Revista SITIO · N.º 1 (1981)

Salvar la ropa

La pobre, pobre cortada,
para las pisadas que queman.
La pata suelta de langosta
y la media guacha,
cada cual con su trayectoria,
mientras la artillería orgánica
dispara contra la basura
que se lleva el viento.
Pata de mosca pelada,
nostalgia de la piel venenosa
y de la roña que se filtra por la ropa
y a la inversa.
Nadie se salva del tiempo, guay!
crac, crac, crac,
de la botella rota,
corazón dinamitado.
Filo
rimimusa
y la última cagada encima
mientras sale una canción entre los dientes cariados.
La boca sedienta se llena de arena
y los ojos de la víbora relucen
entre los pajonales
y un mango de cuchillo
a la puña,
cuarteado,
y siguen las contravenciones mugrientas
sentadas en papeles limpios
y el río se come las costas
hasta que la inundación entra en las cajas de fósforos,
los raspados se salvan
por los agujeros de las ollas viejas
que los tungos patean al voleo,
en la resolana
o bajo los antifaces de la sombra.
Y ya no es cosa de llenar lo que no cabe
en medio del galope pringoso
de patas de hormiga
y patas de anteojos.
Ya la rata consume oscuridad
para dar dos pasos tambaleantes
y sumergirse transparente de barro
con un asomo de muerte sin sangre,
con troncos pelados como zancos.
Y un bocado de sorete
recorre el estómago,
bote a la deriva.
Imposible echarse atrás,
entre la punta en blanco acerado
y las mil chíspas abortadas por la inundación.
Imposible la rebelión de las uñas
y de los dientes
y de los fósforos encendidos en la planta de los pies.
Y las sombras alacranas,
putas,
cancerosas,
sobre la mierda de la carne sarnosa
y la comida que flota en la inundación.
El zorzal, magistral,
se apaga sobre el espinillo,
y a la víbora inquilina
se le han mojado los dientes.
La evaporación es el gato cansino
que persigue sin ganas
al líquido ratón.
El tigre uturunco
ha perdido las ganas de descolgarse
y el viento en los sauces le hace cosquillas
cosquillas de arena,
que se descuelgan por el trombón-esófago,
y vuelve la roña, la sarna, la cama flotante
y las imágenes penetran como balas
en los ojos atentos del ñacurutú.
La resolana explica todo lo que pudo ser
sobre el agua verdosa
y las cenizas reinan gloriosas
sobre el barro,
y la mugre sobre la sarna.
Una escupida flor es la respuesta
del zorzal que se ha tragado el canto
con el agua.
Desfondado por la patada en el aire
el borceguí va en busca de la media guacha
que se arrastra como lampalagua
y las escamas se deshojan
sobre el conejo colorado.
El sonido del timbre pasa de largo
como el canto de la lepra
y el ahogado verdoso
ya no sufre del corazón.
El jabalí detiene su marcha
con toda la noche encima.
Las salidas son las de siempre:
ropa roñosa colgada en el alambre de púa
y grandes alas de murciélago
sobre la inundación nocturna.
Pero la podredumbre no se rompe.
Los agujeros naturales se le pegan a uno
como la canasta de huevos testiculares
y las troncales ganas de lanzar excrementos rubios
como rayos de resolana
Un círculo para el tapir hipnotizado
y una pezuña de cabra cubierta de moscas chuecas
con dos metros de telas robadas
a los turcos sisesteros.
Pata de mosca rascadora,
entretelada sobre viejas latas al sol
sedientas de sangre roñosa.
Las viejas se amontonan y las jovencitas se preparan
para la bailada.
La música de los caranchos y gavilanes
hará el resto. . .
Los pingos sarnosos se vienen
con paisanos borrachos.
Algún toro viejo se hace el jabalí.
Un arreglo de caballeros:
la daga está que se sale 'e la vaina.
Por buena ha de ser
¿Flor de utilidad!
Las rápidas fauces de la botella rota
arrimándose al cogote mugriento
como la hormiga rubia a la rosa blanca.
¡Tal para cual!
Despeñadero del vino
sobre el párpado cubierto de moscas.
mosca pelada, sin el rubor del vino morado.
Aguante el paladar,
y afloje la tripa.
No me largue el vaso así nomás. . .
Préndase con las uñas, carajo,
de ande pueda arrímase al costao,
que sorba la trompa
y suene como tal,
y alce el ventarrón que suba el esqueleto
sobre las entrañas moradas.
Al degollado en el suelo
ya comienzan a crecerle
las telarañas
y a la cabeza suelta
le crece la barba como siempre.
Después, la enorme boca del espacio
escupirá con certeza.
Volver al índice del número

Mantenido por hdlabconicet

  • 2026 Revista SITIO. https://hdlab.space/revista-sitio-digital/
  • Biblioteca digital. ISSN 3072-7715
  • CC BY 4.0
  • Marcelo T. de Alvear 1694 – Buenos Aires (CABA) – Argentina
  • secrit@conicet.gov.ar / hdlabconicet@gmail.com
  • Teléfono +54-11-4129-1158
We use TEI