto en aquellas provincias, y bajando al río de San Juan, donde había dejado la nao, se metió en ella con algunos de los que él quiso llevar, en el fuerte de 110 soldados a cargo del capitán don , y por su alférez , y por sargento a , sin otros muchos hidalgos y personas de cuenta que en el número de 110 soldados había, como el capitán , , etc.