La Argentina Manuscrita

Capítulo III

De la entrada que hizo el Adelantado por el puerto de los , y de algunas discordias y sucesos

Acabada la guerra de Tabera con tan buen suceso, estaba el Adelantado muy obedecido y respetado de los indios de la tierra, aunque muy encontrado con los oficiales reales de Su Majestad, a causa de querer ellos tener tanta mano en el gobierno, que pretendían que el Adelantado no hiciese cosa en él sin su parecer: dando por razón, así lo mandaba Su Majestad, a lo que él respondía no tener necesidad de consultarles nada, en razón de cosas menores y ordinarias, porque de otra manera sería discernirles el oficio para que fuesen ellos los gobernadores y no él; y así andaban con requerimientos con que cada día, se encontraban, llevándolo el Adelantado con más sufrimiento de lo que su reputación convenía, por no venir a rompimiento y conseguir sus intentos. No obstante estas diferencias, resolvieron todos de conformidad, se hiciese una entrada para descubrir si se hallasen algunos minerales de los que tenían noticia; para cuyo efecto mandó el Adelantado prevenir 400 soldados con sus capitanes, que fueron, de los ya prácticos: Salazar, Francisco Ruiz y Juan de Ortega; y de log chapetones, , García Rodríguez Valenzuela, y Saavedra, y otra gente particular; y con este número de gente salió el Adelantado, en 4 bergantines, 6 barcas, 20 balsas y otras 200 canoas en 13 de diciembre de 1541, llevando consigo algunos cautivos, y cantidad de amigos, así guaranís como de la nación o . Fue a esta jornada el contador , veedor y el factor Pedro de Orantes; dejando en la el Adelantado a Domingo de Irala su maestre de campo. Y navegando la armada río arriba, llegaron a los pueblos de Hieruquizava, y los demás que están por aquella costa hasta tornar el puerto de , y de allí pasaron al de la ; y dejando atrás la laguna de , donde los los mataron so color de paz, viniendo, como se dijo en el libro pasado: en este paraje, por venir algunas canoas muy cargadas, se quedaron atrás, y siendo acometidas de los mismos indios repentinamente, las tomaron todas con poca o ninguna resistencia; y de ahí adelante siempre que se les ofrecía ocasión, no la perdían, tocando a cada paso mil alarmas y rebatos, hasta que el Adelantado mandó se les echase una emboscada en una laguna o anegadizo acomodado para tener algunas canoas, con gente oculta para poderlos acometer, antes que pudiesen dar vuelta las que los contrarios traían al tiempo que viniesen siguiendo la armada, como de ordinario hacían. Y al llegar al paraje de la emboscada, una escuadra de canoas que venían en nuestro seguimiento salieron las nuestras que estaban ocultas, y los acometieron antes que ellos pudiesen revolver ni tomar tierra; de manera que parte se trabucaron, y parte cogieron matándole mucha gente, y cogiendo a manos los restantes, sin que escapase ninguno, y sin que pudiesen prevenir para defenderse de nuestros arcabuces y espadas, y flechería de los amigos: mandando el Adelantado ahorcar a todos los caciques y demás cabezas, de sus insultos. Y caminando adelante, tocaron en los pueblos de los , que están a mano izquierda, y en los que llaman , que están a mano derecha sobre el , con los cuales tuvieron comunicación: y pasando de esta comarca, llegaron a reconocer aquella tierra que llaman el Paraíso, donde partido el río en dos brazos hace aquella gran isla de tanta amenidad, como de ella y sus calidades tengo referido. Y vista por los españoles, y la afabilidad de los naturales, desearon mucho poblar en ella, aunque no se pudo acabar con el Adelantado, por tener la mira puesta en el descubrimiento occidental, y noticia que tenía de las riquezas del , y así les decía: "Señores, corramos la tierra, y descubramos lo que hay en ella, que después se tomará asiento donde más convenga, y no nos prendamos luego a la primera vista". Y con esto comentó a ser aborrecido de muchos, en especial de los ya antiguos que ya tenían en la tierra algunas raíces; y así fue corriendo su viaje por aquel río, hasta que llegó a tomar el puerto de los , en el cual toda la gente desembarcada, dio orden en lo necesario para su entrada; y partido en compañía de los capitanes, dejando en guarda de los navíos a su primo, , tomó su derrota al Norte, y caminando por aquella tierra encontraron con muchos pueblos de indios labradores, descubriendo cada día gran multitud de gente, saliendo todos los más de paz, y algunos que les pareció el no hacerlo, tomaron las armas para los españoles, y se pusieron a impedirles el paso, a los cuales nuestra gente castigó con toda moderación. Y al cabo de algunas jornadas llegaron a un pueblo muy grande de más de ocho mil casas, de donde salieron a dos leguas de él, cuatro o cinco mil indios a impedir el pasaje a los nuestros, aunque por lo que se vio no fue sino para entretenerlos hasta poner su chusma en salvo: y habiéndoles los nuestros pagado su atrevimiento con pérdida de muchos de ellos que mataron, desampararon el puesto, y los nuestros llegaron al pueblo, el cual hallaron sin gente, mas todas las casas llenas de comida y de todas sus alhajas, que eran muchas mantas de algodón listadas y labradas, pieles de onzas y tigres, muchas cebellinas, gangas, gatillos y nutrias de que los soldados se pertrecharon: hallaron muchas gallinas, patos, y cierto género de conejillos que crían dentro sus casas, que todo fue de regalo y hubo en abundancia. Corriose todo el pueblo, y en la plaza principal se halló una casa espantable, que por serio no dejaré de tratar de ella. Estaba en un círculo muy grande a modo de palenque, de muy buena y fuerte madera en forma piramidal, cubierta por lo alto de ciertas empleitas de hojas de palmas, dentro de la cual tenían encerrada una monstruosa culebra o género de serpiente tan disforme que ponía gran terror y espanto a todos los que la veían. Era muy gruesa y llena de escamas la cabeza muy chata y grande, con disformes colmillos; los ojos muy pequeños, tan encendidos, que parecían centellear; tenía de largo 25 pies, y el grosor por el medio como un novillo; la cola tableada de duro y negro cuero, aunque en parte manchado de diversos colores: la escama era tan grande como un plato, con muchos ojos rubicundos que le hacían más feroz; y éralo tanto que ninguno la miró que no se le espeluzase el cabello. Los soldados la comenzaron a arcabucear, y a herir con saetas y flechas los amigos, y como se sintió herida comenzó a revolverse echando gran suma de sangre; dio feroces silbos con tanta ferocidad, que hizo temblar todo aquello; que causó grande espanto a todos. Al fin acabó de morir, y fue averiguado con los naturales de aquel partido, que hacían a esta serpiente adoración en quien estaba el demonio, les hablaba y respondía, la cual sustentaban solo con carne humana de los que en las guerras que unos a otros se hacían, procurando haber siempre cautivos que traer, y dar a comer a este monstruo, de que el Señor fue servido librarles con este suceso. Recogido, pues, todo el despojo que los soldados y amigos hallaron, los oficiales reales pidieron de todo ello el quinto, diciendo pertenecía a Su Majestad como cosa de estima y de valor, sobre lo cual hicieron muchos requerimientos al Adelantado, como en otras ocasiones habían hecho; y sin más declaración ni acuerdo, comenzaron a molestará algunos soldados, quitándoles so color del quinto, lo que habían adquirido; y pasó tan adelante que aun de cinco peces que pescaban, querían uno, y lo propio de los venados y otras cosas que cazaban y tenían algún valor: con lo que todos los soldados se disgustaron grandemente, y dijeron al Adelantado que no querían pasar adelante, pues los oficiales reales se metían en cosas tan menudas, pidiéndoles el quinto, y haciéndoles tan manifiestos agravios, de que se temía que en cosas mayores serían más. El Adelantado por aplacarlos mandó a los oficiales reales no tratasen de aquello de ninguna manera, porque Su Majestad no era servido que de cosas de tan poco valor se le pagase quinto; y que cuando esto quisiese, él de su hacienda, por excusar molestia a los soldados, ofrecía a Su Majestad cuatro mil ducados cada año, que era lo que se le daba de salario. Con lo cual se evitó por entonces el molestar a los soldados, aunque no por eso los oficiales reales dejaron de quedar sentidos; por lo que, por su parte, y la de otros soldados y capitanes, requirieron al Adelantado, se volviese a la donde tenían que hacer cosas de su oficio y del servicio de Su Majestad, y darle cuenta del estado de la tierra. Con que vino a condescender en lo que se le pedía, volviendo aunque con notable desconsuelo por no poder conseguir lo que pretendía, que era hacer aquel descubrimiento: y así se volvió al puerto donde había dejado los navíos. Y embarcándose, bajó por sus jornadas hasta llegar a la con algún aprovechamiento, porque trajeron de aquel viaje más de tres mil almas de servicio, con que este pueblo tuvo acrecentamiento, y se abasteció de comida y de otras cosas necesarias a los españoles. Luego el Adelantado determinó reprimir los indios , que cada día inquietaban a aquella República, haciéndole muchos asaltos, así en el servicio, como en los indios amigos y chácaras: para cuyo remedio salió en persona con 300 soldados y 1000 amigos; y estando informado donde estaban recogidos, se fue a largas jornadas a ponerse sobre ellos, que era un lugar muy acomodado, porque tenían por frente el río del Paraguay, y por espalda una laguna que aislaba el sitio, y no más de una puerta en que tenían un baluarte de madera muy fuerte. Y reconocidos por el Adelantado los sitios, comenzó a batir, mandando que en este mismo tiempo pasasen a nado los amigos la laguna, y entrasen con gran denuedo a tornarles el sitio y hacerles todo el daño que pudiesen: con cuyo buen efecto los españoles entraron con facilidad, rindiendo a, los indios, y llevándolos a fuego y sangre, aunque los de dentro vendían muy bien sus vidas, peleando con valor. Al fin, matándoles mucha gente, y prendiendo los más que pudieron ser habidos, fueron ajusticiados los más culpados, y el resto se trajo a poblar a cuatro leguas de la reduciéndolos con otros indios más benévolos, llamados . Con lo cual se volvió el Adelantado muy gozoso, aunque enfermo de unas cuartanas que días había le traían desasosegado: todo lo cual pasó el año de 1542, con lo demás que en este capítulo se ha dicho.