La Argentina Manuscrita

Capítulo XIV

Cómo el General mandó poblar la en la provincia del Paraná, y de cómo algunos se retiraron en aquella tierra

No se puede negar lo mucho que esta debe a , desde el punto que en ella entró, haciendo oficio de capitán y soldado, y mucho más después que fue electo por general y cabeza de los conquistadores españoles, que en ella estaban, procurando el aumento y utilidad del real servicio, la comodidad y sustento de sus vasallos: de tal manera, que con verdad se puede decir, que se le debe a él la mayor parte de la conservación de aquella tierra y los buenos efectos de ella; como se ha visto en el discurso de esta historia. El cual, habiendo considerado como hasta entonces no se había podido sustentar población alguna en la entrada de la boca del , siendo tan necesario, para escala de los navíos que de España viniesen, tuvo acuerdo de hacer una fundación en el término del Brasil, a la parte del Este, sobre el ; pues era fuerza haber de cursar aquel camino, y tener comunicación y trato en aquella costa, para por aquella vía, avisar a Su Majestad del estado de aquella tierra. Juntamente convenía hacerlo, por excusar los grandes daños y asaltos que los portugueses hacían por aquella parte en los indios de esta provincia, llevándolos presos y cautivos, sin justificación alguna de guerra, a venderlos por esclavos, privándolos de su libertad y sujetándolos a perpetua servidumbre. Y así con esta resolución, dio facultad al capitán para que fuese a hacer la población: y juntado sesenta soldados en su compañía con todos los pertrechos necesarios, salió de la , año de 1554, y siguiendo su jornada con buen suceso, llegó al , y pasando a la otra parte, fue bien recibido de todos los indios de la comarca: y considerado el puesto más acomodado para el asiento de su fundación, tuvo por conveniente hacerla una legua poco más arriba de aquel gran salto, en un pueblo de indios llamado Canenduyú, que eran muy amigos de los españoles. Pareciole a ser por entonces aquel sitio el mejor y más acomodado para su pretensión, por ser en el propio pasaje del río y camino del Brasil, como por la mucha comarca de indios naturales, que entonces había; aunque después se siguieron muchos inconvenientes y daños de estar mal situada; donde se fundó el mismo año y llamó la , de donde era natural el capitán : y fecha su población, estuvo en ella algún tiempo hasta que le envió a llamar para otros negocios de más consideración; enviando allá persona que en su lugar tuviese en justicia aquella villa. Y habiendo llegado a ella, no le quisieron recibir, ni obedecer los poderes que llevaba; teniendo otros desacatos y libertades contra la autoridad y reputación del General: para cuyo castigo, y recoger los españoles que andaban derramados por la tierra, despachó al capitán , su yerno, con cincuenta soldados; y saliendo a su jornada por el año de 1556, llegó al ; donde en el puerto y pasaje de aquella traviesa hizo señas de grandes fuegos y humaredas, para que le trajesen algunas canoas y balsas en que pasar el río. Entendido por los españoles que estaban en la villa, de como el capitán estaba en el puerto, fueron todos los más de acuerdo que no le diesen pasaje; antes se procurase de estorbarle e impedir su entrada; porque de otra manera, llegado que fuese, les había de salir muy caro el no haber querido admitir los poderes del General, y por muchos de los que en la villa estaban de los parciales del capitán , y de los tumultuarios que andaban por los pueblos de los indios, se concordaron con mucha facilidad los unos y los otros; tomaron luego las armas, entraron en sus canoas y se fueron a tomar una isla que estaba en el mismo río, en la traviesa de aquel pasaje, sobre la canal del gran salto: y puestos allí en arma, le requirieron se volviese a la , y no imaginase hacer otra cosa, porque no le habían de permitir ellos en ninguna manera poner los pies en la otra parte del río, sin que primero arriesgasen sus vidas y honras; siendo más cierto tenerla él en este riesgo, que no ellos, pues estaban en sus casas. De todos estos, que tan declaradamente se amotinaron, era cabeza un inglés llamado , que aunque tenía solo una mano que era la izquierda, porque en una pendencia le habían cortado la derecha, era el más determinado y colérico soldado de cuantos allí había, como en este caso y en otros siempre lo mostró. De manera que, requerido el capitán por esta gente, y vista la insolencia de sus libertades y tiranías, determinó pasar una noche secretamente, y hacer para ello algunas balsas de madera y de tablones, y proveerse de pasaje para atravesar aquella parte. Y estando ya en el efecto, y a punto de hacerse a lo largo, salieron de la isla más de cien canoas muy grandes y fuertes, llenas de muchos indios; y acometieron a donde estaban las balsas en el puerto, con mucha gente ya embarcada, a la cual comenzaron a arcabucear con una rociada y otra; y respondiéndoles los de tierra, muy a su salvo, mataron a un soldado y algunos indios de la parte contraria; y diciendo muchas libertades, y dando sus pavonadas, y haciendo caracoles, se volvieron a la isla, la cual además de su fortaleza está puesta junto al canal de la caída principal de aquel salto, correspondiendo a otra isla, que dista de ella un tiro de arcabuz: la cual es tan larga que tiene más de catorce leguas; por cuya causa no pueden tener otro pasaje para aquella travesía, por el boquerón y distancia que hay entre las dos islas; que por la parte de abajo, que es la del está muy segura. Y continuando la defensa del pasaje, pasados ocho días, constreñidos de necesidad, el capitán dio vuelta con su compañía, a la , donde el General recibió de este desacato grande indignación, con ánimo y presupuesto de los castigar con rigor de justicia; teniendo en este tiempo a los indios naturales de aquella provincia en mucha paz y quietud, y tan obedecido y estimado, que cualquiera cosa, por grave que fuese, siéndoles mandado de parte del General, era luego cumplido. Y así edificó en esta ciudad, en muy breve tiempo, una iglesia, que es hoy la catedral de aquel obispado: es toda de muy buena madera, bien labrada; las paredes de gruesas tapias, cubierta de duras palmas. Levantó otros edificios y casas de concejo, que ennoblecieron aquella ciudad; de forma que estaba esta república tan aumentada, abastecida y acrecentada en su población, abundancia y comodidad, que desde entonces hasta hoy no se ha visto en tal estado. Porque, además de la fertilidad y buen temperamento del suelo y cielo, es grande la abundancia de caza, pesquería y volatería que hay en aquella tierra, donde la Divina Providencia dispuso tantas y tan nobles calidades, que no se hallaran todas juntas en una parte como las que vimos en ella. Y aunque al principio no fue con ánimo de fundar en ella ciudad, el mismo tiempo lo ha ido perpetuando con la nobleza y calidad de los que la habitan, y han poblado. Está fundada sobre el río Paraguay, a la parte del Este, en tierra alta y llana, asombrada de arboleda, y compuesta de buenos campos; cuya población tomaba antiguamente más de una legua de largo y más de una milla de ancho: el día de hoy ha venido a mucha diminución. Tiene a más de la catedral, una iglesia parroquial de españoles, con otras dos o tres: la una de naturales, que es del bienaventurado San Blas, y la otra de Santa Lucía, a la cual han sido concedidas por Su Señoría muchas y muy plenarias indulgencias. Hay tres conventos de religiosos, de San Francisco, de Nuestra Señora de las Mercedes, y de la Compañía de Jesús, y un hospital de españoles y naturales: la traza de esta ciudad no es ordenada por cuadras y solares de un tamaño, sino en calles anchas y angostas que cruzan las principales, como algunos lugares de Castilla. Es medianamente sana, aunque por los vapores del río suceder algunos años calenturas y accidentes de ojos por el calor grande del sol; aunque lo templa mucho la frescura de aquel río tan caudaloso. Es abundante de todo género de pescado, así grande como pequeño; y la tierra, como tengo dicho, de mucha caza de ciervos, corsos y gamos, y gran cantidad de jabalíes, que allí llaman puercos del monte. Hay muchas antas, que son unos animales del tamaño de las vacas, que no hacen daño alguno y de muy buena carne; tienen una trompa pequeña y cerviguillo muy alto, que es la mejor parte que de ella se come: mátanse de noche en ciertas aguadas donde ellas viven, y de día, en las lagunas y ríos. Ha así mismo muchos tigres, onzas y osos, y algunos leones pardos; pero no muy carniceros; y en los bosques mucha diversidad de frutas muy gustosas, dulces y agrias, con que se sustentan y regalan los naturales; y en los campos igualmente, y muy diversas. Es la tierra muy agradable a la vista, de mucha cantidad de aves, de lagunas y ríos; y de los montes y campos, en los que hay avestruces y perdices en mucha cantidad. Finalmente es abundantísima de todo lo necesario para la vivienda y sustento de los hombres; que por ser la primera fundación que se hizo en esta provincia, me pareció no ser ocioso tratar en este capítulo de las calidades de ella, por ser madre de todos los que en ella hemos nacido, y de donde han salido todos los pobladores de las demás ciudades de aquella provincia.