La Argentina Manuscrita

Capítulo VIII

De lo que sucedió a la gente del bergantín

Vuelto que fue el y sus cuarenta soldados que con él salieron en el bergantín a buscar comida por aquel río, entraron en la fortaleza con el llanto y sentimiento que se puede imaginar, viéndolo todo asolado; y los cuerpos de sus hermanos y compañeros hechos pedazos; derramando muchas lágrimas les dieron sepultura lo mejor que pudieron: y no sabiendo la determinación que pudieran tomar, entraron en consejo sobre ello y resolvieron de irse al , costa a costa, en el mismo bergantín, pues no podían hacer otra cosa, aunque quisiesen ir a Castilla; porque el navío estaba rajado de las obras muertas para poder navegar con él por aquel río, a remo y vela: y puesto en efecto su determinación, se hicieron a la vela bajando por las islas de las dos Hermanas, y entrando por el río de las Palmas atravesaron el golfo del Paraná, tomando la , y de allí a , yendo a desembocar por junto a la de los , saliendo al mar ancho, y costeando, al Nordeste llegaron a la , y pasando de a la barra del Paranaguá, llegaron a la Cananea, y corriendo la costa tomaron un brazo y bahía de mar que allí hace, llamado Igua, veinte y cuatro leguas de San Vicente, donde surgieron y tomaron tierra, por ser de agradable vista sus salidas: allí determinaron hacer asiento, para lo cual trabaron amistad con los naturales de aquella costa, y con los portugueses circunvecinos, con quienes tenían correspondencia. Hechas, pues, sus casas y sementeras, vivieron dos años en buena conformidad, hasta que un hidalgo portugués, llamado el , se les vino a meter con toda su casa, hijos y criados, despechado y quejoso de los de su propia nación; el cual había sido por el rey don Manuel a aquella costa, en la que había padecido innumerables trabajos, por lo que hablaba con alguna libertad, más de la que debía; de lo cual resultó que el capitán de aquella costa le envió a notificar que fuese a cumplir su destierro a la parte y lugar donde por su rey fue mandado, y por el consiguiente los castellanos que allí estaban, fueron requeridos que si querían permanecer en aquella tierra, diesen luego obediencia a su rey y señor, cuyo era aquel distrito y jurisdicción; y en su nombre al gobernador : donde no, dentro de treinta días dejasen aquella tierra, saliéndose de ella, so pena de muerte y perdimiento de sus bienes. Los castellanos respondieron que no conocían ser aquella tierra de la corona de Portugal sino como de la de Castilla, y como tal estaban allí poblados en nombre del emperador , cuyos vasallos eran. De estas demandas y respuestas vino a resultar muy grande disconformidad entre los unos y los otros; y en este tiempo sucedió el llegar a aquella costa un navío de , los cuales llegados a la Cananea entraron en aquel puerto, y siendo los castellanos avisados se determinaron de acometer al navío, y cogiendo dos marineros que habían saltado a tierra a tomar provisión de los indios, una noche muy obscura cercaron el navío con muchas canoas y balsas en que iban más de 200 flecheros, y llevando consigo los dos franceses les dijeron que dijesen, que venían con el refresco y comida que habían salido a buscar, y que no había de que recelarse porque estaba todo muy quieto; con lo cual los aseguraron y fueron echando sus cabos en el navío, mientras acababan de llegar las canoas para echar arriba sus escalas, y saltando dentro los castellanos e indios repentinamente, pelearon con los franceses, y los rindieron, y tomaron el navío con muchas armas y municiones y otras cosas que traían, con cuyo suceso quedaron los españoles muy bien pertrechados para cualquier acaecimiento: y pasando adelante la discordia que los portugueses con ellos tenían, determinaron de echarlos de aquella tierra y Puerto, castigándolos con el rigor que su atrevimiento pedía. De esta determinación tuvieron los castellanos aviso; y así trataron entre sí el modo que habían de tener para defenderse de los contrarios; y resueltos en lo que habían de hacer, supieron como dos capitanes portugueses venían de hecho con 80 soldados a dar sobre ellos, sin muchos indios que consigo traían con determinación, como digo, de echarlos de aquel puesto, y quitarles sus haciendas, castigándoles en las personas; para cuyo resguardo los castellanos procuraron reparar y fortificar el puesto con sus trincheras de la parte del mar, por donde también les habían de acometer, donde plantaron cuatro piezas de artillería, y haciendo una emboscada entre el puerto y el lugar, con 20 soldados y algunos indios de su servicio, como hasta 150 flecheros, para que viniendo a las manos con los de la trinchera de improviso diesen sobre los contrarios. En este tiempo llegaron los portugueses por mar y tierra, y puestos en buen orden marcharon para el lugar con sus banderas desplegadas, y pasando por cerca de la emboscada llegaron a reconocer la trinchera, de la cual se les disparó la artillería, y abriéndoles su escuadrón a un lado y otro, cerca de una montaña, salieron a ellos los de la emboscada, y dándoles una rociada de arcabucería y flechería, los portugueses se desordenaron, y aunque disparando algunos arcabuceros se retiraron con toda prisa: los del lugar dieron tras de ellos, y al pasar un paso estrecho que allí hacia un arroyo, hicieron gran matanza, prendiendo algunos, y entre ellos al capitán Pedro de Goas, que fue herido de un arcabuzazo; y continuando los castellanos la victoria, por no perder la ocasión, llegaron a la villa de San Vicente, donde entrados en las atarazanas del rey, saquearon y robaron cuanto había en el puerto. Hecho este desconcierto volvieron a su asiento con algunos de los mismos portugueses, que al disimulo les favorecieron; donde metidos todos en dos navíos, desampararon la tierra y se fueron a la , que es ochenta leguas más para el Río de la Plata, por ser conocidamente demarcación y territorio de la corona de Castilla, y allí hicieron asiento por algunos días, hasta que el capitán encontró con ellos, como en adelante se dirá. Pasó este suceso el año de 1534, el cual entiendo que fue el primero que hubo entre cristianos en estas partes de las .