La Argentina Manuscrita

Capítulo IX

Cómo el capitán despachó a España a , y de cómo se perdió; y vuelta del General

Luego que fue electo, mandó aderezar una carabela para despachar en ella a Castilla, con la elección de su nombramiento, a ; y proveído lo necesario con toda diligencia, le encargó sus negocios, en cuya compañía también iba Francisco de Vergara y otras personas de satisfacción. El cual este mismo día del año de 1548 salió del puerto, y bajando por sus jornadas, iba en su conserva un bergantín en que iba Hernando de Rivera hasta la isla de . Y saliendo del , atravesando el golfo de Buenos Aires para la , dejando a una mano la de , para de allí entrar en el ancho mar; y despedidos los unos de los otros, se fueron por la canal que va a salir al puerto de Maldonado, donde aquella noche les sobrevino una tan gran tormenta, que dio con la carabela en una encubierta laja, que está en la misma canal, que hoy llaman la , por haberse perdido en ella, pocos años ha, un navío de esta nación que corría aquella costa. Por manera que la carabela, que estaba encallada sobre las peñas, se abrió por los costados, y entraba tanta agua por ellos, que no podían agotar: no cesando en todo este tiempo la furiosa tormenta: y recelando todos la perdición que tan cercana tenían, acordaron desamparar el navío y salirse a tierra firme, al peligro y riesgo de venir todos a poder de los indios de aquella tierra, que son los , crueles y bárbaros. Y para poderlo hacer, cortaron el mastelero mayor, y con tablas y maderas hicieron una gran balsa juntamente con el batel, para que pudiesen atravesar aquel brazo y salir a tierra. Y cesando un poco la tormenta, tuvieron lugar de poderlo hacer y tomar la costa, adonde luego acudieron los indios que corren por toda ella; y haciendo un reparo entre el río y la barranca, se pudieron guarecer de la furia de ellos. Y caminando aquella noche por la costa arriba en busca del bergantín, dieron en unas lagunas, en que pasaron mucho trabajo para atravesarlas a nado; y aquella misma noche sobrevino de la parte del Sud otra mayor tormenta que la pasada, que desencalló la carabela de donde estaba, y dio con ella hecha pedazos en aquella costa, con la cual esta misma noche vinieron a topar con gran espanto y admiración de todos. Y cerca del día prendieron dos indios pescadores, de quienes supieron de cómo el bergantín estaba recogido en una caleta, dos leguas adelante; y por darle alcance, salid luego Francisco de Vergara con un compañero a dar aviso de lo que pasaba: por manera que con esto fue Dios servido poder tener embarcación en que volverse todos a la , como lo hicieron al tiempo que el general Domingo de Irala había ya vuelto de la jornada: y como en el capítulo pasado referí, todo el campo le había tornado a reconocer por superior, y pedídole perdón los culpados de la desobediencia pasada. El cual, habiendo llegado cuatro leguas de la , le salieron todos a recibir, reconociéndole por su General y Justicia mayor, sin que el capitán fuese parte para otra cosa. Y así determinó salirse luego del pueblo con todos sus amigos, no le osando aguardar ni resistir en aquel puesto; y entrándose por los pueblos de indios del Ibitiruzá, y tierras del , se hizo fuerte. No mucho después llegaron a la el capitán , Miguel de Rutia y Rui García, que venían del , de aquel despacho que hizo al presidente : los cuales volvían muy aderezados de vestidos, armas y otros pertrechos de sus personas, con socorros y ayudas que para ello se le mandó dar. Traían en su compañía de aquel reino al Capitán , un hidalgo honrado de la provincia de Guipúzcoa, que había sido soldado imperial en Italia, y de los antiguos de las ; con quien juntamente venían Joanes de Oñate, Francisco Conton, Pedro Toledo, Alonso Martín de Trujillo, y otros muchos, que por todos eran más de cuarenta soldados. Metieron de esta jornada en aquella provincia algunas cabras y ovejas, y habiendo tenido en el camino con los indios muchos reencuentros y escaramuzas, rompieron por muchos pueblos, y llegando a cierto paraje, una noche fueron cercados de más de treinta mil indios: y estando para acometer al real, y darle asalto, no lo osaron hacer, porque entendieron ser sentidos, por haber oído toda aquella noche los balidos de los cabrones con las cabras, creyendo eran los españoles que estaban puestos en arma, por cuya causa se retiraron. Recibida de toda esta compañía, fueron muy satisfechos de no haber estado en su mano poderles aguardar, como quedó dicho, por las causas referidas. Pero, pasados algunos días, personas mal intencionadas se conjuraron en dar de puñaladas a Domingo de Irala, siendo autores de este negocio el , Miguel de Rutia, y el sargento Juan Delgado, con otros que habían ido del : y siendo el negocio descubierto, fueron presos, y averiguada la verdad, se dio garrote a Miguel de Rutia y al : usando con los demás culpados de clemencia, fueron perdonados; no cesando sin embargo de esto, algunos intentos apasionados, que no dejaban de tener a la república muy turbada. En especial el capitán hacía instancia en pedir la muerte de don , por haberse casado en este tiempo con Doña Elvira Manrique, su hija; y siguiéndose la causa contra los agresores, salieron en busca de ellos como a perturbadores de la paz, y tumultuarios de la república. Fueron presos Juan Bravo y Rengifo, y luego ahorcados; y otros que fueron habidos, fueron puestos en estrecha prisión; especialmente , que por cierta ventura fue libre de ella, echándole fuera un negro esclavo de Ñuflo de Chaves o menos conocido como Nufrio de Chávez (Cáceres de la Extremadura leonesa, Corona de España, 1518 – aldea Mitimi de la laguna de los Xarayes, gobernación de Santa Cruz de la Sierra del Virreinato del Perú, 3 de octubre de 1568) era un explorador y conquistador español, conocido por sus exploraciones del actual territorio del Paraguay y la zona suroriental de la actual Bolivia y por haber fundado la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en 1561. Fue el continuador de la política colonizadora de Domingo Martínez de Irala.Su actividad permitió extender la colonización por esas regiones. Fue el primer hombre que atravesó el continente, partiendo del Atlántico al Pacífico, para lograr la conquista del centro de América meridional. Su temprana muerte no supuso la interrupción de la actividad conquistadora de todo el territorio que hoy conforma esa extensa comarca, porque su legado quedó en las gentes de la vieja ciudad, quienes extendieron su cultura por todo lo que hoy se conoce como el Oriente Boliviano.. Visto por algunos caballeros, que andaban en estos desasosiegos, el riesgo de sus vidas, y el poco fruto que hacían en andar retirados de la obediencia de quien estaba en nombre de Su Majestad, acordaron de reducirse a su servicio, y a la paz general de la república: y habiéndose tratado por mano de religiosos y sacerdotes, hallaron en el General muy entera voluntad; y venido al fin de este negocio, para más confirmación de ella se concertó que y , casasen con dos hijas del General; y lo mismo hicieron con otras el capitán y Gonzalo de Mendoza: con cuyos vínculos vinieron a tener aquellos tumultos el fin y concordia que convenía con verdadera paz y conformidad; en que fue Su Majestad muy servido con gran loa y crédito del celo y cristiandad de . Solo el capitán con algunos de sus amigos quedaron fuera de esta confederación, queriendo sustentar su opinión, porque le pareció no le convenía otra cosa, ni le era muy segura, por tener contra sí a , yerno de don , a quien él hizo degollar.