La Argentina Manuscrita

Capítulo X

Cómo don pasó por Adelantado y Gobernador de estas provincias, y la armada que trajo

Llegado Sebastián Gaboto a Castilla el dio cuenta a Su Majestad de lo que había descubierto y visto en aquellas provincias, la buena disposición, calidad y temple de la tierra, la gran suma de naturales, con la noticia y muestras de oro y plata que traía; y de tal manera supo ponderar este negocio que algunos caballeros de caudal pretendieron esta conquista y gobernación. Un criado de la casa real, gentil hombre de boca del emperador nuestro señor don , deudo muy cercano de doña , mujer del señor don , tuvo negociación de que su Majestad le hiciese merced de aquella con título de adelantado, haciendo asiento de la poblar y conquistar, pasando con su gente y armada en aquella tierra, con cargo de que habiéndola poblado, se le haría merced con título de marqués de lo que allí se poblase: con cuya fama y buena opinión se movieron en España diversas personas, ofreciéndosele al gobernador con cuanto tenían, de manera que no tenían a poca suerte los que a esta empresa eran admitidos; y así no hubo ciudad de donde no saliesen para esta jornada mucha gente, y entre ella algunos hombres nobles y de calidad; y juntos en Sevilla, se embarcaron y salieron de la barra de San Lúcar en 14 navíos el año de 1535 a 24 de agosto, y navegando por su derrota con viento próspero, llegaron a las Canarias, y en la isla de Tenerife hizo el adelantado reseña de su gente, y halló que traía 2200 hombres entre oficiales y soldados, de algunos de los cuales haré aquí mención, para noticia de lo que adelante ha de suceder. Traía por su maestre de campo un caballero de Ávila, llamado , que había sido en Italia capitán de infantería española, al cual todos querían y estimaban por su grande afabilidad y valor. Iba por almirante de la armada don , hermano del adelantado; y por su , que a más de la privanza grande que con el adelantado tenía, era su mayordomo. Por proveedor de Su Majestad, un caballero llamado Francisco de Alvarado, y junto con él, un hermano suyo llamado don Juan de Carabajal. Entre los de más cuenta que llevaba, eran el capitán Sobre este punto, Irala era un capitán que exploró junto a Juan de Ayolas el Río Paraguay. Ayolas lo designó, cuando se internó en el Chaco en 1537, capitán de los bergantines en el Puerto de la Candelaria. Su papel en estas exploraciones y este (precario) nombramiento de Ayolas serían las bases que lo elevarían a teniente de gobernador con el aval del veedor Alonso Cabrera en 1539., natural de Bergara en la provincia de Guipúzcoa; , de la ciudad de León en Castilla; el capitán , de la villa de Pomar; , de Baeza, y don Diego de Avalos. Venía junto con estos, un caballero gentil hombre del Rey, llamado don , mayordomo de , el cual por cierta desgracia que le sucedió en España pasó a las . Por contador de su Majestad venía Juan de Cáceres, natural de Madrid; y con él su hermano: por tesorero venía natural de Córdoba; y Hernando de los Ríos, y Andrés Hernández el romo. Por factor de Su Majestad, don Carlos de Guevara y por alcaide de la primera fortaleza que se hiciese, don Núñez de Silva. Venía por sargento mayor de la armada, Luis de Rojas y Sandoval; y sin cargo venían otros muchos caballeros, como Perafán de Rivera, don Juan Manrique, el capitán , Pedro Ramiro de Guzmán, todos de Sevilla. Don Carlos Dubrin, hermano de leche del emperador Nuestro Señor, el capitán Juan de Ortega, Luis Hernández de Zúñiga de las Montañas, Francisco de Avalos Piscina, de Pamplona, Hernando Arias de Mansilla, don Gonzalo de Aguilar, el capitán Medrano, de Granada, don Diego Barba, caballero de San Juan, Hernán Ruiz de la Cerda, el capitán Agustín de Campos de Almodóvar; capitán Luján, don Juan Ponce de León, de Osuna, el capitán Juan Romero, y Francisco Hernández de , , y don Bartolomé de Bracamonte, de Salamanca; Diego de Estopiñán, capitán Figueroa, Alonso Suárez de Ayala; y Juan de Vera, de Jerez de la frontera, Bernardo Centurión, genovés, cuatralvo de las galeras del príncipe ; el capitán , natural de , Luis Pérez de Ahumada, hermano de Santa Teresa de Jesús; sin otros muchos caballeros que venían en dicha armada por alférez, sargentos, y otros muchos hidalgos de cuenta: la cual partida de las Canarias, continuando su viaje, pasó la línea equinoccial, de donde con una gran tormenta se dividió la armada. Don tomó hacia el Mediodía para la boca del Río de la Plata (según se presume, de malicia), y navegando toda la demás armada para la costa del , tomó puerto en el Río Janeiro, y en, otros de aquella costa, obligados de la necesidad de hacer esta arribada, del agua y bastimentos; y estando en dicho puerto, sucedió un día que andando el maestre de campo paseándose con el factor don Carlos de Guevara por la playa, llegó a él , alguacil mayor, y le dijo, (yendo en su compañía el capitán , y Diego de Salazar y Medrano): "Usted sea preso, señor "; a lo cual, entendiendo el maestre de campo, se retiró empuñándose a la espada; y entonces le replicó el alguacil mayor, diciendo: "téngase usted que el señor gobernador manda que vaya preso"; a lo que respondió : "hágase lo que su Señoría manda, que yo estoy presto a obedecerle": y con esto todos se fueron hacia la tienda del gobernador, la cual estaba en la playa, y en aquella sazón, cercada toda de gente de guarda; y adelantándose el alguacil mayor, fue a dar aviso al gobernador (que estaba almorzando), diciéndole: "ya, señor, está preso, ¿qué manda Vuestra Señoría que se haga?". Él respondió dando de mano: "hagan lo que han de hacer"; y volviendo a donde venía el maestre de campo, de improviso le dieron de puñaladas, que cayó muerto, sin poder confesar: luego pusieron el cuerpo sobre un repostero a vista de todo el campo con un rótulo: -por traidor y alevoso-; y a esta sazón el Adelantado dijo: "este hombre tiene su merecido, que su soberbia y arrogancia le han traído a este estado". Todos los presentes sintieron en el alma la muerte de tan principal y honrado caballero, quedando tristes y desconsolados, particularmente sus deudos y amigos. Súpose que algunos envidiosos le malsinaron con , diciendo, que el maestre de campo le amenazaba, que en llegando al había de hacer que las cosas corriesen por diferente orden, atribuyendo sus razones a mal fin: de cuya muerte sobrevinieron, por castigo de Dios, grandes guerras, muchas desgracias y muertes, como adelante se dirá.