MOLLY
clean the keys of the piano with milk what I wear shall I wear a white rose or those fairy cakes in Liptons I love the smell of a rich big shop ar 7 1/2d, a lb or the other ones with the cherries in them and the pinky sugar 11ad a couple of Ibs of course a nice plant for the middle of the table Id get that cheaper in wait wheres this I saw them not long ago I love flowers Id love to have the whole place swimming in roses God ol heaven theres nothing like nature the wild mountains then the sea and the waves rushing then the beautiful country with fields of oats and wheat and all kinds of things and all the fine cattle going about that would do your heart good to see rivers and lakes and flowers all sorts of shapes and smells and colours springing up even out of the ditches primroses and violets nature it is as for them saying theres no God I wouldnt give a snap of my two fingers for all their learning why dont they go and create something I often asked him atheists or whatever they call themselves go and wash the cobbles off themselves first then they go howling for the priest and they dying and why why because theyre afraid of hell on account of their bad conscience ah yes I know them well who was the first person in the universe before there was anybody that made it all who ah that they dont know neither do I so there you are they might as well try to stop the sun from rising tomorrow the sun shines for you he said the day we were lying among the rhododendrons on Howth head in the grey tweed suit and his straw hat the day I got him to propose to me yes first I gave him the bit of seedcake out of my mouth and it was leapyear like now yes 16 years ago my God after that long kiss I near lost my breath yes he said I was a flower of the mountain yes so we are flowers all a womans body yes that was one true thing he said in his life and the sun shines for you today yes that was why I liked him because I saw he understood or felt what a woman is and I knew I could always get round him and I gave him all the pleasure I could leading him on till he asked me to say yes and I wouldnt answer first only looked out over the sea and the sky I was thinking of so many things he didnt know of Mulvey and Mr Stanhope and Hester and father and old captain Groves and the sailors playing all birds fly and I say stoop and washing up dishes they called it on the pier and the sentry in front of the governors house with the thing round his white helmet poor devil half roasted and the Spanish girls laughing in their shawls and their tall combs and the auctions in the morning the Greeks and the jews and the Arabs and the devil knows who else from all the ends of Europe and Duke street and the fowl market all clucking outside Larby Sharons and the poor donkeys slipping half asleep and the vague fellows in the cloaks asleep in the shade on the steps and the big wheels of the carts of the bulls and the old castle thousands of years old yes and those handsome Moors all in white and turbans like kings asking you to sit down in their little bit of a shop and Ronda with the old windows of the posadas glancing eyes a lattice hid for her lover to kiss the iron and the wineshops half open at night and the castanets and the night we missed the boat at Algeciras the watchman going about serene with his lamp and O that awful deepdown torrent O and the sea the sea crimson sometimes like fire and the glorious sunsets and the figtrees in the Alameda gardens yes and all the queer little streets and pink and blue and yellow houses and the rosegardens and the jessamine and geraniums and cactuses and Gibraltar as a girl where I was a Flower of the mountain yes when I put the rose in my hair like the Andalusian girls used or shall I wear a red yes and how he kissed me under the Moorish wall and I thought well as well him as another and then l asked him with my eyes to ask again yes and then he asked me would I yes to say yes my mountain flower and first I put my arms around him yes and drew him down to me so he could feel my breasts all perfume yes and his heart was going like mad and yes I said yes I will Yes.
...usaré una rosa blanca o esas masas divinas de lo de Lipton me gusta el olor de una tienda rica salen a siete y medio la libra o esas otras que traen cerezas adentro y con azucar rosadita que salen a once el par de libras claro una linda planta para poner en medio de la mesa yo puedo conseguirla barata dónde fue que las vi hace poco soy loca por las flores yo tendría nadando en rosas toda la casa Dios del Cielo no hay como la naturaleza las montañas después el mar y las olas que se vienen encima después el campo lindísimo con maizales trigales y toda clase de cosas y el ganado pastando te alegraría el corazón ver ríos bañados y flores con cuanta forma Dios creó y olores y colores saltando hasta de los charcos y los que dicen que no hay Dios me importa un pito lo que saben por qué no van y crean algo yo siempre le decía libre-pensadores o como quieran llamarse que se quiten las telarañas después piden berreando un cura al morirse y a qué santos es porque temen el infierno por su mala conciencia sí ya los conozco bien cuál fue la primer persona en el universo antes que hubiera alguien que lo hizo todo ah eso no lo saben ni yo tampoco están embromados eso es como atajarlo al sol de salir Para vos brilla el sol me dijo el día que estábamos tirados en el pasto de traje gris y de sombrero de paja cuando yo lo hice declarárseme sí primero le di a comer de mi boca el trocito de torta con almendras y era año bisiesto como éste sí ya pasaron 16 años Dios mío después de ese largo beso casi pierdo el aliento si me dijo que yo era una flor serrana sí somos flores todo el cuerpo de una mujer sí por una vez estuvo en lo cierto y para vos hoy brilla el sol sí por eso me gustó pues vi que él comprendía lo que es una mujer y yo sabía que lograría engatusarlo siempre y le di todo el gusto que pude llevándolo despacito hasta que me pidió que le contestara que sí y yo no quise contestarle en seguida sólo mirando el mar y el cielo pensando en tantas cosas que él no sabía de fulano y zutano y de papá y de Ester y del capitán y de los marineros en el muelle a los brincos y el centinela frente a la casa del gobernador con la cosa en el salacot pobre hombre medio achicharrado y las chicas españolas riéndose con sus mantones y peinas y los remates de mañana los griegos y los judíos y los árabes y hombres de todos los rincones de Europa y el mercado eloqueando y los pobres burritos cayéndose de sueño y los tipos cualquiera dormidos en la sombra de los portales y las ruedas grandotas de las carretas de bueyes y el castillo de miles de años sí y esos moros buenos mozos todos de blanco y con turbantes como reyes haciéndola sentar a uno en su tendencia y Ronda con las ventanas de las posadas ojos que atisban y una reja escondida para que bese los barrotes su novio y los bodegones a medio abrir toda la noche y las castañuelas y aquella noche en Algeciras cuando perdimos el vapor las castañuelas y el sereno pasando quietamente con su farol y Oh ese torrente atroz y de golpe Oh y el mar carmesí a veces como fuego y los ocasos brillantes y las higueras en la Alameda sí y las callecitas rarísimas y las casas rosadas y amarillas y azules, y los rosales y jazmines y geranios y tunas y Gibraltar de jovencita cuando yo era una Flor de la Montaña sí cuando me até la rosa en el pelo como las chicas andaluzas o me pondré una colorada sí y como me besó junto al paredón morisco y pensé lo mismo me da él que otro cualquiera y entonces le pedí con los ojos que me pidiera otra vez y entonces me pidió si quería sí para decirle sí mi flor serrana y primero lo abracé sí y encima mío lo agaché para que sintiera mis pechos toda fragancia sí y su corazón como enloquecido y sí yo dije sí quiero Sí.
...llevaré una rosa blanca o esas tartas fabulosas de Lipton me encanta el olor de una gran tienda suntuosa a siete peniques y medio la libra o esas otras con cerezas y azúcar rosada a once peniques el par claro una linda planta para el centro de la mesa las consigo más baratas espera dónde fue que las vi hace poco me encantan las flores me gustaría tener la casa nadando en rosas Dios del cielo no hay nada como la naturaleza las montañas salvajes y el mar y las olas que embisten y la preciosa campiña con sembrados de avena y trigo y toda clase de cosas y el ganado fino aquí y allá a una le alegra el corazón ver ríos y lagos y flores de mil formas y aromas y colores que brotan hasta en los charcos primaveras y violetas así es la naturaleza en cuanto a los que dicen que no hay Dios no doy ni esto por toda su ciencia por qué no se ponen a crear algo muchas veces se lo he dicho esos ateos o como se llamen que primero se quiten las anteojeras después empiezan a chillar pidiendo un cura cuando les llega el momento de morir y por qué por qué es porque tienen miedo del infierno por su mala conciencia ah sí los conozco muy bien quién fue la primera persona en el universo antes de que hubiera nadie que lo hiciera todo quién ah eso no lo saben ni yo tampoco y así son las cosas es como si quisieran parar el sol y no dejarlo salir mañana el sol brilla para ti me dijo el día en que estábamos echados entre los rododendros en la cima de Howth con su traje gris y su sombrero de paja el día que conseguí que se me declarara sí primero le ofrecí de mi boca el pedacito de pastel de anís y era año bisiesto como ahora sí hace dieciséis años Dios mío después de ese largo beso casi me quedé sin aliento sí dijo yo era una flor de montaña sí todas somos flores todo el cuerpo de una mujer sí por una vez dijo algo que era cierto y el sol brilla hoy para ti por eso me gustó porque vi que era capaz de entender y sentir lo que es una mujer y supe que siempre podría manejarlo a mi antojo y le di todo el placer que pude fui animándolo hasta que me pidió que le diera el sí y al principio no quise contestarle y me quedé mirando el mar a lo lejos y el cielo pensando en tantas cosas que él no sabía de Mulvey y del señor Stanhope y de Hester y de papá y el viejo capitán Groves y los marineros jugando a los pájaros voladores yo lo llamo rango en el muelle le dicen lavar platos y el centinela frente a la casa del gobernador con esa cosa alrededor del casco blanco pobre diablo medio achicharrado y las muchachas españolas con sus mantones y sus peinetones y los remates de la mañana los griegos y los judíos y los árabes y no sé quién cuernos más de todos los rincones de Europa y la calle Duke y el mercado de aves todas cloqueando frente a Larby Sharons y los pobres burros cayéndose de sueño y los vagos durmiendo encapotados en los umbrales y las grandes ruedas de las carretas de bueyes y el viejo castillo de miles de años y esos moros espléndidos todos de blanco con turbantes como reyes pidiéndole a una que se siente en sus tenduchas y Ronda con las viejas ventanas de las posadas ojos que atisban una celosía escondida para que el enamorado bese el enrejado y las tabernas a medio abrir de noche y las castañuelas y la noche aquella cuando perdimos el barco de Algeciras el sereno yendo y viniendo muy tranquilo con su farol y oh ese tremendo torrente en lo profundo oh y el mar carmesí a veces como el fuego y los crepúsculos gloriosos y las higueras en los jardines de la Alameda sí y esas callecitas extrañas y casas rosadas y amarillas y azules y las rosaledas y jazmines y geranios y cactos y Gibraltar de jovencita cuando yo era una Flor de la montaña sí cuando me ponía una rosa en el pelo como las muchachas andaluzas o me pondré una colorada y cómo me besó al pie del muro morisco y pensé lo mismo de él que otro cualquiera y entonces le pedí con los ojos que volviera a pedírmelo sí y entonces me preguntó si quería para que le dijera que sí mi flor de la montaña y primero le eché los brazos al cuello y lo atraje hacia mí para que pudiera sentir mis pechos todos fragancia sí y su corazón galopaba como enloquecido y dije sí quiero Sí.
I
2 LLEVARE UNA ROSA BLANCA
3 o esas tortitas de hadas en Lipton
4 me gusta el olor de las grandes tiendas ricas
5 a 7 1/2 peniques la libra
6 o las otras con las cerezas adentro y el azúcar rosado 11 peniques el par de libras
7 por supuesto una linda planta para el medio de la mesa
8 las conseguiré más barato en
9 a ver
10 donde es que las vi no hace mucho
11 me encantan las flores
12 me gustaría tener toda la casa nadando en rosas
13 Dios del cielo no hay nada como la naturaleza
14 las montañas salvajes
15 después el mar y las olas atropellando
16 después la hermosa campiña con los sembrados de avena y de trigo y cosas de todas clases
17 y el ganado tan lindo andando por ahí
18 te alegraría el corazón
19 ver ríos y lagos
20 y flores de todas clases de formas y olores y colores brotando hasta de las zanjas
21 primaveras y violetas
22 naturaleza
23 como para que digan que no existe Dios
24 yo no daría un pito por toda su educación
25 por qué no van y crean alguna cosa
26 yo se lo pregunté muchas veces a él
27 los ateos o como se les ocurra llamarse
28 que vayan primero a lavarse la mugre
29 y después salen aullando por el cura y es que se están muriendo
30 y por qué por que
31 porque tienen miedo al infierno por causa de su mala conciencia
32 ah sí yo los conozco
33 bueno quién fue la primera persona en el universo antes de que existiera alguien que lo hiciera todo
34 quién
35 ah ellos no lo saben
36 ni yo tampoco y así estamos
37 sería igual como si trataran de parar el sol para que no salga mañana
II
39 dijo el día que estábamos echados entre los rododendros en la Punta de Howth
40 con el traje gris de tweed y su sombrero de paja
41 el día que le hice declarárseme
42 sí
43 primero le di con mi boca el pedacito de torta de especias
44 y era año bisiesto como ahora
45 sí
46 hace 16 años Dios mío
47 después de ese largo beso casi me quedé sin respiración
III
49 él dijo que yo era una flor de la montaña
50 sí
51 así somos flores todo el cuerpo de la mujer
52 sí
53 eso fue lo único cierto que dijo en su vida
54 y el sol hoy brilla para ti
55 sí
56 por eso fue que me gustó
57 porque vi que comprendía o sentía qué es una mujer
58 y supe que siempre podría hacer de él lo que quisiera
59 y le di todo el placer que pude llevándolo hasta que me pidió que dijera sí
60 y primero no le quería responde
61 no hacía más que escudriñar el mar y el cielo
62 yo estaba pensando en tantas cosas que él no sabía
63 en Mulvey y Mr. Stanhope y Esther y mi padre y el viejo capitán Groves
64 y los marineros que jugaban al rango y a la morra y a laven los platos como lo llamaban en el muelle
65 y el centinela frente a la casa del gobernador con esa cosa alrededor de su casco blanco pobre diablo medio asado
66 y las chicas españolas riéndose con sus chales y sus peinetas altas
67 y los remates a la mañana
68 los griegos y los judíos y los árabes y el diablo sabe qué otros más de todas las puntas de Europa
69 y Duke Street
70 y el mercado de aves todo cloqueando afuera de lo de Larby Sharon
71 y los pobres borricos que trastabillaban medio dormidos
72 y los tipos vagos con las capas dormidos en la sombra sobre los escalones
73 y las grandes ruedas de las carretas de los toros
74 y el viejo castillo mil años viejo
75 sí
76 y esos moros tan guapos todos de blanco y de turbante como reyes pidiéndote que te sientes en su pedacito de tienda
77 y Ronda
78 con las viejas ventanas de las posadas
79 ojos relucientes que un enrejado oculta
80 para que su enamorado bese el hierro
81 y las vinerías medio abiertas por la noche
82 y las castañetas
83 y la noche que perdimos el barco en Algeciras
84 y el guardia que andaba sereno por ahí con su farol
85 y Oh ese terrible torrente allá en lo profundo
86 Oh y el mar
87 el mar carmesí a veces como fuego
88 y las gloriosas puestas de sol
89 y las higueras en los jardines de la Alameda
91 y todas las extrañas callecitas
92 y casas rosadas y azules y amarillas
93 y los rosedales y el jazmín y geranios y cactos
94 y Gibraltar cuando niña donde yo era una Flor de la montaña
95 sí
96 cuando me puse la rosa en el cuello
97 como hacían las chicas andaluzas
98 O ME PONDRE UNA ROJA
IV
100 y yo pensé
101 lo mismo da él que cualquier otro
102 y luego le pedí con los ojos que me lo pidiera otra vez
103 sí
104 y luego me pidió si yo quería
105 sí
106 decirle que sí
107 mi flor de la montaña
108 y primero le puse los brazos alrededor de él
109 sí
110 y lo atraje hacia mí, haciéndolo agacharse para que pudiera sentir mis senos todos perfume
111 y su corazón marchaba como loco
112 y Si
113 yo dije
114 sí quiero
115
DEBATE
Enrique Pezzoni y Ramón Alcalde trasladan al castellano la última hoja del Ulises, sin tomar como referencia la versión escrita por Borges en 1924 y publicada en Proa de ese año. La lectura de los tres textos se realizó el 5 de junio de 1981 en la Escuela Freudiana de la Argentina, y dio lugar al debate que transcribimos.
Luis Gusmán: Quería saber si podían hacer algún comentario sobre las distintas versiones, ya que una es en prosa, y otra está dispuesta poco menos que poéticamente. Y también, si la estructura del monólogo implica una marca singular de traducción.
Enrique Pezzoni: En principio, yo discutiría esa diferencia entre prosa y verso. Pero antes, quisiera decir que cuando tomé como punto de referencia la traducción de Borges, hecha casi contemporáneamente al texto de Joyce, pensé que allí se señalaba un hecho fundamental, que es nuestra actitud frente al texto de Joyce.
La distancia hermenéutica entre el texto de Joyce y Borges es radicalmente distinta a la distancia que media entre el texto de Joyce y nosotros. Es decir, supongo que para Borges, que no tiene en su momento todo el saber acumulado en torno a la tentativa de Joyce, el texto tenía una carga mimética mayor que para nosotros. Me parece que el texto de Joyce funcionaba como última forma del realismo en la literatura. En el sentido que, si tomamos las formas tradicionales de narración (en primera, segunda o tercera persona) y las reformulamos como modernamente se hace, centrándolas no en el sujeto de la enunciación sino en el sujeto del enunciado, la empresa de Joyce funcionaría, me parece, en ese momento, con todo el sentido de conseguir miméticamente esa cosa paradojal: transmitir con palabras el pensamiento preverbal.
Es ésta una actitud paradójica: acudir a la codificación del lenguaje para transmitir una experiencia previa a la codificación del lenguaje. Me parece que eso es evidente en Borges, pues toda la elección de su vocabulario tiende a mimetizar en un nivel de lengua coloquial -es decir, realista- el lenguaje de Molly. Lo cual lo lleva a hacer una serie de elecciones, algunas de las cuales me parecen sumamente discutibles, desde el punto de vista de mi actitud frente a la traducción. Por ejemplo, el “vos”, el escandaloso “vos” que aparece allí, que obedece a ese ideal de mimetismo, pero que desde mis pautas de traductor creo que comete el error de desplazar la acción y la atmósfera del enunciado joyceano al ámbito rioplatense, donde es imposible esa visión joyceana del mundo. Hay una serie de elecciones de vocabulario, el “lover” por “novio”, etc.
Cuando nos acercamos actualmente al texto de Joyce, tenemos todo un saber de la teoría acumulada, y el mimetismo joyceano desaparece y retrocede. Sobre todo por haberse atenuado la idealización del signo como elemento sonoro, y porque tenemos la visualización constante del texto joyceano como grupos gráficos, los espectros que se abren gráficamente. Por eso pienso que nuestra traducción tiene que tener un espectro de distancias muy distinto que la de Borges. Estamos considerando a Joyce en una dimensión menos mimética y, a la vez, estamos viendo el experimento joyceano como un experimento muy domesticado. Es decir, la novela de “fluir de la conciencia” se ha producido una y otra vez y, precisamente, en el acto de traducir tendemos a desautomatizar -como decían los formalistas rusos- ese procedimiento ya automatizado. La lucha desesperada en el momento de traducir a Joyce es un intento de desautomatizar, de olvidar de alguna manera ese saber, y releer a Joyce como un texto gráfico. Por eso me parece interesante la propuesta de Ramón, especialmente, de dividirlo en una suerte de versículos. En ese sentido sí redefiniríamos prosa y verso, en un sentido absolutamente visual.
Recuerdo que una vez, en una clase de literatura del profesor Giusti, que tenía una manera muy especial de decir los versos, dijo tan enfáticamente el famoso verso de Garcilaso “el dulce lamentar de dos pastores”, que un alumno escribió un chiste: “El dulce-lamen-tarde-dos-pastores”. De alguna manera, este chiste de la lengua es un chiste que está funcionando en el momento de traducir. Hay una empresa cautivante que consiste en desautomatizar el procedimiento joyceano, olvidarnos de nuestro saber y de la acumulación de los códigos de géneros del discurso formal desde Joyce hasta la actualidad, y recobrar esa suerte de inocencia, de peligro incesante, que es el texto joyceano, de los casamientos inesperados de palabras, visualmente más que sonoramente.
Guillermo Koop: Me interesaría saber qué piensan ustedes sobre una cuestión relacionada con la falta de puntuación explícita del texto. Se me ocurría que hay un cierto juego fónico entre dos cosas que insisten, que son los “sí” y los “y”. En inglés son “and” y “yes”. Dos cosas entonces: si ese juego introduce así algún modo de pensar una forma de puntuación y, en ese caso, qué diferencia habría entre los “and” y “yes” en inglés, y la musicalidad que tendrían el “sí” y el “y” castellanos, que no se reproducen exactamente en inglés: ¿se introducirían dos puntuaciones diferentes en el mismo texto?
E.P.: No creo que sea distinta la distribución de grupos semánticos a partir de las marcas del “and” y el “yes” y del “sí” y el “y”. Creo que las limitaciones de grupos semánticos y fónicos en buena medida son las mismas. Lo que sí es radicalmente distinto es la atmósfera sonora. El espectro sintáctico es diferente, pero de alguna manera, la invariante de ambos textos consistiría en que hay énfasis dado en un recurso de cada lengua.
Ramón Alcalde: Quería aclarar que la disposición gráfica que adopté para el texto de mi traducción no pretende inducir una manera determinada de leerlo (pausándolo, por ejemplo, como un poema métrico) sino que me pareció más útil para trabajar con ustedes el detalle de mi versión. También para eso enumeré las líneas, de modo que sea más cómodo situar mis comentarios y las preguntas que se quieran hacer sobre las opciones o recursos gramaticales de traducción. De todas maneras, como desarrollaré brevemente después, esta distribución versicular, las interlíneas y las sangrías intentan poner a la vista, independientemente de la traducción, la articulación subyacente del texto. Esto de alguna manera empalma con la pregunta de Guillermo Koop y con lo que acaba de decir Enrique sobre la desautomatización.
Debo explicar el sentido de un par de recursos gráficos que empleé. En la línea 2 uso mayúsculas, y las vuelvo a usar en la línea 98. Pretendo mostrar que el eje de la articulación lógica son dos grandes miembros disyuntivos, subdivididos cada uno en varios menores, que corresponden a escenas y momentos distintos de la vida de Molly. Dichos bloques mayores están armados sobre el corte de una canción popular que recuerda Molly: “¿Me pondré una rosa blanca /o me pondré una rosa roja?” Cada uno de los núcleos, “rosa blanca” y “rosa roja” va produciendo cadenas de “asociaciones espontáneas” de Molly con hechos vividos por ella. De manera que la introducción de la canción: 1) remite del mundo ficcional al mundo histórico; 2) reinterpreta desde la perspectiva de uno de los personajes, al cierre del relato, el sentido que asignó o que reasigna a los hechos ficticios vividos, sentido que no coincide con el de los otros personajes ni con el que había parecido darle el narrador; 3) teoriza implícitamente sobre la memoria y los mecanismos del inconsciente. Por supuesto, no podemos entrar aquí en el análisis minucioso de los procedimientos con que se logran cada uno de estos propósitos y todos a la vez.
Sabemos que se trata de una canción porque la propia Molly lo aclaró unas páginas antes (744), y también a partir de lo que mencionó Enrique: el conocimiento filológico del texto ha individualizado la canción (es de Klark y Farmer)1.
Tal vez sea menos conocido, y más difícil de advertir, que las palabras “Ojos relucientes que un enrejado oculta” (línea 79) pertenecen a otra canción, “In Old Madrid”, de G. Clifton Bingham y Henry Trotere. A esa canción se alude también antes, en la página 271, del capítulo “Sirenas”. Desde el punto de vista gramatical, la frase es aquí un anacoluto, sin conexión sintáctica con la que la precede ni con la que le sigue. Si Joyce hubiera usado signos de puntuación en todo el capítulo, aquí habría tenido que recurrir a un paréntesis, para aislarla e impedir que interfiera con la comprensión de la secuencia. Lo que se propone Joyce aquí es exactamente lo contrario: la hace irrumpir abruptamente para connotar con la mayor intensidad posible la interferencia del mecanismo asociativo inconsciente. El procedimiento de incluir fragmentos de canciones se repite a todo lo largo del libro. Si se coteja la página 271 con ésta, se verá que la cita sirve aquí para contrastar las perspectivas de Molly con las de Bloom sobre el mismo hecho central de este monólogo. Por último, hay que recordar que Molly es cantante.
Desde el punto de vista sintáctico, el agrafematismo o adiacriticismo y la parataxis son dos recursos para presentar la “palabra interior” de Molly como una secuencia puramente lineal de contenidos de conciencia (imágenes, principalmente visuales; sensaciones corporales aludidas; estados afectivos suscitados por esas imágenes) instantáneos, sin conexiones lógicas, temporales, finales o causales. La memoria fluye con total inocencia respecto de sí misma y con total irresponsabilidad para con un yo puramente pasivo en estado de rêverie.
Las oraciones o sintagmas suboracionales son todas incisos o kómmata muy breves; cuando aparecen agrupamientos de un número mayor de palabras (por ejemplo, líneas 4, 7, 13, 16, 20, 29, 31, 33, 37 del apartado I) están seccionadas internamente por cesuras o subincisos menores, con autonomía gramatical y de sentido. Y los incisos, a su vez, se agrupan por isosilabismo, paralelismo y antítesis, los modos más arcaicos de estructuración de la prosa (“figuras Gorgianas”).
La parataxis asindética (sin empleo de relacionantes conjuncionales o pronominales) es mucho más radical de lo que muestra la traducción. Ello depende de que las posibilidades gramaticales del inglés y del español son distintas. Por ejemplo, la gran mayoría de las oraciones que inicié con pronombres relativos no los llevan en inglés, y ninguna de las oraciones subordinadas declarativas que introduje con la conjunción “que” tienen that en inglés. Tuve, además, que emplear relativos para traducir los gerundios ingleses. Las dos únicas hipotácticas fuertes son la causal de la línea 31 y la temporal de la línea 33, que no por casualidad están incluidas en la suspensión que hace Molly en su abandono asociativo para polemizar internamente con el ateísmo de los intelectuales (Bloom y Daedalus).
Todos los nexos lógico-sintácticos restantes son paratácticos: copulativa “y”, disyuntiva “o”. Ausencia esperable de adversativas, explicativas e ilativas.
En cambio, cumplen una función articuladora muy especial (entre sintáctica y retórica) las anáforas de “sí” y de “y”. Subrepticiamente, Joyce degrada al “y”, de conjunción en partícula enfática (no estamos frente a un polisíndeton típico); y desaverbializa al “sí”, potenciándolo a conjunción copulativa-aditiva. Si quisiéramos desplegar conceptualmente su nuevo contenido relacionante, tendríamos que traducir cada “sí” más o menos por: “efectivamente, eso otro también”. No he olvidado nada, se dice Molly, y cada recuerdo singular me acomete ahora tan vivaz y sorprendente como cuando era sensación.
Los dos núcleos de la disyunción “rosa blanca” o “rosa roja” son ejes de dos complejos de asociaciones simbólicas: naturaleza salvaje - Dios - Sol - pureza (Flor de la Montaña) - cuerpo femenino - infancia y rododendros - mar carmesí - torrente - chicas españolas - pasión - sexo; y cada uno va acompañado de una afectividad diferente.
Ahora quisiera aclarar algunas opciones que hice en la traducción. En la línea 24, “yo no daría un pito por toda su educación”, la palabra inglesa correspondiente es learning. Elegí “educación” en lugar de “saber, ciencia” porque Molly se siente disminuida y envidia a los intelectuales ateos, que fueron a la universidad, y ella no.
En la línea 61 tuve que decidirme por el verbo español “escudriñar”, que suena rebuscado en boca de Molly, pero no encontré otra solución, porque Joyce yuxtapone look out over, es decir, junta al verbo con dos preposiciones que no tienen la misma función sintáctica, porque out es sufijo del verbo y over relacionante dentro de un circunstancial de lugar (over the sea), pero en cierto modo se disputan el sema del verbo: look out es “mirar hacia afuera”, “mirar un panorama”, y forma, por inversión del taxema, el sustantivo outlook, perspectiva; mientras que look over es “vigilar” y se dice de los vigías que están en una atalaya en la cofa del mástil. Por eso, traducirlo por “observar”, como hizo Valery-Larbaud en francés, me parece debilitar la imagen.
Es muy curioso lo que pasa en la línea 84, “el guardia que andaba sereno por ahí con su farol”. En la traducción suena incoherente. No traduje “andaba por ahí haciendo de sereno” porque la frase de Joyce es: “the watchman going about serene with his lamp”. El verbo going about es el mismo que había aplicado al ganado en la línea 17, es decir, “errar, vagar”. Por su parte, serene en inglés es un adjetivo (hiperculto) que aquí, por su posición predicativa, daría: “andaba errante apacible(mente) con su farol”. Yo sospecho o una errata del tipógrafo (y Joyce habría escrito “sereno” como antes escribió “posada”, en español) o que Joyce, que sabía bastante español, se confundió aquí, como en la carta de Dámaso Alonso donde escribió “autorritrato” en vez de autorretrato. Frente a una crux filológica como ésta, un pobre traductor no tiene otro recurso que una nota al pie.
E.P.: Efectivamente, “serene” en inglés es una palabra mucho más augusta, como adjetivo, que “sereno” en español. Es posible que Joyce juegue con la asociación española, porque es demasiado cultismo en Molly.
R.A.: Quería comentar también que en la línea 111 puse “su corazón marchaba como loco” porque la frase de Joyce es “his heart was going like mad”, y going se dice de las máquinas de los relojes, y no quise romper la metáfora traduciendo “palpitaba, latía, golpeaba”.
Por último, quisiera señalar que en la versión que da antes Bloom de la misma situación (página 173) ambos están tendidos en la Punta de Howth; Molly contamina ese recuerdo con el de su primer amante Mulvey en Gibraltar (745-746), “Bajo la muralla Mora”. Queda impreciso de quién habla, si de Mulvey o de Bloom en las líneas 110-111.
E.P.: Además están esos problemas ínfimos, pero terriblemente molestos para todo traductor, como esas traducciones intersemióticas de objetos muy cotidianos, por ejemplo, la horrible palabra “cake”. Por suerte, cada vez más se ha perdido el temor al uso de regionalismos en la traducción, y se ha perdido el ideal de la lengua neutra. Pero usar los regionalismos cuando desplazan el ámbito del enunciado, me parece escandaloso. Allí la operación de lectura y el pacto de lectura cambian de sentido.
R.A.: Lo mismo sucede con los juegos que jugaban los marineros: “all birds fly”; “I say stoop”; “Washing up dishes”. Los dos primeros tienen análogo (“rango” y “morra”); el tercero no he podido averiguar, por falta de tiempo, en qué consiste, y hasta es posible, por la glosa de Molly, “como lo llamaban”, que no sea un juego tradicional. En la versión francesa aparecen nombres que los hablantes nativos de francés que he consultado no reconocen. Opté por traducir literalmente el tercero por “laven los platos”. En cuanto al primero, que Enrique también tradujo por “rango”, en español es “salta cabrilia”; entre un lector peninsular y uno argentino, no vacilé en decidirme por éste. Borges sencillamente los saltea.
E. P.: Sí, Valverde traduce “pídola”. Yo no tenía la menor idea de lo que era, y encima tiene una errata, pues dice “pidola”. Ahora bien, el texto es curioso, pues tal como está construido sintácticamente, parecería que son tres sinónimos.
Déborah Fleischer: Borges traduce tres nombres propios que hay en el texto por “Mengano” y “Zutano”. ¿Cuál es la razón?
E.P.: Me parece que lo hace por ese ideal que tiene Borges de aporteñar el texto. Borges siempre ficcionaliza los objetos y entidades que aparecen en sus textos que no son ficticios, y realiza los que son ficticios. Inclusive lo explicita con sus teorías sobre la novela policial, donde se pueden nombrar entidades reales, pero desrealizándolas o ficcionalizándolas, por ejemplo en el comienzo de “La muerte y la brújula”, cuando ficcionaliza toda la zona de Retiro. Generalmente hace ese juego. Aquí, ha resuelto desficcionalizar, y como esos nombres extranjeros para el lector al que él apunta marcan ficción, por alejamiento, por distanciamiento, suprime los nombres y pone “Zutano” y “Mengano”, esa frase coloquial, y de paso, como no ha podido averiguar lo de los juegos, lo suprime.
R.A.: Tengo una hipótesis más sociologizante. Creo que Borges estaba bajo un acceso de populismo que lo lleva a hablar, desde una revista como Proa, a un lector idealizado negativamente, porque un público tan primitivo como aquel al que Borges se dirige acá nunca existió en la realidad, o por lo menos nunca leyó Proa. Ese fue un episodio pasajero en la vida de Borges. Incluso hay otra cosa: Molly es en cierto modo una “señora gorda”, pero no tan gorda como esta mujer que habla por boca de Borges.
X.X.: ¿Por qué pensar que el “vos” es un regionalismo y no que transparentiza más?
E.P.: Traducir es un acto de elección continua, y elegir siempre supone sacrificar algo. Eso es incesante, la insatisfacción permanente del traductor es que está eligiendo algo a expensas de algo. Cuando elegís el “vos”, creás una inmediatez mucho mayor que el “tú”. Pero además, fatalmente estás trasladando un espacio a otro. En la situación “pacto de lectura-traducción”, (que no olvidemos que funciona, es decir, que cuando un individuo toma una traducción sabe que está leyendo una traducción, el “tú” funciona como una convención) está constantemente codificado en el ámbito traducción. Se pierde inmediatez, pero se tiene el saber de que se trata de una convención, precisamente porque es un hecho de traducción. Con el “vos” se gana en inmediatez pero se pierde una serie de espectros que están en el texto original. Generalmente lo que hace el traductor es trabajar mucho con el registro de lengua empleado, con el tipo de vocabulario empleado, para que compense el “tú” y genere por otro lado la inmediatez.
L.G.: Pregunto sobre una diferencia de traducción: Borges escribe “me dio el gusto”, y ustedes pusieron “me dio el placer”. Me parecía que la palabra “gusto” tenía más que ver con esos objetos que aparecen en juego, los colores, las tortas, etc.
R.A.: Es que la palabra es “pleasure”, y no implica “darle el gusto” en el sentido de hacer lo que él quería.
Jorge Jinkis: Pezzoni escribe “masa de Lipton” y Alcalde “en Lipton”, y en inglés parece decir ambas cosas: “in Lipton”, sin apóstrofe, Borges traduce “de lo de Lipton”. Es in, pero al mismo tiempo con una “s” de pertenencia, pero sin apóstrofe. ¿Por qué se eligió traducir “en” o “de"?
E.P.: En mi caso, porque Liptons creo que es la forma londinense de decir Lipton.
X.X.: Yo diría “en Lipton”, porque Joyce no puso “from Lipton”. Al poner in, ya pone el lugar, en ese lugar. Las podría haber visto, y no ser necesariamente de ese origen, sino las que vio ahí, que es asociativamente distinto.
E.P.: Sí, pero yo creo que lo que se dice en el texto es que va a comprar las tortas de Lipton, como yo me voy a comprar un traje de Saint Laurent.
J.J: Mi pregunta apunta a si hay una frecuencia en inglés de la que se aparta Joyce y a qué atiende la traducción.
E.P.: Sí, eso es verdad, Joyce se aparta, claro.
R.A.: En otro lugar del texto hay otro locativo también con nombre comercial y usa el at. Este in que está acá es anómalo.
J.J.: Enrique insistía en los regionalismos que se presentan como universalismos, sobre el pacto de lectura y sobre la decisión que había tomado Borges de enfatizar una cierta vertiente que llamó realista, aunque yo preferiría decir que acentúa la sensibilidad pequeño-burguesa de la protagonista, a lo que quizás tenga derecho, pues es una sensibilidad que excede los límites geográficos bonaerenses. Dejemos de lado esta universalización o generalización de lo particular. Pero también había recordado una aspiración de la traducción a evocar en el lector alguna equivalencia de lo que el texto primero despierta en el lector de aquella lengua. Cuando leía las traducciones que ustedes realizaron, no perdía la impresión de estar leyendo literatura, pero creo que me acercaban a una experiencia absolutamente ajena a la mía. De ninguna manera me parece que evocaban o despertaban en mí los recursos que podían concluir en una experiencia equivalente para un lector de habla inglesa. Por el contrario, me alejaban de ella. Y ese alejamiento era la única relación que me parece posible. Leyendo esas traducciones, no sé si se exacerba el sentimiento de perder alguna cosa, o el de acercarse a algo ajeno.
E.P.: Yo te voy a contestar dos cosas. Es cierto que el ideal de reproducir la misma experiencia funciona en todo acto de traducir, pero funciona como tensión hacia, nunca lograda. En segundo lugar, acá ocurre además un hecho muy peculiar: hemos leído varias traducciones, y esto hace que se desplace el problema de la traducción entre varias lenguas a la traducción intralingüística, dentro de tu propia lengua. Estás superponiendo dos experiencias. Hay que tener en cuenta que la operación de traducción es siempre doble: el acto de traducir es constante en el individuo humano, y la traducción intralingüística es un hacer permanente. Entonces siempre se superpone a la traducción de una lengua a la otra, la traducción dentro de la propia lengua.
J.J.: Pero, además, creo que no forma parte sólo de una impresión de lector, sino de una decisión de traducción diferente, porque por ejemplo Borges omite los nombres propios que alejan o extranjerizan el texto, mientras que, al revés, ustedes los ponen. Borges llega a traducir el nombre de Joyce.
E.P: Hay otra cosa; no olvides que toda traducción es una lectura de un texto, entonces, cuando leés una traducción, estás leyendo la lectura del texto. Es una serie de decisiones de lectura. Por eso, encimar traducciones es leer lecturas de un texto. Entonces aparece muy claramente el lado hermenéutico de la traducción.
X.X.: Como en el caso de las versiones homéricas de Borges.
E.P.: Exacto. Volviendo a tu pregunta, de algún modo se reproduce la discusión en torno al “vos” y al “tú”. Borges suprime los nombres propios que extranjerizan el texto, y a mí, como acto de elección en mi lectura, me gusta ese sabor extraño de los nombres propios, me gusta percibir la distancia entre ese espacio y el mío, el mío de lector empírico y no de lector inmanente del texto.
J.J.: Apuntaba a que esa distancia me acerca al texto.
E.P.: Claro, es una forma de acercarse al texto a la extranjería del texto.
X.X.: Sin embargo, en el caso de la poesía anglosajona, casi siempre hay una tendencia a llevar las cosas a lo inmediato, a personalizar los nombres de las calles, etc., y me resulta una experiencia de lectura mucho más inmediata que la de la poesía española en general en la que la tendencia es no poner nombres propios. Cuando Borges pone “Zutano o Mengano” crea una distancia mucho más grande porque nos saca de la intimidad que tiene Joyce con lo que lo rodea. O sea, el poner los nombres propios crea intimidad en el texto, no sólo para el lector inglés, pues en uno está la marca nombre propio y en el otro todo lo contrario, una tendencia a la abstracción. En todo caso, si hubiera traducido los nombres, o hubiera puesto Pérez o González, sería diferente de Zutano o Mengano.
R.A.: Bueno, pero tendría que traducir todos los nombres de las calles, todos los topónimos, quedaría un país como una especie de jaula flotante, ¿escrito por un señor inglés que se llama Jaime? Realmente me parece inviable, incoherente como proyecto. Además, ¿uno quiere leer la literatura de otros países y leerla como distinta, o quiere encontrarse a sí mismo en el espejo hasta la eternidad?
Luis Thonis: Antes se habló de las versiones homéricas de Borges, creo que para situar los problemas que nos plantea la traducción de Borges, es necesario recordar que en Borges es una literatura la que traduce. No es un traductor entre dos textos sino que este texto concierne, o tiene como referencia a toda la literatura de Borges.
E.P.: Sí, de acuerdo.
J.J.: En relación a ese mismo problema cómo consideran ustedes “las olas atropellando” o “las olas que embisten”, creo que Borges dice “se nos vienen encima”, ¿es una metáfora en el sentido semántico o un comentario de la escritura del monólogo, de su ritmo?
R.A.: Yo puse “atropellando”, tenía otras opciones. Lo que nunca hubiera puesto es “se me venían encima”, porque como se están viendo desde lo alto, y precisamente en esa situación de recorrer con la vista para encontrar, son vistas como en un cuadro, algo puramente contemplado por un espectador desde afuera, donde el elemento distancia está muy marcado en un montaje de planos sucesivos y diferentes alturas.
No quisiera que se me olvidase un comentario, que en realidad debí hacer al hablar de la estructuración gramatical y retórica del texto. Las dos designaciones usuales de “flujo de la conciencia” y “monólogo interior” pueden hacer olvidar que este “monólogo” de Molly es en verdad un relato, que ella se hace a sí misma de lo que “va pasando por su conciencia” y en el momento en que le está pasando. Su “monólogo” contrasta con un relato que hubiera podido hacer a otro personaje de la novela o con un registro posterior en un diario que hubiera llevado. Relata simultáneamente lo que le pasó, lo que desea que le pase, lo que le está pasando y ella va sintiendo mientras rememora o anticipa. No es ni un registro informe de sus asociaciones libres ni un protocolo de un observador externo.
El monólogo, como el aparte, el cuchicheo entre dos personajes sin que los oigan los otros que están en escena, pero sí los espectadores, son convenciones dramáticas, no narrativas. El “monólogo” de Molly tiene en común con un monólogo dramático el que los otros personajes no se enteran de lo que se entera el lector. La ausencia total del narrador convierte al lector-escuchador en espectador voyeurístico. Él adquiere informaciones que alteran retroactivamente el sentido de las acciones de los personajes, en primer término la propia Molly. Y se vuelve destinatario retrospectivo de una “ironía narrativa”, a lo Sófocles. Y Molly como depositaria magna del secreto. Una invitación, al lector, para reiniciar desde la primera página toda la lectura.
James Joyce visto por el traductor del Ulises
“Una forma de descanso para evitar el suicidio por cansancio, es hacer otra cosa. Lo mejor es mudar de tarea”. Este lema parece haber orientado la vida de José Salas Subirat, escritor, ensayista, plástico y poeta, conocido especialmente por su traducción al castellano del Ulises de James Joyce. Nació el 23 de noviembre de 1900, comenzó a escribir en 1911 y once años después publica su primer libro: La ruta del miraje, novela de ciencia ficción. Había interrumpido sus estudios primarios en tercer grado. Luego, ya no habría de interrumpirse: escribe cuentos y novelas (nos dicen que Pasos en la sombra, 1925, es tal vez la primera novela referida a la Semana Trágica); pinta y dibuja, pero realiza tardíamente exposiciones de sus obras; publica un libro sobre seguros y numerosos textos sobre el mismo tema en revistas del país y del exterior. Autor de libros de poemas, ensayos sobre literatura, música y pintura (Los fósiles del futurismo, 1928), emprendió en 1937 la inmensa tarea de traducir el Ulises. Un equipo de 22 profesionales españoles había considerado intraducible ese libro, luego de un estudio que los ocupó durante dos años (1922-1924). Para la misma época, también Borges desiste del propósito y reduce su tarea al monólogo final. Cuando en 1940 Santiago Rueda compra los derechos que habían sido de la editorial Sur, Max Dickman, su asesor literario, se entera incrédulo de que ya existía una traducción llevada a cabo silenciosamente durante cinco años. A falta de argumentos que seguramente no han de faltar, García Márquez supone (en Clarín del 30-9-82) que ser “un experto en seguros en la vida real” (sic) descalifica a Salas Subirat para traducir. Y para su escándalo agrega: “sólo lo habría hecho por diversión”. Naturalmente, quien esto afirma no es el autor de El coronel no tiene quien le escriba o Cien años de soledad: se trata de un periodista en la vida real, a quien esa misma vida le ha concedido el premio Nobel por el moralismo profesional que campea en sus artículos, que no están hechos por diversión ni divierten a nadie. Por lo demás, pretender acentuar el valor de aquella traducción por la fecha en que fue realizada tal vez sería desmerecerla. No se contaba, es cierto, con la enorme cantidad de material filológico ni con las numerosas ediciones críticas que hoy existen, y eso habrá hecho todo más difícil. Pero disponer de estos recursos no asegura la recepción que el castellano brinda -Salas Subirat mediante- al libro de Joyce. En el artículo que reproducimos (publicado en la revista Buenos Aires Literaria N° 6, marzo de 1953), el lector podrá apreciar una disponibilidad desembarazada hacia la obra y la generosidad de una prosa exenta de los tics que suelen angostar la crítica literaria.
Expresarse, transmitir ideas, exige la conquista del símbolo necesario. Para que éste se convierta luego en discurso intercambiable, debe cumplirse otra etapa en que el creador no habrá hecho más que haber dado el impulso inicial: su creación es una entrega y un sugerir. La aventura resultante ya no le pertenece: la obra habrá de ser recreada -jugada por aquel que pretende gustarla. De ahí un esfuerzo exigido al lector. Toda ansia de obtener un bien, de ser servido, sólo se satisface mediante un pago que a la vez constituye un servir a la obra de arte. La mera pasividad no existe, y el éxito en una lectura depende de la medida de un oficiar mental, tanto en atención como en actividad receptiva. No una función exclusivamente crítica, sino algo de entrega en que la sensibilidad debe concurrir. Puede anticiparse alguna resistencia a admitir la jerarquía de la sensibilidad en la dilucidación de una obra de arte, pero con mucha más razón podríamos invalidar el solo aporte intelectual. Surge siempre la necesidad de una opción: o la lógica estricta o la plenitud del conocimiento. Es la diferencia que existe entre el pensamiento lógico y el pensamiento correcto. Tal opción ha de traducirse, si recae en el segundo término, en una entrega total, para estar en condiciones de captar lo inédito de la auténtica creación.
Sabemos que la sola evidencia no constituye toda la realidad, y así es como disponemos en seguida de dos conclusiones para abordar a James Joyce. La primera es que el modo de ser y de leer gravita para reestructurar en cada lectura un libro como el Ulises. Desde ya que lo mismo puede afirmarse de cualquier otra obra, pero la medida en que se acentuarán las diferencias de apreciación está relacionada con lo inédito de la forma y los elementos de comunicación empleados por el autor; es decir, que lo novedoso de los símbolos de que éste se vale condiciona la medida de universalidad en la aceptación de la obra. Esto explica holgadamente una segunda condición: es preciso el transcurrir del tiempo para que el símbolo nuevo se convierta en convención concreta, catalogable, conquista aceptada. Toda obra de características desconocidas antes de existir ella es obra de vigencia diferida, extemporánea al aparecer.
Jung, al referirse al Ulises, concluye que es evidente el no simbolismo de esa obra y que no quiere ser simbólica bajo ninguna circunstancia, “Si a pesar de ello lo fuera” -añade- “es que el inconsciente habría gastado una broma al autor a pesar de sus muchas precauciones”. Pero sucede que toda invención, y esto es cabalmente el Ulises, rige cuando consigue constituirse en símbolo expresivo, pues no existe más que un camino para transmitir ideas: el empleo de palabras, imágenes, símbolos en procura de un sentido.
Lo que desorienta a Jung, y que hace que el lector que busca guiarse por su interpretación también se desoriente, no es la cuestión de si ese libro es o no un todo simbólico, ya que tal condición es obvia, sino la propia actitud mental de Jung, que apriorísticamente busca dilucidar la existencia de un estricto paralelismo homérico. El rechazo atinado de esa idea lo inhibe para considerar si existe un simbolismo en cuanto a manifestación literaria en sí, o el simbolismo de Joyce se propone la liquidación de todo simbolismo convencional, o si entraña la utilización de las más inéditas posibilidades de ciertos símbolos, hasta la de extraer de los episodios más reales y concretos aquella tela de la vida que es “la misma de nuestros sueños”, que a su vez constituyen síntesis, desplazamientos, símbolos truncos o deshilvanados.
Ninguna obra de arte puede haber sido jamás concebida cabalmente por el artista creador, en toda su estructura, desde el momento mismo de la decisión de intentarla. Tal idea se ilustra con otra: El genio encuentra, luego busca, y se refiere a algo más que a simbolismos, trucos o acertijos homéricos. Joyce debe de haber intuido que contenía (él: Esteban Bloom Joyce) un fermento que no llegaba a definírsele, ni en la posibilidad de que existiera cierta forma previsible para ir hacia la realización, ni en sus alcances después de realizado, concretado dicho fermento en discurso pleno. Esta suposición se refuerza por el título que había de dar a una de sus entregas a cuenta del Finnegans Wake: Work in Progress; la llamó en algún momento: Obra en preñez en lugar de Obra en marcha. A base de tal intuición, desde Música de cámara intentó Joyce dos direcciones que conducirían directamente al Ulises: Dublinenses y El artista adolescente. Una visión fragmentaria de Dublín, primeros atisbos de la ciudad cosmos a reconstruir, y un paso atrás hacia el artista creador en germen que procura encarnar un protagonista. No puede descartarse la visión de que esa obra, intentada ya en Dublinenses -el tema del señor Bloom, figura central del Ulises, formaba uno de los relatos de aquel libro- se realizará en su vida, convirtiéndose él, Joyce, en trasunto del tema intuido: una creación mística espiritual en que ardería hasta consumarse, sin trascender en obra, quedando en Esteban Dedalo (el artista adolescente). Es en ese momento un ejemplar típico de intelectual fin de siglo XIX, preñado de humanismo, de clasicismo y de teología, acusa el impacto de lo que Jung ha señalado gráficamente: estar metidos hasta la cintura en la Edad Media. De esta sensación proviene el tembladeral de estéticas de vanguardia de principios del siglo actual. Pesimismo, escepticismo, descreimiento, volver la espalda a una sociedad que se contradice, que ofrece satisfacciones intelectuales de toda índole y que defrauda con insistencia cualquier ingenuidad espiritual.
La torre de marfil, tanto como las humoradas y los caprichos de las fieras, no son más que expresiones de una
legión de resentidos que reaccionan contra un orden de cosas que
traiciona y ridiculiza las inquietudes espirituales y estéticas. Rencor
y deseo intuitivo de vengarse de un mundo en que lo humano no halla
lugar. Los frutos extremos de esa conciencia irritada e histérica serán
a poco andar las elucubraciones de ciertos espíritus embrionarios en
individuos de acción: el fascismo y el nazismo. Partiendo de núcleos
menos evolucionados, esas dos tendencias no tardarán en atraer a sus
filas a muchos intelectuales y artistas incapaces de sumirse tercamente
en la promulgación de una ética insobornable o en la pura creación
artística. Al no concebir tal desviación, Joyce se condena a sí mismo al
exilio, y actúa de cajero en una empresa comercial, de profesor de
idiomas, de lector insaciable. Valores mediocres que en una época más
ordenada no se habrían animado a intentar jerarquías, se enardecen y
enardecen a sus epígonos inventando originalidades. En contraste con tal
algarabía, Joyce, errante por Europa, enfermo de la vista, emplea su
tiempo en elaborar una obra maestra desmesurada, que arrojará como una
blasfemia, con absoluto desprecio por todos los valores en vigor. Pudo
haber sido un beato más -de ahí que su blasfemia sea tranquila,
pacientemente desarrollada en centenares de páginas y una inmolación en
el altar de Cristo-introibo ad altare Dei
,
dice el Ulises al empezar. El debatirse
entre lo verosímil ficticio y lo real fabuloso determinó el conflicto de
la intuición empeñada en una búsqueda. El camino más fácil consistiría
en saciar la sed espiritual a la mortecina luz del misticismo; pero una
religiosidad insobornable -puro afán de superación- y un espíritu
cáustico y sagaz, claridad mental acorde con la mayoría de edad
intelectual existente, pero poco compartida, de la época en que le
tocaba vivir, determinaban intentar la aventura del Ulises, y más tarde la del Finnegans Wake. En otro momento de la
historia, en otros rumbos de la humanidad, Joyce se habría decidido tal
vez por el sacerdocio, y tendríamos un neoestagirita o un tomismo
reestructurado (o una versión pantagruélica del doctor Pangloss). Pero
el creador siempre condensa de alguna manera el espíritu de su época, y
en pleno siglo XX ni Dante exploraría los círculos del cielo teniendo al
alcance de sus ojos y al borde de su alma, un Occidente Europa Dublín en
que se desperezaban Blake, Poe, Baudelaire. Rimbaud, Mallarmé... y donde
coexistían Proust, Valéry, Rilke, Kafka...
La inquietud espiritual rumia el aserto de Wilde -al fin el hombre es
naturaleza rectificada- y se abre en dos proposiciones antagónicas:
primero, por mucho que el símbolo necesario se atemperara ante el
realismo ineludible, siempre subsistiría la exigencia de moderar una
verdad estética, de estricto principio en el arte mismo, concreción y
expresión del artista como un todo indivisible e inadaptable a ningún
otro menester, por ejemplo el de un hacer simbólico en el sentido que
sobreentiende Jung; a la vez, y ya que Poe y Baudelaire no habían
existido impunemente -aquí podrían agregarse varios nombres y además
explicar su presencia-, las más atrevidas expresiones y sublimaciones de
lo real, puro y libre de intenciones doctrinarias o éticas elucubradas,
habrían de recrear o remodelar a la naturaleza para que se expresara
enteramente tal como lo propuso Wilde esencialmente: redescubrirla; como
lo apuntó con inquietantes aciertos Lautréamont: Me dijeron que soy el hijo del hombre y la mujer... francamente,
creía ser algo más
.
Una obra así intuida había de rozar la esquizofrenia, el disparate y la locura -tres polizones siempre presentes en esta desolada nave del sentido común, que asoman la cabeza en cuanto se agudiza el mirar- y escandalizar a todo espíritu no avezado a los azares de la introspección. Habría de ser a la vez un exponente de absoluta libertad, entendido que tal libertad no aspiraría a la recompensa de una estética nueva cabal, canon inédito o cartabón con el que pudieran recortarse nuevos episodios o autoplagiarse el mismo autor en el futuro. Constituiría una visión nueva de la literatura, y a la vez su liquidación. Una visión que empezaría y terminaría por agotamiento de posibilidades dentro del propio circuito de la obra. Por eso Jung afirma, muy acertadamente esta vez, que el Ulises podría constar lo mismo de 735 páginas que de cualquier múltiplo de esa cantidad y siempre sería la misma obra, una e indivisible. Porque allí el tiempo y el espacio se funden en el hastío de un día infinito en que el devenir carece de duración, en que el cambio martillea y repercute incesante. La imagen de la realidad se acusa sin concretarse a una presencia inaprensible y fugaz: inducción de presencia en dispersión, feneciendo, pero reincorporándose. Esta característica de agotamiento de posibilidades expresivas de un tema complejo, que resurge incansablemente en presencias estrictas, es confirmada por Joyce en su obra siguiente, Finnegan's Wake, en la que trasciende el mundo individual, simultaneidad y compenetración recíproca en los personajes del Ulises, para tratar del universo y de la historia como interpenetración de hombres, objetos, naturaleza, tiempos: es el pensamiento de Heráclito traducido en imágenes que constituyen un devenir inagotable, nunca las mismas aguas, para coincidir con el ser de Parménides, siempre esencialmente el mismo.
La necesidad de plasmar en obra de arte una presencia esencial, invariable, manifestándose en la variedad objetiva y subjetiva del hombre, hacía un llamado a la imaginación de Joyce, que intuía la posibilidad de darlo sin recurrir a la espectacularidad un tanto ingenua de la paradoja, ya transitada en demasía. Cabe añadir otra intención: la de marcar con tozuda insistencia y exactitud el submundo fabuloso señalado por Freud. La simultaneidad, lo subconsciente, los atisbos del surrealismo no habían sido aún conjugados en personajes moviéndose dentro de lo real cotidiano. Podía optarse por una interpretación realista de la vida del hombre, y entonces se estaría en camino de reproducir una Comedia Humana o una visión a lo Andreiev, o superar esas vías y resumir el precepto de Wilde, desarrollando una visión fabulosa a partir del contenido -existente pero no inventado todavía- de la realidad: adaptar el hombre al arte, y viceversa: todo lo que se acusa, para una mirada sagaz y tranquila, impersonal, en un mundo consciente-subconsciente lleno de actos, lugares y momentos poco expresados todavía. Resumiendo: se trataría de poner al descubierto, con datos intrascendentes de puro verdaderos, sin salirse de lo cotidiano, sin echar mano de simbolismos, imágenes, metáforas o paradojas elaboradas, sin patetismos ni recursos preceptivos dudosos, al hombre entero que se da en cada uno de nosotros -estructura cabal-, intrascendente, intelectual, sentimental, erótico, escéptico, contemplativo, cínico, apasionado, abúlico, razonable, disparatado, impulsivo, ingenuo, calculador, indiferente, angustiado, cerebral, insensible, y emotivo. Todo junto en un ser de múltiples facetas intermitentes, al alcance de una observación insistente, desprejuiciada, atenta e indiferente; en síntesis: un hombre. Y en síntesis también, un bombardeo de imágenes tiempo: con su perennidad fijada y con su cambio irreparable.
Para cumplir tal objetivo era necesario inventar un plan que no incluyera ningún sistema de símbolos convencionales -fuera de lo simbólico substancial objetivo-, pero que a la vez pusiera en descubierto la insolvencia de los ya utilizados en experimentos anteriores, para ridiculizarlos al pasar y extraerles a la vez lo que pudieran contener de auténtico luego de sometidos al tamiz de la realidad. Siendo la condición esencial lo inédito, el no insistir en los medios conocidos incluía la moderación de no despreciar ninguno, sino superarlos a todos, utilizándolos si fuere necesario y agotándolos hasta sus últimas consecuencias.
La Odisea de Homero pudo así ser empleada como un molde muy relativo, pero a modo de apoyo para que cooperara en oficio de señalador, destinado a concretar intuiciones a medida que Joyce realizara lo que no acababa de intuir plenamente. La posibilidad de construir el Ulises, a partir de aquel relato del señor Bloom descartado de Dublinenses, latía, pero lejísimos, en el subconsciente del autor y en lo muy concreto, pero disperso, del mundo circundante, que había tenido y que tenía a la vista. Del mismo modo que la clave del Ulises está en el título -afirma también Jung, y de ahí la refutación: ¿no se trataría acaso de un símbolo?- la obra de Homero pudo actuar como una región pedida provisoriamente en préstamo, en la que sería verosímil prender concepciones por de pronto ininteligibles y que se diluiría luego en proporción inversa a la inteligibilidad conquistada en cada episodio en formación. Reduciendo la definición a términos más cordiales, podríamos comparar el proceso a la utilización de una tela de araña con hebras tomadas provisionalmente de la Odisea; en ellas se apresaría la inspiración fugaz, para ser desechadas tan luego como un temblor de presencia acusara las ideas generatrices de la estructura en cada episodio del Ulises, esencialmente ajenos, por lo demás, a los de la Odisea.
Otro símil lo constituiría el del encofrado para una estructura de cemento armado: ya fraguado el material, la caja de madera es desmontada, desaparece, pero quedan en el cemento las huellas de las vetas de la madera -cicatrices-, un recuerdo de algo que existió para sostener y que dejó de ser, una vez que se acusaba la presencia nueva. Posiblemente sea ésta la única manera en que puede acusarse el paralelismo homérico, ausente en lo estructural y formal, pero presente como un residuo ontológico, como una esencia que ofició de hado tutelar para coadyuvar a la creación inédita. En prueba de reconocimiento por el servicio prestado, como homenaje o recordación, quedó el título: Ulises. No un símbolo en la obra, ni tampoco la obra simbólica, mas sí la utilización de un signo -un lema- para iniciar la marcha creadora, a la vez que el uso de una serie de símbolos para la invención de caminos en que transcurrir provisionalmente. En ellos fue posible el trasiego de la realidad más intrínseca a un universo Joyce, para cuya creación sirvió de encuadre una Odisea entrevista en un día de Estebanbloomdublinirlandaeuropauniversojoycevigesimacenturiadecristonuestroseñoramén.
Carta de Joyce a Dámaso Alonso
De: Richard EllmanEllmann (ed.) “Selected Joyce Letters”, New York, Viking Press, 1975
A: Dámaso Alonso4
Estimado señor Alonso:
“Muchas gracias por su amable carta. Con respecto al título en español de mi novela, por lo que Ud. dice parece mejor utilizar la palabra ‘adolescente’5. Como bien dice Ud., el castellano ‘joven’ es imposible. No obstante, creo que el significado clásico de ‘adolescencia’ designa una persona entre los diecisiete y treinta y un años de edad6, y esto cubriría tan sólo el capítulo quinto del libro y representa alrededor de una quinta parte de todo el período de la adolescencia7, mientras que, en inglés por lo menos, si la palabra adolescente es decididamente inaplicable a la persona representada en los capítulos 1, 2 y 3, el término ‘joven’ puede ser aplicado incluso al niño de la página uno, desde luego en broma. ¿Cuál es la descripción usual de los autorretratos realizados en la juventud que se utiliza en el catálogo de las galerías pictóricas españolas? La palabra ‘autoritrato’8 me parece una descripción insuficiente para una pintura. El título de la traducción francesa que le he enviado para que Ud. pudiera consultar los puntos dudosos está tomado del catálogo del Louvre.”
“En lo que concierne a su pregunta, por favor remítase en todos los casos a la traducción francesa9. No la he revisado, pero he ayudado en buena medida al traductor.”
“Pág. 3110: Esto es una suerte de banqueta con dos asas, reforzada con un armazón de madera. El término es infantil y popular. Compárelo con la palabra ‘escabel’.”
“Pág. 9211: Una abreviatura hecha por los escolares de la palabra ‘traducción’.”
“Pág. 10512: Se trata de una especie de pasta dulce hecha con una gelatina suave cubierta primero con azúcar rosada y luego espolvoreada, por lo que recuerdo, con ralladura de coco. Se lo llama ‘Slim Jim’ (el Flaco Jim) porque se vende en tiras de alrededor de un pie y medio de longitud por una pulgada de ancho. Es muy elástica y puede ser comida por dos personas al mismo tiempo.”
“Pág. 11913: Abreviatura escolar para los problemas planteados por el maestro a sus alumnos sobre el modelo de algún teorema o problema de algún libro de Euclides que están leyendo.”
“Pág. 22214: Eufemismo utilizado por Cranley (sic)15 en tanto comienza con la misma letra que un producto corporal cuyo término monosilábico inglés16 se usa a veces como exclamación y a veces como descriptivo de una persona más bien desagradable. En la lengua francesa se la asocia con el mariscal Cambronne, y los franceses (al menos las mujeres) utilizan ocasionalmente un eufemismo empleando la palabra miel17 en lugar del término usado por el comandante francés.”
“Pág. 22418: No quiere decir nada, excepto que finge considerar el nombre del filósofo de Middlesex como nombre de un caballo de carrera19.”
“Pág. 23220: Cranly utiliza incorrectamente las palabras. Así, dice ‘let us eke go’, cuando quiere decir ‘let us e’en go’, o sea ‘Let us even go’ (vamos aún). ‘Eke’ significa ‘También’, y no tiene sentido en la frase, mientras que ‘e’en’ o ‘even’ es un ligero embellecimiento adverbial. Al citar la cita errónea de Cranly, Lynch da la primera prueba de su cultura. La palabra ‘yellow’ (amarillo) es su sustitución personal del adjetivo más violento ‘bloody’ (maldito)21.”
Pág. 24222: Referencia a la teoría de las ideas de Platón, o más estrictamente hablando, al neoplatonismo, dos tendencias filosóficas por las que el locutor no siente simpatía en ese momento.
Pág. sin número23: Traduzca esto palabra por palabra. No significa nada y esa es la intención.
Pág. 28524: Una alusión a la frase del Nuevo Testamento “la luz bajo el almud”25.
Pág. 28526: “Remando”. Confrontar “corazón de remero”27. Por supuesto, la frase sugiere de inmediato un desengaño amoroso, pero los hombres la usan sin explicación, un tanto coquetamente, según creo.
Pág. 23228: Forma de apócope por “¡Damn your soul!” (¡Condenada sea tu alma!).
Espero me haga llegar un ejemplar de esta versión española cuando aparezca. Si me envía su ejemplar de la inglesa cuando haya terminado con él, tendré sumo gusto en firmárselo, si Ud. así lo desea.
Sinceramente suyo, James Joyce P.S.: Por favor diríjame su respuesta aquí a París y no a Arcachon. J.J. 31 de octubre de 1925 Square Robiac N° 2, París, FranciaProceso de obscenidad
PREFACIO A LA PRIMERA EDICION NORTEAMERICANA DELULISES
También en el mundo de las letras tiene cabida el New Deal. El Juez Woolsey ha exculpado al Ulises del cargo de obscenidad, al dictar un fallo que promete convertirse en el principal acontecimiento de la historia de la lucha por la libre expresión. La obra maestra de Joyce, por cuya circulación se calificó anteriormente a mucha gente como delincuente, puede ahora entrar libremente en nuestro país.
Sería difícil sobreestimar la importancia que tiene la decisión del Juez Woolsey. Durante décadas los censores se han esforzado por mutilar a la literatura. Han tratado de instituir en criterio para nuestra sociedad la susceptibilidad de los paladines de la mojigatería, han luchado por reducir el material de lectura para adultos a un nivel propio de adolescentes y personas subnormales y han alimentado la literatura de evasión y la gazmoñería.
El caso del Ulises marca un punto decisivo. Es un puñetazo al cuerpo de los censores. Se ha eliminado la necesidad de una literatura de circunlocución e hipócrita. Los escritores ya no necesitan buscar refugio en los eufemismos. Pueden ahora describir las funciones humanas básicas sin temer a la ley.
El caso del Ulises tiene una triple significación. Durante largo tiempo se nos ha contrariado con los criterios con que se definía la obscenidad. El Juez Woolsey nos ha dado una fórmula lúcida, racional y práctica. Al hacerlo, no solamente exploró una intrincada rama de la ley, sino que escribió un dictamen que lo eleva al nivel del ex Juez Supremo Oliver Wendell Holmes como maestro de la prosa jurídica. Sus servicios a la causa de la libertad literaria no han sido menos importantes. Pero tal vez su mayor servicio fue el que prestó a la comunidad. El precedente por él establecido hará mucho por rescatar el pábulo mental del público de la apetencia de los censores que se esforzaron por convertirlo en melaza y ayudará a transformarlo en el plato fuerte y provocativo que debe ser.
La primera semana de diciembre de 1933 pasará a la historia gracias a dos derogaciones: la de la Ley Seca y la del apremio legal por una literatura remilgada. No es inconcebible que ambas hayan estado fuertemente relacionadas en un pasado reciente, y que las represiones sexuales hayan encontrado su desahogo en la intemperancia. De cualquier manera, podemos ahora embebernos libremente del contenido de las botellas y de los libros francos. Puede muy bien suceder que en el futuro la derogación del tabú del sexo en la literatura demuestre tener una enorme importancia. Tal vez la intolerancia que clausuró nuestras destilerías fue la misma que decretó que las funciones humanas básicas habían de tratarse de modo furtivo, malicioso y elusivo. Felizmente, ambas intolerancias acaban de ser repudiadas.
El caso del Ulises es la culminación de una lucha prolongada y obstinada contra los censores, que data desde la victoria en 1922 del caso de La señorita de Maupin sobre la Sociedad contra el Vicio, de Nueva York. Al seguir la secuencia lógica luego del caso del Pozo de Soledad, el caso Dennett, los que involucran a los libros del Dr. Stopes, el caso del Regreso de Casanova, el de Frankie y Johnnie y el de La Chacrita de Dios, todos los cuales sirvieron para liberalizar a la ley de obscenidad, la victoria del Ulises representa una digna culminación del paso adelante que han dado nuestras cortes.
Con el caso del Ulises, será imposible en lo sucesivo que los censores puedan sostener legalmente un ataque contra cualquier libro que tenga integridad artística, no importa cuán franco y directo sea. Hemos recorrido un largo camino desde los días de Bowdler y de la Sra. Grundy y Comstock. Bien podemos regocijarnos con el resultado.
Morris L. Ernst30
Nueva York, 11 de diciembre de 1933
UNA CARTA DE JOYCE AL EDITOR DE ULISES EN ESTADOS UNIDOS
2 avenue St. Philibert, Passy Paris, 2 de abril de 1932 Estimado Sr. Bennett Cerf:Le agradezco mucho su mensaje que me ha transmitido el Sr. Robert Kastor. Usted me pide detalles de la historia de la publicación del Ulises y dado que está decidido a luchar por su legalización en los Estados Unidos y publicar la que será la única edición auténtica allí, pienso que también es justo que le cuente la historia de su publicación en Europa y las complicaciones que le siguieron en América, aun cuando tengo la impresión de que ya son suficientemente conocidas. Así como así, sin embargo, han dado a mi libro impreso una vida propia. ¡Habent sua fata libelli!
Seguramente usted está bien al tanto de las dificultades que he tenido para publicar todo lo que escribí justamente a partir del primer volumen en prosa que logré publicar: Dublineses. Tanto editores como impresores parecieron ponerse de acuerdo, no importa cuán diferentes hayan sido sus puntos de vista respecto de otros asuntos, en no publicar nada mío a medida que lo escribía. No menos de veintidós editores e impresores leyeron el manuscrito de Dublineses y cuando finalmente lo publicaron alguna persona muy amable acaparó la edición completa y la hizo quemar en Dublín —en un nuevo y privado auto de fe—. Sin la colaboración de la Egoist Press Ltd. London, dirigida por la Srta. Harriet Weaver, El retrato del artista adolescente estaría aún en forma de manuscrito.
Bien puede usted imaginar que cuando vine a París en el verano de 1920, con el voluminoso manuscrito del Ulises, debí afrontar aún más remotas probabilidades de encontrar un editor, por haber sido prohibido luego de la publicación del capítulo onceavo en la Little Review, que dirigían las Srtas. Margaret Anderson y Jane Heap. Ambas editoras fueron, como posiblemente recordará, procesadas a instancia de cierta sociedad, y el resultado fue que se prohibió cualquier futura publicación por entregas, se confiscaron las copias existentes y, según creo, les tomaron a ambas señoras sus huellas dactilares. Ofrecieron el manuscrito completo, sin embargo, a uno de sus colegas del mercado norteamericano, pero tengo grandes dudas de que se haya tomado siquiera la molestia de echarle un vistazo.
Mi amigo el Sr. Ezra Pound y la buena suerte me pusieron en contacto con una persona muy inteligente y enérgica, la Srta. Sylvia Beach, quien previamente había dirigido durante algunos años una pequeña librería de libros ingleses y biblioteca circulante, bajo el nombre de Shakespeare & Co. Esta valiente mujer se arriesgó a hacer aquello que los editores profesionales no quisieron hacer; tomó el manuscrito y lo llevó a los impresores. Se trataba de unos muy escrupulosos y experimentados impresores franceses de Dijon, la capital de las imprentas de Francia. Lo cierto es que di no poca importancia al trabajo, que fue hecho bien y rápidamente. Mi vista, por esos días, aún me permitía leer por mí mismo las pruebas, y así ocurrió que gracias al trabajo extra y a la amabilidad del Sr. Darantiére, el conocido impresor de Dijon, el Ulises apareció poco tiempo después de haberle enviado el manuscrito y recibí la primera copia impresa para mi cuadragésimo cumpleaños, el 2 de febrero de 1922.
Usted está, sin embargo, en un error cuando piensa que Shakespeare & Co. nunca publicó nada antes o luego del Ulises. En realidad, la Srta. Sylvia Beach sacó a luz un pequeño volumen de trece poemas míos titulados Poemas Manzanas en 1927 y también un volumen de ensayos y dos cartas de protesta sobre el libro que estoy escribiendo desde 1922. Este volumen salió en 1929 y lleva por título Our Exagmination round his factification for incamination of Work in Progress.
La publicación del Ulises en el continente, sin embargo, demostró ser meramente el comienzo de las complicaciones que habría de enfrentar en el Reino Unido y en los Estados Unidos. Se hicieron embarques con copias del Ulises a Norteamérica y a Gran Bretaña, con el resultado de que todas fueron confiscadas y quemadas por las autoridades aduaneras de Nueva York y de Folkestone. Esto creó una situación muy particular. En primer lugar, yo no podía adquirir los derechos de autor en los Estados Unidos, porque no cumplía con los requisitos de la ley norteamericana sobre derechos de autor, que exige la reimpresión en los Estados Unidos de cualquier libro inglés publicado en otro país, dentro de un período de seis meses luego de la fecha de su publicación. Por otro lado, la demanda por el Ulises que aumentaba año tras año, a medida que el libro iba conociéndose en círculos más amplios, daba la oportunidad para que cualquier persona inescrupulosa lo publicara y lo vendiera clandestinamente. Esto provocó una protesta firmada por ciento sesenta y siete escritores de todas las nacionalidades, e incluso obtuve un interdicto de una corte de Nueva York contra una de esas personas inescrupulosas. Adjunto copias de ambos documentos que pueden interesarle. Este interdicto, sin embargo, demostró ser inútil, por cuanto el acusado reanudó muy pronto su práctica, esta vez bajo otro nombre y con una manera diferente de proceder; concretamente, la falsificación fotográfica de la edición de París que contenía la falsificación del pie de imprenta del impresor de Dijon.
Por todo esto, le deseo con la mayor sinceridad el mejor de los éxitos en su valiente aventura, tanto respecto de la legalización del Ulises cuanto respecto de su publicación, y con todo gusto certifico por la presente que su edición no sólo será la única auténtica en los Estados Unidos, sino la única por la que, de aquí en más, percibiré regalías.
Personalmente, me sentiré muy dichoso si su empresa tiene éxito, ya que permitirá que los lectores norteamericanos, quienes siempre fueron muy amables conmigo, obtengan el texto autenticado de mi libro, sin correr el riesgo de estar ayudando a cualquier otra persona inescrupulosa en sus intentos de aprovecharse él solo del trabajo de otro, sobre el que no puede moralmente reclamar ninguna propiedad.
Puede haber algunos otros puntos en los cuales esté usted interesado, y espero que en caso de que usted vuelva por Europa este año me dé el gusto de comunicarse conmigo, ya sea directamente o a través de mi hijo, para permitir que le aclare algún punto que todavía le merezca alguna duda.
Muy atentamente, (firmado) JAMES JOYCESENTENCIA DEL JUEZ WOOLSEY EN EL PROCESO DE OBSCENIDAD CONTRA ULISES
I He leído todo el “Ulises” una vez y he leído varias veces aquellos pasajes que en particular merecen la reprobación del Gobierno. En realidad, durante muchas semanas he dedicado mi tiempo libre a considerar la decisión que me exige mi deber respecto de este asunto.
El “Ulises” no es un libro fácil de leer ni de comprender. Pero mucho se ha escrito sobre él, y para poder considerarlo adecuadamente es aconsejable leer además otros libros que se han convertido en sus satélites. El estudio del “Ulises” es, pues, una tarea pesada.
II La reputación que tiene el “Ulises” en el mundo literario justificaba, sin embargo, el que yo tomara todo el tiempo necesario para quedar satisfecho respecto de la intención con la que se escribió el libro, porque, por supuesto, en cualquier caso cuando se acusa a un libro de ser obsceno es preciso determinar primero si la intención con que fue escrito fue la así denominada -de acuerdo con la terminología usual- pornográfica, es decir, si fue escrito con el propósito de explotar la obscenidad.
Si se concluye que tal libro es pornográfico, entonces finaliza la investigación y es preciso confiscarlo.
Pero en el “Ulises”, a pesar de su franqueza poco usual, no he detectado en ningún lugar la mirada impúdica del sensual. Sostengo, por tanto, que no es pornográfico.
III Al escribir el “Ulises”, Joyce buscó experimentar seriamente con un nuevo género literario, si no por completo novedoso. Toma personas de clase media baja que viven en Dublín en 1904 y busca no sólo describir lo que hicieron un cierto día a principios de junio de ese año, a medida que caminaban por la ciudad, dedicados a sus ocupaciones habituales, sino que también intenta decir lo que muchos de ellos pensaban entre tanto.
Me parece que Joyce ha intentado con un éxito realmente sorprendente mostrar cómo se desenvuelve la pantalla de la conciencia con sus siempre errantes y caleidoscópicas impresiones, como si se desarrollara en un palimpsesto plástico, no sólo aquello que está en el foco de las observaciones hechas por un hombre de cuanto realmente sucede a su alrededor, sino también en una zona de penumbra donde hay residuos de impresiones pasadas, algunas recientes y otras que surgen por asociación desde el dominio del subconsciente. Muestra cómo cada una de estas impresiones afecta la vida y el comportamiento del personaje que está describiendo.
Lo que busca obtener no es diferente del resultado que se lograría con la doble, o, si esto fuera posible, con la exposición múltiple de una película cinematográfica que revelara claramente un primer plano junto con el último plano visible pero algo borroso y algunos grados fuera de foco.
Para expresar en palabras un efecto que obviamente se produce mejor mediante una técnica gráfica, cuenta mucho, me parece, con la obscuridad a la que se enfrenta el lector del “Ulises". Y esto también explica otro aspecto del libro, que tengo que considerar más adelante; concretamente, la sinceridad de Joyce y su honesto esfuerzo por mostrar exactamente cómo operan las mentes de sus personajes.
Si Joyce no hubiera intentado ser honesto al desarrollar la técnica que adoptó para el “Ulises”, el resultado hubiese sido psicológicamente erróneo, y de este modo desleal para con la técnica elegida. Tal actitud hubiese sido artísticamente inexcusable. Debido a que Joyce ha sido leal a su técnica y no eludió sus implicaciones, sino que intentó honestamente decir todo aquello que sus personajes pensaban, fue víctima de tantos ataques y su propósito a menudo tan incomprendido y mal interpretado. Porque su sincero y honesto intento para lograr su objetivo le exigió incidentalmente utilizar ciertas palabras que son consideradas generalmente como soeces y accedió a veces a lo que muchos piensan como una preocupación demasiado punzante sobre el sexo en la mente de sus personajes.
Las palabras criticadas como soeces son viejas palabras sajonas conocidas por casi todos los hombres y, me atrevería a decir, por muchas mujeres, siendo tales palabras las que utilizarían natural y habitualmente, según creo, la gente de la calle cuya vida, física y mental, Joyce intenta describir. Respecto del tema recurrente del sexo en la mente de sus personajes, debe recordarse siempre que el lugar es celta y la estación la primavera.
Si uno disfruta o no de la técnica que Joyce utiliza es cuestión de gustos, y allí todo desacuerdo o polémica es inútil, pero sujetar tal técnica a las normas de cualquier otra me parece que es un poco absurdo.
Por consiguiente, sostengo que el “Ulises” es un libro sincero y honesto y creo que las críticas que se le han hecho han quedado resueltas por su razón fundamental.
IV. Además, el “Ulises” es un sorprendente tour de force si uno piensa en el éxito que ha logrado en su mayor parte con un objetivo de tanta dificultad como el que Joyce se propuso a sí mismo. Como lo he dicho, el “Ulises” no es un libro fácil de leer. A veces es brillante, otras aburrido, inteligible, y oscuro. Muchos de sus pasajes me parecen desagradables, pero aunque contiene, como lo he mencionado anteriormente, muchas palabras usualmente consideradas soeces, no he encontrado nada que considere soez por el gusto de serlo. Cada palabra del libro contribuye, como la pieza de un mosaico a otra, al detalle de la pintura que Joyce intenta construir para su lectura.
Si uno no quiere unirse a tales personas como las descritas por Joyce, esto queda a criterio de cada uno. Para evitar el contacto indirecto con ellos, uno puede no querer leer el “Ulises”. Eso es bastante comprensible. Pero, entonces, cuando un artista tan real con las palabras, como lo es sin duda Joyce, busca trazar una pintura verdadera de la clase media baja en una ciudad europea, ¿debería ser legalmente imposible para el público norteamericano contemplar ese cuadro?
Para responder tal pregunta no basta con descubrir simplemente, como lo hice más arriba, que Joyce no escribió el “Ulises” con lo que comúnmente se denomina intención pornográfica, sino que debo lograr aplicar una norma más objetiva a su libro, para poder determinar su efecto sobre el resultado, más allá de la intención con que haya sido escrito.
V. El estatuto bajo el cual se presenta la demanda solamente denuncia, en tanto y cuanto nos concierne, la importación dentro de los EE UU., desde cualquier país extranjero, de “cualquier libro obsceno”. Sección 305 del Acta Tariff de 1930, Título 19, Código de los EE.UU., Sección 1305. No ordena en contra de los libros el espectro de adjetivos condenatorios encontrado, comúnmente, en leyes que tratan asuntos de esta naturaleza. Se me exige, por consiguiente, solamente que determine si el “Ulises” es obsceno dentro de la definición legal de tal término.
El significado de la palabra “obsceno” tal como la Corte la define legalmente es: tendiente a despertar impulsos sexuales o a despertar pensamientos sexualmente impuros o lujuriosos. Dunlop c/Estados Unidos, 165, EE.UU. 486, 501; EE.UU. c/Un libro titulado “Amor conyugal”, 48 F. (2do) 821, 824; EE.UU c/Un libro titulado “Anticoncepción”, 51 F. (2do) 525, 528; y comparar Dysart c/EE,UU., 272 U.S. 65S, 657; Swearingen c/EE.UU., 161 U.S. 446, 450; EE UU c/Vennett, 39 F. (2do) 564, 568 (C.C.A. 2); Gente c/Wendling, 258 N.Y. 451, 453.
Si un libro en particular intenta excitar tales impulsos y pensamientos, esto debe ser probado por el veredicto de la Corte sobre su efecto en una persona con instintos sexuales normales -lo que los franceses llamarían l´homme moyen sensuel31- el que desempeña en esta rama de la investigación legal, el mismo papel de reactivo hipotético que tiene el “hombre razonable” para la ley de agravios y el “hombre entendido en arte” en cuestiones legales de invención de patentes.
El riesgo que se corre al utilizar tales reactivos surge sin embargo, de la tendencia inherente de quien debe probar los hechos, por muy honesto que intente ser, por subordinar demasiado su reactivo a su propia idiosincrasia.
He intentado aquí evitar esto, dentro de lo posible, y hacer que el reactivo empleado fuese más objetivo de lo que sería de otro modo, adoptando el siguiente curso:
Luego de que tomara mi decisión sobre el aspecto del “Ulises” en consideración, controlé mis impresiones con dos amigos míos quienes en mi opinión respondieron al requisito de reactivo antes mencionado.
Estos asesores literarios -como debiera apropiadamente describirlos- fueron consultados por separado, y ninguno supo que estaba consultando al otro. Se trata de hombres cuya opinión acerca de la literatura y de la vida valoro mucho. Ambos habían leído el “Ulises” y, por supuesto, estaban por completo desconectados de esta causa. Sin dejar que ninguno de mis asesores supiera cuál era mi decisión, di a cada uno de ellos la definición legal de obsceno y pregunté a cada uno si en su opinión el “Ulises” era obsceno, según dicha definición.
Me interesó descubrir que ambos estuvieron de acuerdo con mi opinión: que leer el “Ulises” en su totalidad, tal como debe leerse un libro en una prueba como esta, no tendía a excitar impulsos sexuales o pensamientos lúbricos sino que su efecto neto sobre ellos era solamente el de un comentario en cierto modo trágico y muy fuerte sobre las vidas íntimas de hombres y mujeres.
La ley trata acerca de personas normales. Tal prueba como la que he descrito, por tanto, es la única prueba adecuada de obscenidad para el caso de un libro como el “Ulises”, el cual es un intento sincero y serio de explorar un nuevo método literario para la observación y la descripción de la humanidad.
Estoy en lo cierto de que, debido a algunas de sus escenas, el Ulises es un dibujo bastante fuerte, si se pregunta a personas bastante sensibles, aunque normales. Pero mi dictamen meditado, luego de amplia reflexión, es que aun cuando en muchos lugares el efecto del “Ulises” sobre el lector es indudablemente algo emético, en ningún lugar tiende a ser afrodisíaco.
El “Ulises”, puede, por lo tanto, ser admitido en los EE UU.
John M. Woolsey Juez de distrito de los EE UU.
6 de diciembre de 1933
Notas
Thornton, Weldon. Allusions in Ulysses. Chapel Hill, The University of North Carolina Press, 1968. 553 p. ↩
Las remisiones a páginas del texto inglés corresponden a la edición The Modern Library, 1942.
Traducción y notas adicionales: Eduardo Grüner
Dámaso Alonso (1898), el eminente poeta y crítico español, se encontraba enseñando lengua y literatura española en Cambridge en 1924 y 1925, y a su regreso a España en este último año le escribió a Joyce pidiéndole aclaración de ciertos pasajes del Retrato. La respuesta de Joyce ha sido tomada de una fotocopia amablemente suministrada por Alan Cohn, quien también ha proporcionado la información para las notas. ↩
La traducción firmada por Dámaso Alonso con el seudónimo de Alfonso Donado se publicó en Madrid en 1926 bajo el título “El artista adolescente (retrato)”. En carta a Alan Cohn el traductor escribe: “Ud. verá que tuvimos una pequeña discusión sobre el título español del libro. El que elegí nunca me satisfizo. Debo decir que jamás encontré uno mejor” ↩
Es posible que Joyce se refiera a la acepción latina del término. ↩
Entiendo que Joyce juega con el hecho de que su libro tiene cinco capitulos: al decir que “representa” una quinta parte de todo el período de la adolescencia”, identifica dicha período con el propio texto. ↩
Aquí Joyce utiliza el término italiano, bien por confusión o por desconocer la palabra en español. ↩
“En su carta”, escribe Alonso, “Joyce me remitió a la traducción francesa, La cual yo evité tanto como pude. Creo que mi traducción española estuvo más cerca del carácter original de la novela que la francesa. Hay en cierto modo un parentesco entre las idiosincrasias del pueblo español y el irlandés”. ↩
“Toasted boss” (Arcaísmo intraducible. EG). Joyce se refiere a los números de página en la edición de Jonathan Cape del “Retrato”(Londres 1924). ↩
“Trans” (por “translation”, traducción) ↩
“Slim Jim” (el Flaco Jim) ↩
“Sums and cuts” (sumas y cortes) ↩
Pierre Cambronne (1770-1842), general francés en Waterloo, de quien se dice que respondió a una orden inglesa de rendición: “¡Merde!”. Joyce se hizo el propósito de no usar jamás palabras vulgares en su correspondencia(salvo con su esposa), de ahí esta explicación elíptica. ↩
Joyce escribe “Cranley” cuando en realidad el nombre de su personaje es “Cranly” ↩
Joyce se refiere al monosílabo inglés “shit”(mierda). ↩
en francés en el original. ↩
We’ll have five bob each way on John Anthony Collins” (le apostaremos cinco libras a ganador a John Anthony Collins) ↩
Collins, John Anthony (1676-1752). Seguidor de Locke, Collins fue uno de los más destacados deistas y librepensadores, sosteniendo resonantes polémicas contra varios autores a quienes acusó de no someter a libre examen crítico las creencias religiosas recibidas dogmáticamente. Al rechazar lo que consideraba como fraudes y supersticiones de las Escrituras, llevaba a cabo la crítica bíblica luego desarrollada por muchos filósofos e historiadores. A la vez, la eliminación de tales fraudes y supersticiones podía, a su entender, descubrir lo que había de razonable y verdadero en la Biblia, que era lo que correspondía a las verdades morales naturales y universales. ↩
“Let us eke go, as Cranly has it... Damn your yelloy insolence” (vámonos aún, como lo dice Cranly... Condenada sea tu maldita insolencia). ↩
El término que utiliza Joyce es “sanguine”, equivalente a nuestro “violento” o “impetuoso”, o a la expresión “de carácter sanguíneo”. Evidentemente se trata de un juego de palabras entre “sanguíneo” y “bloody”, correspondiente a nuestro “maldito” o “condenado”, pero que literalmente significa “sangriento” ↩
Al explicar la claritas a Lynch, Stephen dice que la connotación es algo vaga. “Tomás de Aquino usa un término que parece inexacto. Me tuvo confundido por un tiempo. Le hacía pensar a uno que lo que tenía en mente era el simbolismo o el idealismo, siendo la cualidad suprema de la belleza una luz de otro mundo de cuya idea la materia no es sino la sombra, la realidad de la cual no es sino el símbolo” ↩
Probablemente, como lo sugiere Alan Cohn, una referencia a la pagina 277, en la que el estudiante advenedizo le pregunta a Cranly: “Veamos, por eso pretende Ud. ipso facto o, digamos, como por así hablar?”. Alonso presumiblemente no había dado la página de su cita. ↩
“Shining quietly behind a bushel of Wicklow bran”: brillando mansamente tras un almud de afrecho de Wicklow. ↩
bushel: antigua medida de capacidad inglesa(sin correspondencia española) equivalente a 35 de nuestros litros. Se utiliza también para el recipiente que contiene esa capacidad. ↩
“When we came away father... asked me why I did not join a rowing club. I pretended to think it over. Told me then how he broke Penny-feather´s heart”: Cuando nos alejamos, mi padre... me preguntó por qué no me asociaba a un club de remo. Finjí pensarlo. Entonces me contó como le había roto el corazón a Pennyfeather. ↩
Se refiere a que el corazón de los remeros aumenta de tamaño y está expuesto a ataques cuando se abandona el ejercicio. Expresión médica utilizada por entonces en Inglaterra. ↩
“—your soul!” ↩
Tradujo: Delia Pasini
Abogado de Bennett Cerf, de la editorial Random House, que defendió Ulises contra la acusación de obscenidad. ↩
En francés en el original(N del T.) ↩
