La Argentina Manuscrita

Libro III

En que se prosigue el discurso de esta conquista desde el año de 1555, que Su Majestad hizo merced de este gobierno a , hasta la prisión del General , y la fundación de la ciudad de


Capítulo I

Cómo se publicaron las provisiones de Su Majestad, y de las cosas que en virtud de ellas hizo el Gobernador

Aunque las cosas de esta provincia y los sucesos de ella han sido tan difusas, he procurado de mi parte reducirlas al compendio más breve que me ha sido posible; y no pudiendo más, me ha sido forzoso extenderme algún tanto, para enhilar esta historia, y sacar a luz lo que la memoria tenía puesto en olvido: en especial habiendo de computar los casos sucedidos en los años pasados, así en esta provincia como en las comarcanas, hasta que por su discurso pudiese entrar en el tiempo de las cosas presentes: para cuyo presupuesto es de saber, que luego que recibió el pliego de Su Majestad, y la merced que le hacía del gobierno y administración de aquella provincia, con otras facultades y privilegios, mandó juntar a los oficiales reales de Su Majestad y capitulares de aquella república, donde, con la solemnidad debida, fueron vistas, y leídas; y en su cumplimiento, fue recibido al uso, ejercicio y administración de aquellas provincias, en nombre de Su Majestad. Se vieron así mismo otras provisiones y cédulas en favor de los conquistadores, y para les encomendar y repartir los indios naturales de aquella tierra, y nombrar personas necesarias de consejo, y cabildo, y oficiales de la real hacienda: y finalmente para hacer todas las ordenanzas necesarias en pro y utilidad así de los españoles y encomenderos, como de los indios naturales y encomendados. Para cuyo buen efecto trató en su consejo el orden que se debía tener, en lo que convenía, empadronando los indios de aquella jurisdicción para haberlos de repartir y encomendar como estaba dispuesto: de donde salió determinado despachar cuatro personas, que fuesen a hacer copia y padrón de todos los indios con distinción de 103 partidos y comarcas, que a cada uno se le señalaron. Y vueltos con sus padrones, se hallaron 27000 indios de guerra, desde el territorio de la dicha ciudad de la , cincuenta leguas hacia el Norte, y otras tantas para el Este y Mediodía, hasta el ; porque los de abajo y Occidente y otros comarcanos por ser de naciones diferentes, muy bárbaras e indomables, no se podían empadronar, y repartir por entonces. Para cuya causa, y haber tantos conquistadores y gente principal a quien repartir, era poca cantidad de indios la que estaba empadronada, y como el Gobernador era tan generoso y magnánimo, deseoso de hacer bien a todos, determinó repartir aquellos que habla, lo mejor que pudiese; hasta tanto que con otras poblaciones que se hiciesen, se remediase. Y así hizo el repartimiento de estos indios en 400 encomenderos, no con poca compasión que de ellos tenía, por haberles costado tan grandes y excesivos trabajos y miserias, como él les había visto pasar en aquella tierra; y ver cuan tenue era aquella repartición para recompensar tantos méritos: y la incomodidad de los naturales, que por ser tan pocos habían de ser muy trabajados: porque hubo muchas encomiendas de a 30 y 40 indios. Hecha la repartición, hizo ciertas ordenanzas muy convenientes al bien de los indios y encomenderos de la provincia y su buen gobierno y estado, que hoy día se guardan, por estar aprobadas por Su Majestad. Hizo así mismo regidores, alcaldes ordinarios y de la hermandad, que fueron, y el capitán ; nombró por alguacil mayor de la provincia a , y por subteniente general al capitán ; con cuyas elecciones, y ordenanzas se hallaba la república, en esta sazón, con gran prosperidad: y con el regimiento y buen gobierno, ninguno excedía del límite que debía; procediendo cada cual a su oficio y arte y demás cosas necesarias, que en todo había particular cuidado. Tenían señalados dos maestros de niños, a cuyas escuelas acudían más de dos mil personas, donde eran enseñadas con muy buena doctrina, que era para alabar a Nuestro Señor: y esto en tanto grado, que el nuevo prelado dijo muchas veces en el púlpito, que estimaba y tenía en tanto aquel obispado, como el más calificado de Castilla. Y puestas las cosas de la república y exterior en tan buen estado, se dio a las que convenían a lo espiritual, con tanto fervor y caridad del pastor y de sus ovejas, que parecía estar todos conjuntos y aunados, en una voluntad y benevolencia. Y fecho lo que convenía, el Gobernador y toda la república estaban con la conformidad y gobierno conveniente; así acerca de los españoles y encomenderos, como de los naturales indios de la provincia, como en adelante diremos.