La Argentina Manuscrita

Capítulo XIII

De la jornada que mandó hacer al general , y capitán

Algunos días después que don llegó a determinó enviar a descubrir el Río de la Plata arriba, y tomar relación de la tierra; y con este acuerdo mandó a su teniente general se aprestase para el efecto, el cual el año de 1537 salió de este puerto con 300 soldados en tres navíos, llevando en su compañía al capitán , y al factor don Carlos de Guevara, a don Juan Ponce de León, a Luis Pérez de Zepeda, a don Carlos Dubrin y a otros caballeros, con instrucción de que dentro de cuatro meses le volviesen a dar cuenta de lo descubierto y sucedido. Salidos a su jornada, navegaron muchas leguas padeciendo grandes trabajos y necesidades, hasta que llegaron donde se juntan los ríos del Paraguay y , y, como hizo , se entró por el que parece más caudaloso, que es el del , y tocando en los mismos bajíos de , dieron vuelta y embocaron por el Paraguay con los remos en las manos y a la sirga, caminando de noche y de día, con deseo de llegar a algunos pueblos donde pudiesen hallar refrigerio de alguna comida; y con esta determinación yendo navegando en un paraje que llaman la Angostura, les acometieron gran número de canoas de aquellos indios llamados , con los cuales pelearon muy reñidamente matando muchos de ellos, de manera que los hicieron retirar: y al saltar todos los más en tierra dejaron las canoas en que se cogió alguna comida y mucha carne de monte y pescado, con lo cual cómodamente pudieron llegar a la frontera de los con quienes trabaron luego amistad, y se proveyeron del matalotaje necesario para pasar adelante: tomando lengua, que hacia el Occidente y Mediodía, había cierta gente que poseía muchos metales; y caminando por sus jornadas llegaron al puerto que dicen de , donde mandó desembarcar y tomar tierra, dejando allí los navíos con cien soldados a orden de , y prosiguiendo su jornada con 200 soldados en doce días del mes de Febrero de 1537 años, dejando orden que le aguardasen en aquel puerto seis meses, y si dentro de ellos no volviese, se fuesen sin detenerse más tiempo, porque la imposibilidad de algún suceso contrario se lo impediría. Con esta determinación tomó su derrota al Poniente caminando por los llanos de aquella tierra, llevando en su compañía al factor y a don Carlos Dubrin, Luis Pérez de Zepeda, y a otros muchos caballeros donde los dejaremos por ahora: y volviendo a don , que estaba aguardando la correspondencia de , vista su tardanza se bajó a Buenos Aires, con determinación de irse a Castilla, donde llegado, halló gran parte de la gente muerta, y la demás que había quedado, tan acabada y flaca de hambre, que se temió no quedase ninguna de toda ella con vida: y estando todos con esta aflicción y aprieto, fue Dios servido de que llegó al puerto el capitán que venía del con la nao muy bien proveída de comida, junto con otros dos navíos que traía en su compañía de aquella gente que quedó de Sebastián Gaboto y de los demás que se le juntaron después de la rota de los portugueses, a los cuales halló retirados en la isla de Santa Catalina donde tenían hecho asiento; y a persuasión de se determinaron a venir en su compañía, que fue toda la importancia del buen efecto de aquella conquista: porque de más de ser ya baqueanos y prácticos en la tierra, tenían consigo algunos indios del , y los más de ellos con sus mujeres e hijos. Los españoles fueron , Pedro Morón, Hernando Díaz, el capitán , , y otros así castellanos como portugueses, los cuales todos venían, bien pertrechados de armas y municiones: con lo cual don recibió sumo gozo y alegría, de que le nació derramar muchas lágrimas, dando gracias a Nuestro Señor por tan señalada merced: y de ahí a poco que esto pasó, se determinó de informarse del suceso de su teniente general , para lo cual despachó al capitán , y al mismo , los cuales partieron en dos navíos con 140 soldados río arriba, y ellos partidos, dentro de pocos días puso en efecto su determinación de ir a Castilla; y embarcándose en una nao llevó consigo al contador , y a , dejando por su teniente general en el puerto de Buenos Aires al capitán ; y haciendo su viaje con tiempos contrarios, y larga navegación, le vino a faltar el matalotaje, de manera que se vino a hallar tan debilitado de hambre, que le fue forzoso el hacer matar una perra que llevaba en el navío, la cual estaba salida, y comiendo de ella tuvo tanta inquietud y desasosiego, que parecía que rabiaba, y dentro de dos días murió, sucediendo lo propio a otros que de la perra comieron: al fin, los que escaparon llegaron a España al fin del año 37, donde se dio cuenta a Su Majestad de lo sucedido en aquella conquista. Y volviendo al capitán y , que iban su viaje en demanda de , subieron hasta el paraje de la , donde hallaron a en los navíos, aguardando a en los pueblos de los indios y , que son los más traidores e inconstantes de todo aquel río; los cuales disimulando con los españoles su dañada intención, les traían alguna comida con que los entretenían: aunque no perdían la ocasión de hacerles todo el mal que podían. Juntos, pues, los capitanes, determinaron de hacer una correduría por aquella tierra, por ver si podían tener noticia de los de la entrada, y hecha, dejaron en aquel puerto en una tabla escrito todo lo que se ofrecía que poder avisar, y que no se fiasen de aquella gente, por estar rebelada y con mala intención. Hecho esto, se volvió río abajo, dejando a Domingo de Irala un navío nuevo, y tomando otro muy cascado, y llegado al puerto que hoy es la , determinó hacer una casa fuerte, y dejar en ella a con sesenta soldados, por parecerle aquel puerto buena escala para la navegación de aquel río, y él se partió para el de Buenos Aires, a dar cuenta a de su jornada: y llegado que fue, como vio que era ido a España, y que el teniente que había dejado malquisto con los soldados, por ser de condición áspera y muy riguroso; tanto que por una lechuga cortó a uno las orejas, y a otro afrentó por un rábano, tratando a los demás con la misma crueldad: con que todos estaban en gran desconsuelo; y también por haber sobrevenido al pueblo una furiosa plaga de tigres, onzas y leones, que los mataban y comían en saliendo del fuerte; que los hacían pedazos, de tal manera, que para salir a hacer sus necesidades, era necesario que saliese número de gente para resguardo de los que salían a ellas. En este tiempo sucedió una cosa admirable que por serlo la diré; y fue que habiendo salido a correr la tierra un caudillo en aquellos pueblos comarcanos, halló en uno de ellos, y trajo, en su poder, aquella mujer de que hice mención arriba, que por la hambre se fue a poder de los indios: la cual como la vio, condenó a que fuese echada a las fieras para que la despedazasen y comiesen; y puesto en ejecución su mandato, cogieron a la pobre mujer, y atada muy bien a un árbol, la dejaron una legua fuera del pueblo, donde acudiendo aquella noche a la presa número de fieras, entre ellas vino la leona a quien esta mujer había ayudado en su parto: la cual conocida por ella, la defendió de las demás fieras que allí estaban y la querían despedazar; y quedándose en su compañía la guardó aquella noche, y otro día y noche siguiente, hasta que al tercero fueron allá unos soldados por orden de su capitán a ver el efecto que había surtido de dejar allí aquella mujer; y hallándola viva, y la leona a sus pies con sus dos leoncillos, la cual sin acometerles se apartó algún tanto dando lugar a que llegasen, lo cual hicieron quedando admirados del instinto y humanidad de aquella fiera, y desatada por los soldados, la llevaron consigo, quedando la leona dando muy fieros bramidos, y mostrando sentimiento y soledad de su bienhechora, y por otra parte, su real instinto y gratitud, y más humanidad que los hombres; y de esta manera quedó libre la que ofrecieron a la muerte, echándola a las fieras: la cual mujer yo la conocí, y la llamaban la Maldonada, que más bien se le podía llamar la Biendonada, pues por este suceso se ha de ver no haber merecido el castigo a que la ofrecieron, pues la necesidad había sido causa y constreñídola a que desamparase la compañía, y se metiese entre aquellos bárbaros. Algunos atribuyeron esta sentencia tan rigurosa al y no a ; mas cualquiera que haya sido, el caso sucedió como queda referido.