La Argentina Manuscrita

Capítulo V

Cómo en este tiempo murió el gobernador ; y lo que sucedió a

Luego que partió de la ciudad de la el capitán , en prosecución de su jornada, salió el Gobernador a ver lo que se hacía de madera y tablazón en un pueblo de indios, para acabar una hermosa capilla y sagrario, que hacia en la Iglesia Catedral: y estando allá adoleció de una calentura lenta que poco a poco le consumía, quitándole la gana de comer; con lo que le vino a quebrar en un flujo de vientre, que le dé fuerza venirse a la ciudad en una hamaca, que de otra manera no podía venir. Donde llegado, le arreció la enfermedad, y viéndose muy agravado, dispuso las cosas de su conciencia en la mejor forma que pudo; y recibiendo los sacramentos de Nuestra Santa Madre Iglesia, con gran dolor y arrepentimiento de sus pecados, murió dentro de siete días, teniendo en su cabecera, al Obispo y otros sacerdotes y religiosos, que le ayudaban: haciendo todo el pueblo tanto sentimiento, así grandes como pequeños, que parecía hundirse; porque, además de que los españoles lo aclamaban, los indios naturales no les eran inferiores, diciendo a voces: "ya se nos ha muerto nuestro amado padre, y quedamos todos huérfanos". Por manera que sus mismos émulos y contrarios le lloraban con mayor sentimiento de lo que se puede contar, por la falta grande que a todos hacía. Dejó en el gobierno de esta provincia a , su yerno; el cual, luego que el Gobernador murió, se recibió por tal en el cabildo y ayuntamiento, con mucho gusto y aplauso de todos, por ser un caballero muy honrado, afable, discreto y bienquisto de todos. Y así con mucho cuidado procuró de su parte dar todo favor a los efectos comenzados del Gobierno, y a los capitanes y pobladores; despachando sus cartas y recados de lo que convenía, y se debía hacer, ofreciéndoles todo el socorro y ayuda necesaria. Aunque el capitán no aceptó de buena voluntad estos ofrecimientos, con ánimo de exceder de la instrucción que le había sido dada por el Gobernador; lo cual entendido de los soldados de su campo, donde, como dije en el capítulo pasado, estaban determinados de volver a los , vino a término de grandes diferencias y motines; hasta que la mayor parte de la gente, que estaban ya de él divididos, te hicieron un requerimiento, que por ser el propósito de esta historia lo pongo en este lugar, que es el que sigue: "Los vecinos y moradores de la ciudad de la , y las otras personas que de ella salimos para la población de la provincia de los , en voz, y en nombre de los ausentes y heridos que aquí no parecen, por los cuales, a mayor abundamiento, prestamos voz y caución, por serio de yuso contenido, en servicio de Dios Nuestro Señor, y de Su Majestad y bien general de este campo, en la forma que más en derecho haya lugar, pedimos a vos, Bartolomé González, escribano público y del número de esta ciudad y provincias del , nos deis por fe y testimonio, en manera que haga fe, lo que en este nuestro escrito pedimos y requerimos al muy magnífico Señor Capitán que está presente; que como ya Su Merced sabe, y a todos es notorio, como por acuerdo y parecer del Reverendísimo Señor don , Obispo de estas provincias, y de los muy magníficos Señores Oficiales reales de Su Majestad que residen en la dicha ciudad de la , el ilustre Señor Gobernador , le dio comisión y facultad para que saliese a poblar las provincias de los , y por su merced aceptada, nos ofrecimos con nuestras personas, armas y hacienda a servir a Su Majestad en tan justa demanda, como más largamente se contiene en los testimonios y capitulaciones que se hicieron, a que nos referimos. En razón de lo cual, por servir a Dios Nuestro Señor y a la real Majestad, fuimos movidos de salir de la dicha ciudad de la con el dicho Señor Capitán en nuestros navíos y canoas, con armas, municiones y caballos e indios de nuestros repartimientos, con todas las demás cosas necesarias para el sustento de la dicha población. Y habiendo navegado por el río del Paraguay, después de muchos trabajos, muertes, pérdidas y desgracias, llegamos con Su Merced a los dichos , y , a los veinte y nueve días del mes de Julio del año próximo pasado de 1557, donde creímos se hiciera dicha población; y después de vista y considerada la tierra, y el tiempo estéril, y necesidades que se representaron por acuerdo y parecer que el dicho Señor Capitán tomó, fue dispuesto se buscase sitio y lugar conveniente, para el sustento y perpetuidad de esta población. Y así salió, con este intento, con toda la armada por fin del mes de agosto, dejando en el dicho puerto quince navíos, ocho anegados y siete varados, y con todas las canoas y demás pertrechos que se traían, y cantidad de ganado mayor y menor en confianza: y recomendado todo a los , por la satisfacción y antigua amistad que con ellos se ha tenido; y puestos en camino con diversos sucesos, llegamos al pueblo dePaysurí, indio principal, que nos recibió de amistad, y de allí al de Pobocoygí, hasta los pueblos de losSaramacosis, donde estuvimos hasta tanto que los mantenimientos de los maíces, frijoles, etc. se cogiesen. En aquel asiento tomó Su Merced relación de los indios , y de otros que habían sido sus prisioneros, de los particulares, y disposición de aquella tierra, y de la que comúnmente se llama la gran noticia; en cuyas fronteras se decía estaban poblados los dichos , donde todos entendimos se haría la población en términos de los indiosTravasicosis, que por otro nombre llamamosChiquitos; donde concurrían las calidades necesarias para hacer la dicha fundación. Por lo cual informado Su Merced del camino, vino con toda la gente en demanda de los pueblos , y de su cacique, que se decía Ibirapí, y el más principal Peritaguay; y llevando dichos indios por guías, llegamos a este territorio donde al presente estamos, reformando la gente española, indios amigos y caballos, de los trabajos y peligros pasados; y por ser los naturales de este partido gente la más indómita y feroz de cuantos hasta ahora hemos visto, no han querido jamás venir a ningún medio de paz; antes, a los mensajeros que para ello se les ha enviado, los han muerto, despedazado y comido, procurando por todos medios echarnos de su tierra: han inficionado las aguas, sembrando por todas partes púas y estacas emponzoñadas de yerba mortal, con que nuestra gente ha sido herida y muerta; y así mismo han hecho sus juntas y dado sobre nosotros con mano armada. A los cuales hemos resistido con el favor de Nuestro Señor, no sin notable pérdida y daño nuestro, y de los caballos e indios amigos: por manera que Su Merced el Señor Capitán, informado que más adelante había otra población de indios benévolos, que se llamanZaquaimbacú, y por salir de la perfidia de aquella gente, determinó de ir a ellos por caminos ocultos, dando de lado a los enemigos de esta comarca. Y tomando guías, partió con todo el campo, y caminando dos días por despoblado, creyendo todos que ibamos dando de mano, a los enemigos e inconvenientes de la guerra, vieron al raso un fuerte de madera con grandes torreones, atrincherados de tal manera que la palizada era doblada y muy fuerte, cercada de una gran fosa, llena de muchas lanzas y púas venenosas, sembradas al rededor, y un gran número de gente para defenderla. Donde alojándonos, les enviamos a requerir de parte de Su Majestad la concordia y amistad que no quisieron admitir: antes, por oprobio e injusticia nuestra, mataron a los mensajeros, y a saliendo fuera del fuerte incitaban a pelea y escaramuza, tirando mucha flechería. Por lo cual Su Merced, y demás capitanes fueron de parecer romper con ellos, y castigar su indómita fiereza, porque de otra manera fueran creciendo en soberbia y atrevimiento, y a cada paso nos salieran con avilantez a los caminos y pasos, de que resultaría el recibir mucho daño de ellos: y así se señaló día, para acometerles a pie y a caballo. Y puesto al efecto con gran riesgo de las vidas y resistencia de los enemigos, les entramos y ganamos su fortificación, rompiendo la palizada: fueron lanzados con muerte de gran número de ellos, y al traerlos a sujeción y dominio nuestro, fue tan a nuestra costa, que además de los que allí quedaron muertos, salieron heridos más de cuarenta españoles, ciento y tantos caballos, y setecientos indios amigos, de los cuales heridos por ser la yerba tan ponzoñosa y mortal, en doce días fallecieron diez y nueve españoles, trescientos indios y cuarenta caballos, sin los que adelante corrieran riesgo, si la divina mano no lo remediara. Por cuya causa, y por las que adelante podían suceder, si en esta cruelísima tierra nos detuviésemos más, y por ella caminásemos, siendo, como todos dicen, los más de esta comarca de peor condición, y estando nuestro campo en gran diminución. De lo que se presume que pasando adelante, nos desampararán los indios amigos que traemos en nuestra compañía, de lo que puede resultar la total ruina y perdición de todos los que aquí estamos. Por tanto, en la forma debida, unánimes y conformes requerimos al señor Capitán, una, dos y tres veces, y cuantas en tal caso se requieren, que con toda la brevedad posible se retire y salga de esta tierra con el mejor orden y seguridad que convenga; y vuelva por el camino que vino, y se vaya y asiente en tierra pacífica y segura, como es la que atrás hemos dejado: para que convalecida y reformada la gente de los trabajos pasados, se pueda consultar con deliberado consejo lo que más convenga al servicio de Dios y de Su Majestad. Y si con todo perseverase Su Merced en pasar adelante, como lo ha dado a entender, le protestamos todas las muertes y daños, y pérdidas y menoscabos que en tal caso se siguiesen y recrecieren, así de españoles como de indios amigos y naturales. Para lo cual ponemos nuestras personas y haciendas, feudos y encomiendas que de Su Majestad tenemos, de bajo de la protección de su real amparo, pidiendo y requiriendo a Su Merced el cumplimiento de la orden e instrucción que le fue dada y cometida para el efecto de la población y su sustento; para lo cual, todos de conformidad estamos dispuestos a observar y cumplir lo que en este caso debemos y estamos obligados. Todo lo cual que dicho es, pedimos a vos, el presente escribano, nos lo deis por fe y testimonio en pública forma y manera que haga fe, para le presentar ante Su Majestad, y en los demás tribunales donde viéremos que más nos convenga; y a los presentes rogamos nos sean testigos, y lo firmamos de nuestros nombres. -Rodrigo de Osuna -Lope Ramos -Melchor Díaz -Pedro Méndez -Diego de Zúñiga -Francisco Díaz -Diego Bravo de la Vega -Juan Hurtado de Mendoza -Andrés López -Martín Notario -Francisco Álvarez Gastan -Rodrigo de Grijalva -Francisco Rodríguez -Antón Conejero -Juan Riquel -Bernabé González -Juan de Pedraza -Pedro de Sayas Espeluza -Antonio de Sanabria -Vasco de Solís -Julián Ximénez -Antón del Castillo -Diego de Peralta -Juan Vizcaíno -Diego Bañuelos -Gabriel Logroño -Nicolás Verón -Juan de Quintana -Bartolomé Justiniano -Cristóbal de Alzate -Baltasar García -Alonso Hernández -Pedro Coronel -Diego de Tobalina -Juan Ruiz -Bernabé de Vera -Juan Barrado -Bernardo Genovés -Juan Campos -Alonso López de Trujillo -Francisco Sánchez -Pedro Campuzano -Alonso Portillo -Juan Calabrés -Francisco Bravo -Pedro Cabezas -Alonso Parejo -Pantaleón Martínez -Alonso Fernández -Blas Antonio -Juan López -Hernando del Villar -Antonio Roberto -Francisco Delgado -Diego Díaz Adorno -Juan Salgado -Gonzalo Casco -". El cual requerimiento, que hicieron al capitán , como en él se refiere, no fue parte para que en cosa alguna se le persuadiese a que hiciese lo que todos los más le pedían y requerían: antes con grande indignación respondió determinadamente, que en ninguna manera daría vuelta para el puerto, sino que continuaría el descubrimiento de aquella tierra pasando adelante, como pretendía. Con cuya determinada resolución se dividió luego la gente en dos partidas, la una y más principal debajo de la compañía de Gonzalo Casco, a quien nombraron por caudillo, y se le agregaron más de ciento cuarenta soldados: y quedaron con el General poco más de sesenta, que no le quisieron desamparar. De cuyo suceso, y de lo demás que en esta provincia sobrevino, se dirá adelante.