La Argentina Manuscrita

Capítulo XI

De la jornada que hizo , llamada, la Mala Entrada, etc.

Pacificados por los bandos y diferencias que había entre los españoles con las amistades y casamientos que tenemos referido, determinó hacer una jornada importante, en la cual pudiese descubrir algunas de las noticias de fama que tenia en la tierra; pues donde tanta nobleza y cantidad de soldados había, no era razón dejar de buscar el aprovechamiento y comodidad que les convenía. Y entrado el año de 1550 se publicó la jornada para que todos los que quisiesen ir a ella se alistasen; y así con este deseo se ofrecieron muchas personas de cuenta, capitanes y soldados, que por todos fueron 400 españoles, y más de 4000 indios amigos: con los cuales salió de la por mar y tierra en bergantines y bajeles, y otras embarcaciones donde llevaban sus mantenimientos y vituallas, y más de 600 caballos. Dejó el General por su lugarteniente en la ciudad de la al contador ; y partido que fue a la jornada, mandó luego recoger los que andaban descarriados y fuera de orden por la tierra; porque de las ocasiones pasadas habían quedado algunas reliquias de bandos y parcialidades del capitán ; a cuyo mandato acudieron todos los más a la obediencia de la real junta, quedándose solo con sus amigos , con lo cual todavía no cesaban los motivos y recelos de alguna turbación. Para cuyo remedio pareció a ser conveniente prenderle, y para poderlo hacer con más comodidad, despachó veinte soldados con un caudillo llamado Escaso, para que le buscase y trajese preso con los demás que con él andaban. Salidos al efecto, llegaron a un monte muy áspero donde estaba retirado, y entrados dentro de él, vieron en una espesura de grandes árboles una casa cubierta de palmas, las paredes de tapia francesa, y reconociendo con la obscuridad de la noche la gente que estaban dentro, vieron que había solo 4 ó 5 españoles, y uno de ellos el capitán que estaba enfermo de los ojos, y por el gran dolor de un accidente no podía dormir: y descubriéndole por un agujero el caudillo Escaso, le apuntó con una jara de ballesta, la cual disparada, le atravesó con ella el costado de que luego cayó muerto, y así le trajeron atravesado en un caballo a la . Y porque el capitán reprobó este hecho, y tomó por suya la causa con tanta turbación, fue preso y puesto a buen recaudo, de que Francisco de Vergara su hermano fue muy sentido; y dádose aviso de lo sucedido al General, que aun no estaba muchas leguas de la ciudad, fue necesario volver en persona a aquietar esta turbación, que estaba a pique de gran ruina. Donde llegado, despachó a a su real, en que había quedado con toda la gente; y entre los dos fueron de acuerdo, que le diesen lugar para irse al Brasil, y llevar en su compañía solo un soldado llamado Flores. Diole lugar a conseguir su intento, y partió a su jornada, atravesando por los pueblos de los indios : entró en la provincia de los Tupís que son antiguos enemigos de los y castellanos, y amigos de los portugueses: estos prendieron a y a su compañero, y atados con fuertes cordeles los tuvieron tres o cuatro días, y al cabo de ellos mataron a Flores y se lo comieron con gran fiesta: diciendo a , que otro día harían con él otro tanto. Del cual peligro fue Dios servido librarle; y soltándose de la prisión por medio y ayuda de una india que le guardaba, llegado a San Vicente se casó con una señora llamada doña Elvira, hija del capitán Becerra, de la armada de Sanabria, como adelante diremos. Vuelto el General a su real halló menos a que no dejó de sentirlo, y así le escribió luego una carta de mucha amistad, y le envió un socorro de ropa blanca y rescate para el camino, con una espada de su misma cinta; que todo ello recibió , excepto la espada, por la dañada intención que llevaba contra él. Hecho esto, continuó el General su jornada, y subiendo río arriba llegó al puerto de los donde saltó en tierra con toda su gente atrayendo al real servicio todos los pueblos de indios comarcanos: y caminando por los llanos entre el Sud-oeste y Occidente, descubrieron muchas naciones, que unas les salían de guerra, y otras de paz, y con diferentes sucesos fueron atravesando la tierra hasta los indiosBayás. Y pasando adelante bojeando la cordillera del , dieron en unos indios que llamanFrentones, y por otra parte se dicenNonogayes, gente muy belicosa; de los cuales informados de lo que había en la tierra, les dijeron estar metidos en los confines de la gobernación de Diego de Rojas, y a mano derecha las amplísimas provincias del reino del , de donde entendieron, que por aquella parte no había más que descubrir. Y así determinados a revolver para el Norte, dieron vuelta, y prosiguiendo su derrota, se les amotinaron más de mil quinientos indios amigos, de los que llevaban por haber tenido noticia, que no muy lejos de aquella distancia estaban poblados otros de su misma nación, que llamabanChiriguanos, y se fueron en busca de ellos, como lo habían hecho otra vez esta misma gente el año de 1548. Con esto, y las muchas aguas que sobrevinieron, les fue forzoso ir buscando donde hacer su invernada, con intento de entrar en la provincia del Dorado y descubrir los Moyones, que caen de la otra parte del río Guaypay, que, como dije atrás, es uno de los brazos del Marañón. Y revolviendo con esta determinación, fueron tantas las aguas, que anegaron toda la tierra: las unas de las vertientes de los ríos del ; y las otras de los mismos ríos de aquella tierra, por cuya causa perdieron todos los caballos, más de 1500 amigos, y todo el servicio que habían adquirido de aquellas naciones, padeciendo excesivos trabajos que españoles han pasado en las . De que resultó que muchos de ellos murieron de enfermedades que les sobrevinieron; con que les fue forzoso dar vuelta para los navíos, con tanta, dificultad que no fue de poca ventura haberlos podido tomar, según la grande inundación de aquella tierra, que causó tanta perdición; por lo cual la llamaron la Mala Entrada, etc.