La Argentina Manuscrita

Capítulo VI

Cómo en este tiempo llegó a esta provincia , con la compañía de Diego de Rojas, que salió del

Por haber prometido en este libro tratar algunas cosas que se ofrecen del gobierno de , como de las provincias conjuntas a esta del , diré de su descubrimiento con toda brevedad: y es de saber que el año de 1543, luego que el licenciado desbarató y prendió en la batalla de Chupas a don Diego de Almagro, el mozo, determinó ocupar con cargos y oficios a algunos capitanes que le habían servido en aquel reino, despachándolos a gobiernos y nuevos descubrimientos, con que entendió satisfacerles en algo: y así hizo merced a del descubrimiento de la provincia que confina con la de Chile, abajo de la otra parte de la Cordillera, hasta los llanos que corren del , dándole título de gobernador de aquella tierra; donde entraron en su compañía Felipe Gutiérrez, , y otros caballeros y soldados, que por todos eran 300. Con los cuales, entrando en su jornada, dejó atrás la , tierra asperísima; y saliendo a los llanos, encontraron algunos pueblos de indios: y entrando en los valles de Salta y Calchaquí, hallaron mucha gente de manta y camiseta, abundantes de comida; los cuales, juntos con los demás de la comarca, pelearon con los españoles; y en un reencuentro que con ellos tuvieron, fue muerto el capitán : por cuya muerte hubo diferencias en el campo sobre el gobierno de él, en especial de parte de Felipe Gutiérrez que lo pretendía como compañero y coadyutor de , siendo todos de diferentes pareceres; por cuyos votos eligieron por general a , caballero principal y muy afable; y no cesando con esta elección Felipe Gutiérrez de su intento, fue desterrado para la provincia de Chile, con sus amigos y compañeros. Y prosiguiendo el General con su descubrimiento, llegó al , que saliendo de la Cordillera Nevada, corre por unos llanos hasta sumirse en medio de ellos, dejando grandes pantanos y lagunas: por cuyas riberas halló muchos pueblos de indios que llamanJurís, y a este , de donde pasando adelante llegó a losComechingones, que son unos indios naturales de la provincia de Córdoba que viven bajo de tierra en cuevas, que apenas aparecen sus casas por afuera. Y trabando amistad con ellos, se informaron de lo que había en la tierra, y tomando relación de como a la parte del Sur había una provincia muy rica de plata y oro, a quien llamaban , que se entiende ser la misma noticia que en el llaman los Césares, tomado del nombre de quien la descubrió. Junto con esto fueron informados que a la parte del Este había españoles que navegaban en navíos por un grande y anchuroso río donde estaban poblados: y con esta noticia determinaron dejar otra cualquiera empresa por ir en demanda de los de su nación. Y atravesando por algunas naciones de indios, con quienes tuvieron amistad, llegaron a un río pequeño, por cuya ribera bajaron a un gran pueblo de indios, que les salieron a recibir con las armas en las manos: y asegurados de los españoles, se aquietaron acudiéndoles con la comida necesaria. Este río sale al de la Plata, que se dice el , y a los naturales , gente dispuesta y agigantada. Otro día por la mañana, viendo los nuestros a la parte del Este grandes y extendidos vapores, preguntaron a los indios, qué fuese aquello: y ellos les dijeron, que procedían aquellas nieblas de un gran río que por allá corría: con lo cual el capitán Mendoza se fue luego a aquella parte por un llano muy apacible, y reconociendo de una legua las cristalinas aguas de aquel río, llegó a sus orillas, admirándose todos de ver su anchura y profundidad. Estaba todo el río lleno de muchas islas, pobladas de muy espesos sauces, que causaban gran contento a la vista; y por toda aquella costa se divisaban muchos fuegos, en que se avisaban los naturales de lo que se les ofrecía. Aquí sentaron su real, y otro día a las nueve vinieron a reconocer más de 300 canoas de indios; y cuando llegaron en frente de los nuestros, apartados de tierra como un tiro de flecha en una playa que allí parecía, comenzaron a levantar las palas en alto, señal de amistad, y quieta la gente oyeron los españoles hablar en voz alta a un indio que decía: "¿Sois amigos, o enemigos, qué queréis, o qué buscáis?". Admirados los nuestros de oír entre aquellos bárbaros quien hablase nuestra lengua, respondió el capitán : "Amigos somos, y venimos de paz y amistad a esta tierra del reino del , con deseo de saber de los españoles que por acá están". El indio le preguntó quién era y cómo se llamaba: y el capitán respondió que lo era de aquella gente que allí traía, y se llamaba . A lo cual el indio mostró mucho contento, diciendo: "yo me huelgo, señor capitán, de que seamos de un nombre y apellido: yo me llamo don , que lo tomé de un caballero de este nombre, que fue mi padrino cuando me bautizaron: por tanto, mira señor lo que habéis menester, que yo os proveeré de muy buena voluntad". El capitán le rogó saltase en tierra y viniese donde él estaba, para que pudiesen comunicar más despacio y poderle regalar con lo que tenía. El indio respondió: que él lo hiciera, mas que no se fiaba de él, porque estaba escarmentado de algunos españoles, que debajo de amistad le habían hecho tiro. le aseguró de su parte, que no se le haría daño ni perjuicio alguno. A lo que respondió el indio, que fuese con una condición, que enviase cuatro soldados que estuviesen en sus canoas, en el ínterin que él estaba en su poder, y a un tiempo volvió cada uno a los suyos. El capitán le dijo que estaba contento, y juró como caballero, en la cruz de su espada de lo cumplir. Y así despachó cuatro soldados, dando orden para que en ningún acontecimiento pudiesen correr riesgo, ni perder su libertad, quedando en poder de aquellos bárbaros. Al mismo tiempo que el cacique estuvo en tierra, y los soldados en las canoas, el capitán se fue para él, donde abrazándose el uno al otro, echó mano al indio de los cabellos, que era la seña que había dado a los soldados, los cuales al punto se arrojaron de las canoas y saltaron en tierra, y con las espadas desnudas herían a los indios que les impedían, llegándoles de socorro veinte hombres de a caballo, con que salieron libres. El cacique visto el suceso tan nunca visto y debajo de juramento, dijo: "Capitán Mendoza como me has engañado, como habéis quebrantado vuestra palabra y faltáis al juramento que me hicisteis? Que así es, matadme ya, o haced de mí lo que quisiereis". El capitán le consoló con buenas palabras, diciéndole que no recibiría ningún daño, antes sería muy bien tratado y regalado, porque el haber hecho aquello, no era por no quererle cumplir su palabra, sino por la poca satisfacción que él tenía de la suya; y sosegándose el cacique se informaron de él de las cosas de aquella tierra. Supo como todos los españoles que en ella había estaban en el río del Paraguay arriba, y debajo del mando del capitán Vergara (que por este nombre llamaban a Domingo de Irala): supo también como a le habían muerto unos indios llamados : díjole como había pocos días que habían llevado al adelantado preso a España, el cual había venido al socorro de los españoles que estaban en aquella tierra, con lo que quedó satisfecho de lo que deseaba saber: y regalando al indio lo posible, y dándole muchas cosas de rescate le pidió mandase a su gente le trajesen alguna comida; el cacique lo mandó, y se trajo al real lo necesario, haciendo en la playa de solo pescado un grande rimero, tan alto que una lanza no se veía. El capitán le dio un vestido de grana, manta y camiseta, y con grande caricia y amistad le despidió, y el indio se fue muy contento; y alzando el real se costeó río abajo hasta un sitio alto y llano que hace sobre su ribera; en cuya corona vieron la ruina de una fortaleza antigua que fue la que fabricó para escala de aquella navegación, y en la que sucedió la muerte del capitán don Nuño. Y sobre la barranca del propio río vieron enarbolada una cruz con una letra que decía: al pie cartas; donde cavando hallaron una botijuela en que estaba una carta muy larga del general , avisando a la gente de España de todo lo que se ofrecía, y de los inconvenientes que había de que guardarse; de los indios de quienes se podía fiar, y de quienes se habían de guardar; y de cierta cantidad de comida que estaba enterrada en una isla. Con que se determinó a pasar con su gente a la otra parte del río, que mostraba a la vista ser de buena y apacible disposición, y más alta y montuosa que donde él estaba: entendiendo poder ir con facilidad por aquella banda hasta topar con los españoles que estaban arriba. Sobre cuya determinación los más de los soldados replicaban contradiciendo este intento: de que vino a resultar que y otros amigos suyos se conjuraron contra ; y una noche con grande determinación se fueron a su tienda, y hallándole durmiendo, le mataron a puñaladas; y con esto se volvieron al debajo de la orden de sus capitanes, al tiempo que el maestre de campo Carvajal acababa de desbaratar al capitán en la , obligándole a que se retirase en una cueva donde estuvo escondido mucho tiempo. Y viendo Lope de Mendoza, su compañero, que le seguían algunos soldados, se fue a encontrar por gran ventura con los que iban de esta jornada del , y juntos y conformes, tomaron la voz del rey contra el tirano, los cuales en otra batalla fueron vencidos y desbaratados.