La Argentina Manuscrita

Capítulo IX

Del descubrimiento de y sus compañeros

En el capítulo sexto de este libro dije, cómo Sebastián Gaboto había despachado a descubrir las tierras australes y occidentales que por aquella parte pudiesen reconocer, según lo pareció al dictamen de su entendimiento y cosmografía, pareciéndole que por allí era el más fácil y breve camino para entrar al rico reino del Perú y sus confines, para lo cual dijimos haber enviado a y sus compañeros. A este efecto, desde la , de donde salieron a su jornada, se fueron por algunos pueblos de indios, y atravesando una cordillera que viene de la costa de la mar, y corriendo hacia el Poniente y Septentrión, se va a juntar con la general y alta , haciendo entre una y otra muy grandes y espaciosos valles poblados de muchos indios de varias naciones; y pasando de aquel cabo, corriendo su derrota por muchas poblaciones de indios que les agasajaron y dieron pasaje, continuando sus jornadas volvieron hacia el Sur, y entraron en una provincia de gran suma, y multitud de gente; muy rica de oro y plata, que tenían juntamente mucha cantidad de ganados y carneros de la tierra, de cuya lana fabricaban gran suma de ropa bien tejida. Estos naturales obedecían a un gran señor que los gobernaba, y teniendo por más seguro los españoles meterse debajo de su amparo, determinaron irse adonde él estaba, y llegados a su presencia, con reverencia y acatamiento le dieron su embajada, por el mejor modo que les fue posible, dándole satisfacción de su venida, y pidiéndole su amistad de parte de Su Majestad, que era un poderoso príncipe que tenía su reino y señorío de la otra parte del mar; no porque tenía necesidad de adquirir nuevas tierras y señoríos, ni otro interés alguno más que tenerle por amigo, y conservar su amistad, como lo hace con otros muchos príncipes y reyes, y celo de darle a conocer al verdadero Dios. En este particular fueron los españoles con gran recato por no caer en desgracia de aquel señor, el cual los recibió humanamente haciéndoles buen tratamiento, gustando mucho de su conversación y costumbres de los españoles; y allí estuvieron muchos días, hasta que y sus compañeros le pidieron licencia para volverse, la cual este señor les concedió liberalmente dándoles muchas piezas de oro y plata, y cargándoles de cuanta ropa pudieron llevar, y juntamente les dio indios que los acompañasen y sirviesen; y atravesando toda aquella tierra, vinieron por su derrota hasta topar con la fortaleza de donde habían salido, la cual hallaron desierta y asolada, después del desdichado suceso de don , y de los demás que con 61 murieron. Lo cual visto por tornó a dar vuelta con su compañía a esta provincia, de donde pasados algunos días determinaron salir de aquella tierra y pasar adelante, como lo hicieron por muchas regiones y comarcas de indios de lenguas diferentes, y también en costumbres; y subiendo una cordillera altísima y áspera, de la cual mirando el hemisferio vieron a una parte el mar del Norte, y a la otra el del Sur: aunque a esto no me he podido persuadir por la distancia que hay de un mar a otro; porque tomando por lo más estrecho, que esto podrá ser en el rincón del estrecho de Magallanes, hay, de la una boca de la parte del Norte a la otra del , más de cien leguas, por lo que entiendo fue engaño de unos grandes lagos que por noticia se sabe que caen de esta otra parte del Norte, que mirando de lo alto les pareció ser el mismo mar: de donde caminando por la costa del Sur muchas leguas, salieron hacia Atacama, tierra de los , y dejando a mano derecha los fueron en demanda del Cuzco, y entraron en aquel reino al tiempo que acababa de prender a Atahualpa, en los Tambos de Cajamarca, como consta de su historia. De forma que con este suceso, atravesó este toda esta tierra, de cuyo nombre comúnmente le llaman la conquista de los , según me certificó el capitán Gonzalo Sáenz Garzón, vecino de , conquistador antiguo del el cual me dijo haber conocido y comunicado a este en la ciudad de los Reyes, de quien tomó la relación y discurso que en este capítulo he referido.