La Argentina Manuscrita

Capítulo XVII

Cómo bajó a Buenos Aires: de la vuelta de a la provincia de Guayra, y su prisión, etc.

Lo primero que el hizo en llegando a esta ciudad, fue mandar aparejar los bergantines y barcas que había en aquel puerto, y alistar 150 soldados para ir a reconocer la boca del Río de la Plata, por ver si venía alguna gente de España; en conformidad de la orden e instrucción que traía de , que venían de correr el río, con los cuales se arcabucearon; y pasando adelante fue por sus jornadas hasta ponerse en el fuerte de Gaboto, donde le salieron los indios a darle la paz con mucha amistad. Y bajando al río de las Palmas, salió al golfo de Buenos Aires; y reconocida aquella costa de una y otra parte, llegó a la isla de San Gabriel, donde dejó escritas unas cartas de aviso metidas en una botija al pie de una cruz, y dando vuelta de allí, el río arriba, volvió a la ciudad de la Asumpción con toda su gente, sin haber tenido ningún mal suceso. Y luego que llegó, persuadió con muchas razones al capitán , quisiese volver al gobierno de la provincia de Guayra en conformidad de lo que le fue ordenado por el gobernador pasaron adelante. Y caminando por sus jornadas con muchos reencuentros y escaramuzas que los indios les daban, llegaron a un pueblo de indios que llaman Maracayú, cinco jornadas de Ciudad Real, de donde despachó sus mensajeros españoles al , dándole aviso de su venida, y ofreciéndole todo el favor, amistad y fidelidad del mundo. El cual, en recibiendo la carta de los mensajeros, en lugar de despacharle el avío conveniente, y agradecer como honrado caballero la oferta y amistad que lo prometía, mandó luego convocar sus amigos, y tratar con ellos de como no tenía intento de recibir al que venía, ni obedecer los poderes que traía. Y así mañosamente, unos de temor, y otros de ruego, se juntaron en su casa, donde por sus votos y firmas, le eligieron por su Capitán General y Justicia mayor, en nombre de su hermano ; y electo, salió de la ciudad con 100 arcabuceros, y se puso con ellos en la travesía y paso del río, en una isla que dista de tierra un cuarto de legua sobre la canal de aquel peligroso salto, y allá sentó su campo, y puso la gente en orden de guerra; mandando que ninguno pasase a la otra parte donde estaba , so pena de la vida. Y luego aquella noche despachó algunos de sus amigos, para que le fuesen a sonsacar toda la gente que traía; que como los más eran vecinos y casados en la Ciudad Real con facilidad serían persuadidos; como lo fueron, desamparando a su capitán, que solo le quedaron cuatro soldados. Y aunque con esta imposibilidad, le envió a suplicar al capitán , que pues no permitía su entrada, le despachase donde él estaba a su mujer e hijos que allá tenía, que con ellos, y los pocos soldados, que le habían quedado se volvería a la Asumpción. A esto respondió que no era tan inhumano, que diese lugar a que los indios del camino matasen a los que no tenían culpa, como él la tenía en haberle venido a dar pesadumbre: pero que como le entregase los poderes que traía, le daba su fe y palabra, de no hacerle ningún agravio en su persona, con cuya seguridad podía pasar a su casa, no tratando de administración de justicia y gobierno, sitio vivir quieta y pacíficamente. Visto por lo que le prometía, y la dificultad de no poder hacer otra cosa, condescendió con su voluntad; y debajo de la fe y palabra, que se le había dado, pasó a la isla en una canoa que para el efecto le despacharon, donde luego que llegó le quitaron las armas, y pusieron en prisión con dos pares de grillos, por árdea de : y con muestras de gran pasión le mandó embarcar en una canoa y con toda su gente se partió para la ciudad, donde entró en escuadrón con pífano y tambor, llevando delante de sí a su preso en una hamaca, al cual puso dentro de su casa en una mazmorra, que ya tenía prevenida, y fortificada de fuertes maderas; en la cual le tuvo con muchas guardias, con notable riesgo de la vida, padeciendo mil vejaciones y molestias. Y al cabo de un año le desterró a una casa fuerte, que tenía cuarenta leguas de allí, la que mandó hacer para el efecto, entregándole en poder de un alcaide, llamado ; donde le tuvo otro año, hasta que fue Nuestro Señor servido librarle de esta prisión, con lo que adelante sucedió.