Revista SITIO · N.º 4-5 (1985)

Alma Valley y el jovial corruptor del pueblo

Salían por la noche remontando la fatiga
eran parte de otra historia
el pueblo bajo la luna era un desafío que se obstina
artefacto sororal en desfondado edredón
casas que adoptaban un tono menguante y consexual a dicha hora
tácitas-las hojas circunnavegaban el ozono
aún desalojada la deidad estilizaba el litoral
decían que las hojas del cementerio estaban quietas
las otras eran volantes entre remolinos de polvo
oía a voces una voz, casi lo empujaban
como si eso pudiera asegurar que volvía
crecían y presionaban las confidencias a esa hora
anterior al sueño én pueblo vulturno
cabían las voces en parihuela, sibilino murmullo en altibajo
trist y tip tip, goterón en yacija fría y nocturna
un bandazo oscuro rima la distancia entre olas y alas
volvían de correr olas lejos
aunque supiesen que no había mar
en la nocturna y cenicienta flámula
él difería ese instante anterior al sueño.
que será del arte, la industria, o el museo
Y retornaba solo a correr olas lejas
le crecían otras orejas y el monte se redimía en mar
con el cuidado de los genios del lugar
en la nocturna y cenicienta flámula
Foolish Cain le fou disfrazado de Pierrot
gustaba del concierto del sapo ululante, trist y tip tip
preludio del canto de los constructores:
“Alma Valley, noche a noche te ofrendamos un Abel...“
nada como cierto tipo de muerto corrobora la estilización de los muros
Cantó Cain la canción comunitaria, choque sórdido del nirvana telúrico
en tanto él se atrevía como prematuro corruptor del pueblo
la algarabía púber ignoraba que eran unos pocos que hacían de muchos
Señoras y Señores, todo convencido Rimbaud, con o sin gabán
raya medianera trazada a l´ anglaise
piensa que los hombres prefieren morir por un librarius borrachín
antes de soportar la saludable peste del veneno literario
Si hubo y habrá Cain a qué explicar Abel, Rimbaud, cualquier otro jovial
mensajero, ángelus que traspasa el muro
para que tú digas gracias por la peste
nunca pensó cuánto tendría que contarle al hombre sencillo porqué
nunca había de ser demasiado poco complicado
Alguien supo de noches rábidas
Faltaba un alma para que Alma Valley estuviera en paradiso
el no me dejes habita hasta en la voz de una maga
la que vino del mar a un pueblo vedado al mar
“en cada historia hay una dama, no te dejes abrumar por el soldado
el profeta, el animador, el asesino“
decía la maga pensando que pensarían que maga no es dama
podía ser Alma Valley que entraba in paradiso a fuerza de historias
guijarros recontaban
quien difería el momento del arribo
había que dormir un pueblo vulturno
lo fueron vislumbrando como el necesario complemento, aleluya
introito de la transhumante mujer
del circo sedentario (almas sencillas que sueñan que los protagonistas se corresponden)
Cirque magisque se volvió profana, regenteada por Caín y cía
salmos rituales y piedad profesional
“En el mito antiguo que la diosa transforma a los héroes en cerdos
ahora se empeña en crear espectadores”.
los técnicos argumentaban cinéticas hipótesis:
las hojas del cementerio estaban quietas, las otras eran volantes
de ahí la creencia de que hubiera olas lejas
desmentidas por las nuevas leyes de probabilidad
nada no obstante era probable en Alma a excepción de paradiso
“dormid, dormid” apacentaba la mujer del circo
niños por la noche, maduros, más maduros para el alba
el sol prodigaba ingenuidad: nalgas casi rosadas...
Caín y cía comenzaba a pregonar que ella era Alma en persona
Alma de Alma, forma de formas, firmaba Caín
era cosa de dar un ama para Alma después de hacer pasar
naga por dama y dama por ama.
Alma de Alma, forma de forma.
Ahora un primerizo desplora escuchar “no hay olas”, las hojas están quietas
Ya dice que en pueblo vulturno nunca hubo mar
espondeo, polainas blancas, yámbicos fueron los gestos
“Todo sea para atenuar los redobles de la banda municipal”
recomienza ella, esta vez como alma no oficial del valle
en la mente sencilla la ausencia es díptico de prestigio
esa aspiración a la monotonía, el Bien del Alma, le parece casi servil
a un viejo relo.
el que escandió el precioso instante de quien difería el arribo
“Toda analogía con el movimiento es circo”, ha dicho
hay las rimas cistersenses que ahora saben que no hay olas
Agnición, excéntrica anagnórisis
empeñadas libera bilis y líber cura
una vez que la ley de probabilidades se muestre más apta
con la espina dorsal que para el alma que ya tiene Valley
en indagar si es a causa del polvo que hay hojas que no vuelan.
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