La Explicación con que Mármol inicia esta edición de Amalia1 logra introducirnos “históricamente” en
el sitio del exilio. Bajo el verosímil de novela histórica, el autor ensaya
de entrada una explicación a la que hay que
reconocerle la dignidad de situarse en una posición desde la que pretende
describir nada menos que los avatares de una época. Y lo ensaya poniendo en
juego lo que denomina: una ficción calculada. La palabra que no es inocente,
no es sin embargo caprichosa ya que nombra un lugar en que por un movimiento de ida y vuelta, real o virtual,
toma cuerpo cuando se trata del exilio. Y ese cálculo no oculta su destino
pedagógico: que las generaciones futuras tomen ese libro como testigo, como
memoria. Este efecto está anticipado, es más, tiene una fecha y un lugar:
Montevideo. Mayo 1851.
Si marco el tópico en que se conjugan el lugar y la fecha es porque otros de
los libros de que voy a ocuparme: Libro de navíos y borrascas2 y El vuelo del
tigre3 utilizan el mismo procedimiento: La Rioja (Argentina)
1975, Madrid
1980, el último; y Madrid
4 de octubre del 81-13 de enero del
82, el primero. Sólo que en estos dos libros, la fecha aparece al
final. El tópico —lugar y fecha— ubicado al principio o al final tiene
efectos sobre la narración. Y trátaré de dar cuenta del procedimiento por el
cual se produce esta inversión.
Pero no nos precipitemos. Volvamos a Amalia que
aparece como el lugar fundante en que pretende situarse esta argumentación
porque será el punto de partida para situar las versiones producidas desde
adentro y desde afuera, por escritores argentinos y extranjeros. Y el que
busque la analogía fácil, la comparación certera, puede hacerse su malasangre porque de nada de eso se trata.
Esta ficción calculada (la “Explicación”) ubica lo que va a leerse a
continuación en un registro de lectura determinado. Este efecto de
distanciamiento que se impone Mármol en relación a la actualidad libera a
Amalia de convertirse en esclava del
referente en tanto no se trata de un personaje que, enmascarado en una
instancia literaria, pretende hacer pasar los acontecimientos de su tiempo
por las desdichas de su propia subjetividad.
Que se pueda leer más allá de las circunstancias históricas en que se
produjo, no implica desconocerlas. Es más, Mármol aporta documentos, tal lo
que sucede con las clasificaciones de 18354 . Tales tablas se
refieren a una discriminación exhaustiva y por profesión de los enemigos de
Rosas. Mediante las pruebas se trata de con vencer y emocionar. La novela
induce. Para ello acude al exemplum que desde
Aristóteles está situado en lo paradigmático y dividido en real y ficticio correspondiendo el ejemplo
histórico al primero y la fábula y la parábola al segundo.
Se pueden encontrar en la novela fragmentos perfectamente separables que
funcionan a manera de relatos hagiográficos, retratos históricos que
interrumpen la narración y sólo después la historia prosigue. No entran en
este repertorio las con textualizaciones históricas y políticas que el autor
intercala pretendiendo, en un doble juego, situar la narración en
determinado momento, y por lo tanto también situar al lector.
En Mármol se trata de captar. Mediante la claridad de la narración intenta
despertar la curiosidad del lector, obtener su favor hacia uno de los lados
de las posiciones en juego. No por ello abandona el segundo procedimiento,
el ficticio, el de pequeñas parábolas donde desarrolla el uso de ciertas
alegorías, pero constituyendo un híbrido tal en que lo histórico siempre
viene a interrumpir. Quizá uno de los capítulos más ejemplares a este
respecto sea Primavera de Sangre .
Pero las continuas referencias a la literatura o a historia europea aparecen
funcionando como criterio de autoridad más que como un procedimiento
alegórico. Este se encuentra más bien según una retórica romántica, en
ciertas alegorías puntuadas sobre la naturaleza.
En Amalia la función de las citas es un
elemento más para aquello que se quiere demostrar. Mármol introduce su Explicación como una de las maneras del exordio, aquella en que el individuo no está
seguro de que su causa se identifique con la opinión autorizada; por lo
tanto, es necesario persuadir, dejar memoria. Es por eso que en esa especie de epílogo es fundamental el papel de
testimonio que adquieren los personajes que sobreviven al drama. Se trata de
retomar, enumerar y repetir las cosas sucedidas. Aquí aparece la diferencia
definitiva con el libro de Moyano. En éste el epílogo está fechado, pero
porque se parte de una premisa fundamental en que el exordio implícito
tácito es que la causa se identifica con la opinión autorizada: se trata de
una causa normal. Aquí es el autor el que está en juego, como en una
confesión, necesita demostrar su inocencia o su culpa. El lector ha variado,
también la intención. Por eso el epílogo se podría ubicar no en las cosas
sucedidas sino en los sentimientos, como conclusión poética llorosa, el gran
teatro, la gran escena.
La captatio benevolentiae5, ese intento de seducción, con que comienza el libro de
Moyano, lo hace concluir en el epílogo a la manera de esas escenas de las
obras del teatro español en que el autor terminaba expresándose modestamente
ante el público pidiendo “perdón por las muchas faltas".
Se pueden fijar dos posiciones: un autor que toma partido y quiere describir
política e históricamente los hechos, y no es que el narrador queda borrado
por el procedimiento, aun en el caso de Amalia,
se podría leer claramente su desdoblamiento en E. Belgrano y Daniel Bello.
Otra posición en que supuestamente el autor no interviene directamente
dejando lugar a la narración, pero no se trata aquí de que el narrador quede
borrado por los acontecimientos históricos, sino que lo que se borra es su
lugar en ellos. A este respecto la posición del narrador en las novelas de
Moyano es clara: de una fecha a la otra se puede pasar de la alegoría a la
purificación.
Pero desenterrar Amalia, para encontrar en “los
orígenes” las causas de nuestras desdichas sería un recurso desesperado. No
se trata de las analogías sino de las diferencias. No son los románticos
nuestros clásicos, nuestro cielo platónico a partir del cual nos
convertiremos en vanas sombras. No hay ya lugar para las reminiscencias sino
que se trata de puntuar ciertas intersecciones que se producen entre
distintas versiones de un proceso histórico determinado. Sin otorgarle la
suspicacia de una jerarquía pero al menos describiendo los efectos de esos
movimientos enumeraré de este modo para después desarrollarlos puntualmente:
A) La época rósista. Amalia ; B) Montevideo o la Nueva Troya de Alejandro
Dumas6, C) La Mas-Hórca y Rosas de Gustave Aimard7; D) Lo que ha venido a de nominarse como el proceso que comienza en 1976 y que dejo al
pesimismo u optimismo del lector fechar su término con su propia utopía, con
Proteo de Morris West8 y El
vuelo del tigre y Libro de navíos y
borrascas. Se tratará de demostrar lo que de común articulan estas
versiones en tanto distintos procedimientos literarios que no dejan de tener
efectos absolutamente políticos.
Por supuesto que el tópico de la versión (lateralmente en lo que hace al viaje de ida y de vuelta) no es nuevo en la
literatura argentina, ya Viñas supo deslumbramos con sus observaciones en
que su lectura supera siempre la mecánica de su método.
Comencemos por Amalia. Se podría decir que la
novela presenta dos posiciones políticas en relación al destierro que se
oponen y se complementan. La de Eduardo Belgrano y la de Daniel Bello. El
capítulo Daniel Bello lo resume largamente.
Bello propone fundar la asociación y combatir
contra Rosas desde adentro. Belgrano propone la emigración criticando la
individualidad y “un espíritu de raza que viene a completar la obra de
nuestra desorganización moral”9
estableciendo como en distintas partes del libro relaciones en que la imagen
histórica encuentra su correspondencia formal con hechos de otras
disciplinas. Todas las metáforas del Estado —cuerpo social— como cuerpo
enfermo, en descomposición, se repiten a lo largo del relato.
También ambos personajes aparecen situados de manera definitiva en el
interior de la novela y en relación a la situación del país. No es una
novela de caracteres sino que se oponen retóricas, estilos, ideas que los
personajes encarnan10.
La acción transcurre en Buenos Aires, salvo el viaje a Montevideo, y la
alusión al destierro está siempre presente produciendo efectos sobre la
trama de la novela. Situemos entonces las referencias a Europa: históricas,
literarias, políticas y sociológicas.
Las referencias históricas : la relación
explícita a la época del terror y a la Revolución Francesa que se articula
en el eje histórico—político11; la
relación a España donde reaparece esa “historia natural de los espíritus”,
citas explícitas extraídas de sucesos históricos como la noche de San
Bartolomé referida a la matanza de los hugonotes o esa tarde de la Pascua de
Resurrección cuando los sicilianos se lanzaron al degüello de más de dos mil
franceses.
La barbarie se busca en la civilización europea: hechos similares para
justificar y ejemplificar la situación moral del pueblo de Buenos Aires en
el momento en que comienza la historia12. Por eso la
referencia no es alegórica sino literal.
Las referencias literarias aparecen
fundamentalmente a través de descripciones. Hasta el punto de que cierta
retórica “romántica” acompaña al objeto en su descripción: “En una mesa de
mármol negro una pequeña lámpara de alabastro a cuya luz la joven leía las
meditaciones de Lamartine”. También aquí se oponen dos estéticas dejando
librado a lo espectacular del contraste lo efectivo del ejemplo. Mercedes
Rosas -hermana de Rosas y escritora bajo el seudónimo anagramatizado de M.
Sasor— aparece en la novela recitando poemas chabacanos que la ubican en la
dimensión del ridículo. Por otra parte, las referencias a los románticos,
como Victor Hugo por ejemplo, tienen sobre todo un valor político estético.
No tan marcados por ese signo se encuentran Lord Byron o Lamartine.
Los efectos que se pretenden analizar en este apresurado esquema —mucho se
ha escrito sobre Mármol, mucho más es lo que se podría escribir— es el lugar
que ocupa el libro respecto a estas referencias. Sostengo que ellas
funcionan literalmente para autorizarse, como modelo histórico político, y
el procedimiento alegórico no es lo fundamental, cumple más bien una función
poética que política, aún en el capítulo más marcado que es Primavera de Sangre . Porque aunque Mármol
nombre el procedimiento como alegoría, en realidad en Amalia , América funciona más como símbolo. Es
decir, aparece desplazado el lugar de la referencia: se toma América como el
lugar material para hacer operar la figura, lo que implicaría el
procedimiento del símbolo más que el de la alegoría. En Amalia, América es como un sueño soñado por un
Dios platónico13. En Montevideo o la Nueva Troya este lugar se hará más claro:
Montevideo, la Nueva Troya como símbolo, con un sentido absolutamente
político.
No se puede dejar de anotar aquí la crítica que el narrador hace del
opúsculo de Dumas. Siendo su posición filosófica y política antiespañola,
habiendo ya citado los adjetivos empleados para referirse a España
(fanática, supersticiosa, inquisidora) Mármol no puede entender que las
tradiciones paternas pudieran ser el nexo con la civilización europea14.
Referencias políticas . Se pueden denominar
históricas, a aquellas que responden a una lógica de los acontecimientos que
van sucediendo y de los efectos reales y específicos sobre los personajes,
incluyendo los desterrados, que estos acontecimientos tienen sobre la
actividad política que practican en Buenos Aires y Montevideo. El propio
Mármol se refiere a ella incluyendo a veces notas a pie de página
especialmente los capítulos Montevideo y Conferencias, donde dialoga Daniel Bello con
Florencio Varela y Julián Agüero. El capítulo El
gobernador delegado marca la posición del narrador respecto a la
política seguida por los desterrados en Montevideo en relación a la política
impulsada por Francia. Introduciendo un punto de vista crítico argumentado
especialmente en que la fascinación por Francia y el odio hacia Rosas
provocaron ciertos actos políticos que sin esta premisa serían
inentendibles.
Una posición filosófica que se apoya fundamentalmente en valores morales,
cuyo paradigma podría resumirse en: religión, virtud, ilustración.
Apareciendo un polo simétrico invertido donde lo positivizado de un lado
aparece negativizado en el otro, articulado sobre el eje: civilización,
barbarie.
Referencias sociológicas . El libro se
desarrolla como una especie de manual antropológico sobre las costumbres de
la época. Aquí es pertinente la metáfora, de una máquina rosista puesta en
movimiento. Metáfora que en la metonimia de la guillotina se transforma en
la imagen del terror. Se establece así una dicotomía entre el lenguaje de
los instintos y de la naturaleza, representado por el gaucho opuesto a un
lenguaje culto. La corrupción amenaza el cuerpo social por entero y la
máquina rosista llega hasta su estamento más profundo cuando se convierte en
una máquina discursiva que corrompe el lenguaje. Dos retóricas, una federal
y otra unitaria aparecen en escena ejemplificadas a través de las polémicas
en los diarios, entre La Gaceta Mercantil de Bs. As. y El comercio del Plata en Montevideo15.
LA NUEVA TROYA: SIMBOLO Y ANTITESIS
El libro de Alejandro Dumas, Montevideo o la Nueva
Troya responde a otra operación retó rica: la antítesis. El autor
desarrolla su argumentación estableciendo un paralelo entre el gaucho de la
provincia de Buenos Aires, cargado de to dos los pecados, opuesto al hombre
de campaña de Montevideo, adornado de todas las seducciones 16.
Este estilo de oposición alcanza a otras categorías, por ejemplo, a las
bellezas de la época. Agustina Rosas o Pepa Lavalle se oponen a Matilde
Stewart o Clementina G. Battle. J. Duprey lo sintetiza en esta oposición:
“Así entre los dos países, rivalidad de valor y elegancia en cuanto a los
hombres; rivalidad de belleza, gracia y apostura en cuanto a las
mujeres".
También funciona aquí, como en los casos anteriores, un aparato citacional
basado en el prestigio de la historia antigua: “Rosas partió de Buenos Aires
decidido a volver como Sila regresó a Roma, la espada en una mano y la
antorcha en la otra". El texto se dispone recurriendo fundamentalmente a la
descripción apoyada sobre el retrato y la prosopopeya. Pero el aparato
referencial no funciona alegóricamente sino como reserva literal donde de la
comparación cae el ejemplo. Esto en lo que hace a la función didáctica en la
política del texto: tomando fundamentalmente como intertextualidad La Iliada, hace equivaler cada uno de los
héroes del Sitio de Montevideo a los héroes del poema de Homero. Pero esta
disposición retórica no hace al sentido que tiene el libro. Y la figura de
la peste colocada como una de las plagas acaecidas en Montevideo revela el
carácter mitológico del asunto.
La escritura de este texto se sitúa en una doble articulación, por la
política que llevaba a cabo el gobierno de Montevideo. Ya que Dumas escribe
el libro con los datos que le suministra Melchor Pacheco y Obes, quien había
sido enviado por su gobierno con una misión absolutamente política para
despertar interés por la causa montevideana ante los ojos de Europa. Y D. Viñas sabe ubicar bien ese efecto cuando en su trabajo La mirada en el romanticismo coloca como acápite ese parágrafo con
que comienza La Nueva Troya, en que la mirada
del narrador se va acercando lentamente al puerto de Montevideo.
Por otra parte, está la situación de Dumas como hombre de letras en un
romanticismo tardío, pero con el sueño de todos los románticos: una causa
política de libertad, de justicia, extraña, exótica, americana; aunque no ya
a la manera de un Michelet o un G. Sand, con toda la honestidad que daba esa
ingenuidad de un idealismo generoso tan en boga en los años 48 en Francia.
Aumentado por otra parte por el verdadero furor que habían despertado las
obras de Dumas a partir de la universalización de Los Tres Mosqueteros .
En su nouvelle La intriga de amor describe
Dumas una anécdota que denota todo su interés y también qué significaban
para Dumas lo exótico de esos nombres y de esas tierras. Navegando en un
buque por el Rhin un niño que “con sus largos cabellos negros y sus ojos de
fuego, era un tipo viviente de la América del Sur” se acerca al escritor y
la mujer que acompaña al niño dice en francés: “Alejandro, ve a besar a tu
padrino”. En la sorpresa, Dumas acude a Don Juan para imaginar quien sabe qué
escena imposible en una pila bautismal de Río de Janeiro o de Buenos Aires.
Pero su asombro se acrecienta cuando le nombran Montevideo. Es que la
ciudad, una vez rechazado Rosas, puso el nombre del escritor a un
establecimiento filantrópico y uno de los expósitos mereció el nombre (tan
popular en Montevideo) de Alejandro.
Por supuesto que en el libro se encuentran exravagancias: poncho se
transforma en puncho; Dumas juega con la edad de Artigas, lo envejece o
rejuvenece de una página a otra. Pero el destino del libro depende del lugar
que tiene para Dumas y para Francia la cuestión del Plata en relación a
Europa. Dumas le dedica un número del diario Le
Mois. Hay numerosa bibliografía sobre las sesiones del Parlamento
que sitúan la dimensión histórica y política para Europa del sitio de
Montevideo. Además había una numerosa población francesa en Montevideo. Dos
años antes Guizot se había referido a la cuestión del Plata con la fábula
del lobo, (Rosas), la cabra (Oribe) y la col (Montevideo). No había medio de
hacerlos entrar en el mismo barco. Pero el libro de Dumas significaba la
operación inversa: el símbolo.
El opúsculo de Dumas, con su carácter de folletín político, tiene amplia
difusión en Montevideo. Los países del Plata se mosqueterizaban. Entre 1850
y 1851 circulan en Montevideo dos ediciones de La
Nueva Troya : una en francés, la otra en español. En Bs. As. la
prensa federal opone el prestigio de Dumas al incipiente éxito de E. Sue: el
opúsculo troyano no sería más que un intento de recuperar una fama aplastada
por Los misterios de París. Pero los efectos
de la comparación Montevideo-Troya se extienden y comienzan a aparecer
libros sobre el sitio de Montevideo. Pero la moraleja es distinta. Troya fue
destruida, Montevideo triunfó. Y aquí aparece el valor fundamental del libro
de Dumas que concluye circularmente. Sobre el final es la mirada de los
sitiados la que se dirige a Europa invocando la civilización en nombre de la
civilización. Pero Montevideo adquiere materialidad. No es sólo una ciudad,
sino también un símbolo. Es el símbolo del orden, la esperanza de la
civilización. América se convierte en baluarte de la humanidad. El último
bastión de la libertad, Montevideo puede ser tomada en su causa como símbolo
porque no sólo sirve a Dumas, sino a la política europea.
Eludiendo la fascinación y la curiosidad, ignorando el escándalo del plagio
(en términos modernos se podría considerar reescritura, ya que se trata de
una versión sobre Amalia a partir de la que
Aimard produce su propia interpretación), se pueden encontrar relaciones
interesantes entre La Mas-Horca y Rosas y el libro de Mármol. Para ello es
preciso no situarse en lo folklórico de ciertas extravagancias ni en el mito
de las ediciones fantasmas que reconocen un recorrido singular. Esto ya ha
sido escrito, y si el lector desea consultarlo se puede dejar llevar por las
referencias a pie de página en una búsqueda minuciosa pero no inútil, Aquí
se trata de arrancar al libro de Aimard del circuito de “curiosidad
literaria”17.
Para ello es necesario situarse en el registro de cierta lógica de las
sustituciones y tratar de ubicar los efectos y cómo operan dichas
sustituciones que se producen entre esos libros. Quizás únicamente señalando
los efectos de ese pasaje, sin ocuparse del campo específicamente
lingüístico o de reescritura que darían lugar a un trabajo sobre el detalle
que sería pretexto para otra lectura.
Sustituciones estructurales . Podemos denominar
así las grandes instancias que articulan la novela. Cambio de nombre de los
personajes y de los capítulos. Condensación de varios capítulos en uno en
función de cierta economía narrativa. Supresiones. Modificación del
desenlace. De esta manera Daniel Bello aparece como Miguel del Campo,
Eduardo Belgrano como Luis Belgrano. El capítulo que en Amalia se llama La hora
de comer es reemplazado con el nombre de El
antro del tigre .
Sustituciones en la lógica de las acciones .
Condensación de capítulos. Desplazamientos e intercalación de procedimientos
destinados a producir una lectura lineal. Se suprimen esas suspensiones del
relato que suceden en la novela de Mármol. La temporalidad es continua. Se
anula cualquier elemento que interrumpa el verosímil de relato de aventuras.
Es así como desaparecen en la versión de Aimard capítulos enteros en que el
narrador de Amalia se detiene en
consideraciones históricas, politicas y sociales.
Modificación del desenlace . Como la novela de
Aimard se presenta bajo el tópico de novela de aventuras, el final debe ser
feliz. Los héroes deben poder vencer a la tiranía, por otra parte hay que
tener en cuenta que está escrita casi treinta años después que Amalia y sobre hechos históricos consumados.
Esto le lleva a producir cambios en la trama. El padre de Miguel del Campo
(Daniel Bello) es el salvador providencial. Por lo tanto necesita incluirlo
en la historia unos capítulos antes de lo que lo hace Mármol, ya que en Amalia aparece en la escena final, cuando su
palabra suspende el puñal de la mazorca. Es por eso que en Rosas figuraese diálogo entre padre e hijo que
en la novela de Mármol no está.
Es notable también en Aimard el uso de ciertos índices destinados a
funcionar como articuladores de suspenso. Puntos suspensivos, frases cortas,
cortes que demoran o anuncian lo que va a venir.
El empleo de términos adjetivantes que de una cadena a otra se van
sustituyendo y que aparece también soportado por la persona de Rosas. Se
podría decir que se hace un uso bestial de ellos: tigre, lobo devorador,
zorro. Las descripciones se vuelven más hiperbólicas.
El recurso a lugares comunes fáciles de encontrar en las novelas de piratas.
Se pueden leer así exclamaciones del orden de: ¡maldito bribón! o ¡alabado
sea Dios!. La recurrencia a continuos arcaísmos que pretenden dar un sentido
de época. Todos estos factores producen un efecto de acumulación que
resaltan aún más en Aimard la retórica rosista como máquina discursiva del
terror18.
Sustituciones de interpretación. Estas se
podrían ubicar a nivel de la interpretación que Aimard hace de la novela de
Mármol. Un uso peyorativo en la sustitución del título de un capítulo: Donde esta larga historia amenaza concluir como un
sainete, nombre que por supuesto no figura en Amalia.
En este registro funcionan también las sustituciones de los autores
literarios. Por ejemplo, en el capítulo Preámbulo de
un drama se sustituye el Manfredo de
Byron, por Nuestra Señora de París de Hugo. Las Meditaciones de Lamartine son reemplazadas
por Las contemplaciones, también del autor de
Los Miserables. Seguramente por el lugar
que en ese momento dicho autor ocupaba en Francia y porque sus obras habían
alcanzado una difusión universal que lo hacían por su nombre accesible al
lector común.
El exotismo . Los signos dirigidos al lector europeo que se encuentran especialmente
en el uso, por otra parte confuso, de ciertos toponímicos y en la
descripción de las costumbres de América. Fundamentalmente en las
descripciones que Aimard hace del gaucho argentino: “No tiene tipo igual en
el mundo, bien que haya habido quien le haya comparado al árabe, al gitano,
a los indios indígenas de los desiertos americanos, no se parece a ninguno
de estos; él es él." Podemos decir que la ironía de Aimard respecto a Mármol
al denominar un capítulo: Donde el novelista cede
por un momento el puesto al historiador, lo alcanza a él cuando
cierta mirada pretendidamente etnográfica lo coloca en el lugar del
antropólogo.
Los signos al lector europeo se desplazan a lo largo de todo el relato
llegando incluso a ubicarse en notas a pie de página: “Pedimos al lector
que nos dispense por el estilo un poco chabacano pero indispensable para
poder formarse cabal concepto del estado de Buenos Aires en tiempos de la
odiosa tiranía de Rosas; no inventamos al contrario, suavizamos.” El uso de
cierta figura de atenuación, sin embargo, está destinada a producir un
efecto aún más espectacular.
Aclaraciones léxicas que no obstante funcionan como signos que van creando
indefectiblemente cierto protocolo de lectura: “Calificativo despreciativo
con que son conocidos en algunos países de América los extranjeros, y cuyo
significado equivale a poca diferencia a idólatra, infiel. Los americanos
del Sud estaban, y la mayor parte están todavía, convencidos de que los
europeos eran una especie de demonios sin fe ni ley.”19
La posición de Francia respecto a la cuestión del Plata. Así especialmente
en los capítulos 16 de Agosto y El gobernador delegado de Amalia que en Rosas aparecen condensados en un
solo capítulo con el título de: Donde se habla
de política. Lo que Aimard suprime es la
transcripción de los documentos tal vez por cierta economía del relato: “No
trasladaremos aquí el contenido de los documentos, primero por ser muy
extenso y luego porque nos los dará a conocer el curso de la conversación de
los tres diplomáticos.” Como se aprecia se trata en Aimard de una técnica
más coloquial. Pero lo que aparece directamente suprimido y sin mención
alguna son los comentarios del narrador (en Amalia) respecto a la posición política de Francia en la cuestión
del Plata y su relación con los desterrados unitarios argentinos.
LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD
En Proteo , cuya edición en castellano es
retirada de la circulación, Morris West acude al procedimiento de la
industria de la literatura popular: el trabajo en equipo, para ocuparse de
una ficción que denuncia los esfuerzos a que tendría que llegar un hombre
cuando la realidad se ve amenazada por tiranos o revolucionarios. Por
supuesto que su posición no es la misma que el personaje de Moyano, quiero
decir que no viajan en el mismo barco. El personaje y los propósitos de la
novela de West son absolutamente distintos. John Spada, especie de
ejecutivo, magnate y mafioso, ha formado una especie de organización
política clandestina bajo el símbolo del antiguo dios marino Proteo, capaz
de todas las transformaciones, símbolo del bien y del mal, que opera a nivel
internacional como una especie de CIA particular, paralela, con fines
humanísticos. Su hija, casada con un argentino, periodista liberal, es
secuestrada como su marido durante cierto período que podría abarcar entre
los años 1976—78, aunque ninguna fecha es mencionada en el texto, tampoco
nombres precisos: se trata del Presidente de Argentina y las organizaciones
clandestinas son identificadas por siglas. Buenos Aires entra así a formar
parte de un jet set internacional y circula como locus de intriga al nivel de Amsterdam, Nueva York o Berlín. La
cofradía reúne hombres de acción y personajes híbridos dispuestos a
embarcarse en proyectos exóticos. Los “hombres de buena voluntad” son
políticos, científicos, filósofos, hasta conjugar en un sólo personaje como
Spada o Lunarcharsky la acción y la cultura. Este último es una especie de
agente secreto, especialista en lenguas, interesado por los dialectos
españoles y especialmente por el lunfardo.
Planteada como novela de espionaje, el pez que circula entre los personajes
hace pasar el relato por la intriga, pero haciéndola concluir en función de
la escena final en que J. Spada, solo, mediante un arma mortífera, enfrenta
a las Naciones Unidas y al mundo entero: hace escuchar su mensaje. Los
“hombres de buena voluntad”, ante la violencia de los extremos, toman
justicia por su propia cuenta. Es en este sentido que el personaje es el
polo opuesto de la novela de Moyano en que la solución es otra. Allí cierto
paisaje naif, el violín, va reemplazando a las armas.
Volviendo a Proteo : el gobierno argentino
merced a las presiones de la Casa Blanca devuelve a la hija de Spada, pero
el yerno es retenido como nudo de la intriga que West necesita desarrollar.
Spada resuelve hacer una operación comando con los hombres de Proteo, a los
que se unen hombres de la guerrilla. Toda esta situación le permite
describir el diálogo de J. Spada con el presidente argentino al mejor estilo
de republiqueta latinoamericana. Y le permite también describir a los
guerrilleros como disfrutando en Europa de los placeres del exilio. Cada
adjetivo esta colocado para demostrar la corrupción de estos dos personajes
que entran a funcionar como equivalentes.
El exotismo del territorio ficcionalizado, porque ha pasado a ser un lugar
de acontecimientos (podría ser Guyana, El Salvador, etc.) es descripto de
maneras que ponen en claro es te efecto. J. Spada recibe una llamada de
Montevdeo. Queda perplejo, pero luego recuerda que es la capital del
Uruguay, que queda cerca del puerto de Bs. As. O este paseo por la calle
Florida: “En su camino pasaba por la calle Florida. A pesar de las
preocupaciones no podía dejar de observar la multitud pintoresca, de prestar
atención a los trozos de conversación en español, alemán, francés, italiano.
El tiempo estaba cálido y agradable y en el aire se olía una mezcla del
polvo de las pampas”. Al mismo tiempo Bs. As. se conecta por teléfono con
alejados centros de la política internacional y las líneas aéreas crean una
comunicación entre Bs. As.—Atenas—el canal de la Mancha, todo esto en un
mismo párrafo que incluye además ese factor de exotismo que la devuelve al
polvo de las pampas.
Para llevar adelante la misión, Spada se transforma en Proteo. Su identidad
primordial desaparecerá: Spada, pilar de la sociedad capitalista, se
transformará en el “espadachín negro”. Se trata de la misma descripción
estereotipada que aparece en la descripción de los personajes de Moyano,
sólo que situados en un contexto distinto. Hay también índices dedicados al
lector con el fin de “informarlo”: “De Buenos Aires al estuario del Río
Paraná y a la terminal del barco para Martín García, la distancia es de
aproximadamente 130 km”. Como no se trata de una alegoría hay un uso de
articuladores que van articulando el relato y que por su lugar de nudo
necesitan estar en el transcurso mismo del relato.
La intriga se desplaza de Buenos Aires a otros centros de poder. En EE.UU.,
la familia italoamericana de J. Spada, debido a los distintos sucesos de
orden político, es volada por el aire. Cada efecto va preparando el efecto
final. Interviene Proteo como equivalente de la Casa Blanca, las Naciones
Unidas y otras instituciones de ese orden. J. Spada enfrenta en el salón
general de las Naciones Unidas a los delegados de todos los países y
denuncia la injusticia al mundo entero, bajo el efecto de incluirse en
aquello mismo que denuncia. Todo se vuelve absolutamente universal, general.
De esos diversos lugares de poder se pasa, por un truco retórico, a un
discurso universal: o el bien o el mal. Todo el asunto se vuelve
absolutamente retórico: ¿quién podría estar públicamente a favor de las
cárceles, la muerte y la tortura? Su mensaje es difundido a Europa entera.
“Un hombre entra en conflicto con el mundo entero, con las fuerzas de la ley
y el orden establecido a fin de defender una causa humana.” El humanismo
triunfa en su fracaso sobre el individualismo del hombre capitalista. Spada
se suicida, ofrece su vida como testimonio del horror, expandido a la
humanidad entera en un movimiento universal e indefinido. En el ínterin
reconoce que ha fallado su juego, que ha matado, amenazado. Pero semejante
acto se pierde en la enumeración y acumulación de causas justas. La
monstruosidad retrocede a la historia medieval, inquisitoria. Esa narración
cuyo montaje consistía en ese lujo de detalles sobre los lugares queda
borrada en una generalidad universal. Spada muere para que Proteo, el
símbolo de todas esas causas, lo sobreviva. Es decir, una historia que
podría haber sucedido en todos esos lugares, pero en ninguno de ellos en
particular. Proteo concluye siendo su propio símbolo.
EL MITO DE LA INOCENCIA
Una alegoría presenta dos aspectos: uno, el aspecto inmediatamente literal
del texto y otro que es la significación moral, psicológica o teológica20. La convención de la fábula es llave de la alegoría:
hablando del mundo animal, el autor nos habla del mundo de los hombres.
En la novela El vuelo del tigre el
procedimiento es claro. Aparece en una doble vertiente articulada en dos
ejes, o se podría decir que una alegoría general que recorre toda la novela
pone en relación dos mundos: el de la música con el mundo social. El
percusionista representa al poder: la censura, la tortura, el estado amo que
ejerce la opresión sobre los esclavos. La articulación del relato recuerda a
la fábula. Desde el comienzo y aun en el título se produce un sistema de
oposiciones y equivalencias: la fábula del león contada por el viejo; el
lugar del tigre en que vienen montados los percusionistas en oposición al
final de pájaros que representan la libertad: “Todo prohibido en Hualacato,
pero la gente afina sus instrumentos en otro tono para no perder la alegría.
Y a medida que se va prohibiendo cualquier tono ellos suben o bajan sus
cuerdas, ya se sabe que la música es infinita. Con esto consiguen vivir en
un mundo por lo menos paralelo a la realidad y para no perder el rumbo se
refugian en sus antiguas creencias”.
Esta alegría de la naturaleza, este estado de inocencia, coloca al narrador
como arrojándolo del texto, con lo que no se hace evidente su posición; en
todo caso se trata de cierta concepción del mundo de la cual participa
indirectamente porque deja lugar al procedimiento de la alegoría.
En los libros de Moyano el movimiento paradigmático se cierra, porque antes
se ha producido el desplazamiento del símbolo (Mármol, Dumas) a la
alegoría.
Libro de navíos y borrascas trata de la
correspondencia entre el mundo de la navegación y el mundo político. Pero
aquí funciona de manera diferente a la alegoría clásica. En ésta el sistema
de equivalencias es fijo. Si se toma el paraíso para hacerlo corresponder
con la imagen de un prado podemos representar el espíritu santo por las
fuentes, las almas por las aves. Es decir, que aquella doctrina que se
quiere transmitir está socialmente codificada y es exterior al autor. En el
caso de las novelas de Mármol y West una materialidad (ciudad, documentos,
territorio) es tomada como referencia. En los libros de Moyano es al revés,
algo inmaterial, invisible, el mundo interior que busca una materialidad
para transmitirse. La alegoría se va fisurando dejando paso a un
intersticio. No se trata ya que la situación política es representada por
una alegoría, sino que ésta se convierte en una alegoría del mundo interior
del narrador. Es de esta manera que lo alegorizante es la política y lo
alegorizado es el mundo interior.
Es este el pasaje que se produce de un libro a otro de Moyano. Operando un
sistema de equivalencias (mundo interior—situación política) que funcionan a
partir de la analogía psicólogos—gauchos judíos, picanas—vaginas21.
El mundo interior , los sentimientos. La
verügienza que experimenta uno de los personajes cuando debe marchar hacia
el exilio.
La argumentación recurre a razonamientos falaces que quieren hacer pasar lo
general por lo particular. “Conti, Walsh, Urondo desaparecieron mientras
Borges era condecorado por Pinochet". Se ponen juntos dos términos separados
en una relación de causa-efecto. Se podrían criticar por separado las
condecoraciones de Borges pero eso no hace necesaria una relación de
implicancia como cree el autor.
El significante que articula todo el libro es la palabra volver que aparece tematizada en las letras de
tango (Mi Buenos Aires querido cuando yo te vuelva a ver no habrá más penas
ni olvido) porque es un viaje que se hace pensando ya de antemano en el
regreso: “En dos años estarán todos de vuelta”. En realidad no es un
discurso que retorna o un discurso del exilio sino un discurso que prepara
un retorno. El libro de Moyano es la materialidad misma de un descargo.
Para ello recurre al procedimiento literario del viaje. Tópico por otra
parte universal a la literatura y que en sí mismo no implica nada sino se
articula en un determinado contexto. Trataré de mostrar qué sucede en la
novela de Moyano: qué efectos tiene y por qué ha sido puesto ahí.
Esa figura que en el paisaje imaginario del Renacimiento hace su aparición:
la nave de los locos, extraño barco ebrio que navega los ríos de Renania y
los canales flamencos. Pero no se trata aquí de esa extrañeza ni de
excentricidad, se trata más bien de un discurso centrado en el yo del
narrador. El tópico del viaje conoce el Narrenschiff22,
composición literaria inspirada en el ciclo de los argonautas. A la manera
del Arca de Noé estas naves se disponen con una tripulación de héroes
imaginarios de modelos éticos o de tipos sociales transportados en un gran
viaje simbólico, mitológico. Por supuesto todos estos elementos aparecen en
el libro de Moyano, para expresar mejor el descargo del narrador. El barco
sirve como modelo para disponer los personajes según ciertos lugares
determinados: el loco, la burguesa, el sindicalista, los psicólogos, los
psiquiatras, el hombre de los servicios. Pero sabemos, desde los cuadros de
El Bosco, el destino de esta flota imaginaria: la purificación. El agua será
el lugar donde esta se realice. Por supuesto que el narrador ocupará un
lugar muy particular en este barco: el de los inocentes.
La cita que se transcribirá a continuación resume claramente lo dicho hasta
ahora; 1) lugar de la inocencia; 2) argumentos o razonamientos falaces; 3)
hacer corresponder las sensaciones del mundo interior del narrador,
puntualmente y en una relación de causa—efecto con el mundo político. Por
supuesto que el desplazamiento de una alegoría generalizada a una "visión
interior", no es ajeno al lugar y fecha con que concluyen ambos libros. He
aquí el fragmento anunciado:
“Porque es el momento en que todas las cosas
vacilan empezando por un servidor. Y digo que un tanto fuerte no porque vaya
a mostrar carnicerías y torturas (para eso hubiera hablado larga mente el
cuerpo de la uruguayita y de otros que al final se deschavaron en el
barquito) a esas cosas que las cuenten los que tengan mejor estómago que yo.
Y se desencantaría la respetable señora de la Torre de Pisa esperando que le
dijera como raptábamos militares y jefes de multinacionales y los matábamos,
como nos drogábamos para matar y hacer el amor al mismo tiempo por que así
son de asquerosos estos delincuentes. Nada de eso, los que vamos en este
barco somos setecientos idiotas que no estuvimos con nadie. Ni siquiera
intelectuales, para eso lo tenemos a Borges condecorado por Pinochet, y a
otros que se quedaron porque no pudieron salir y se aguantan como pueden la
tormenta o el olvido, en la calle, en la cárcel, o en la tumba, porque
agarraron los fierros o se les fue la pluma, como dicen de Paco Urondo y de
Rodolfo Walsh y paremos de contar que la lista es larga. No, los que vamos
aquí somos peoncitos, medio actores, medio músicos, medio poetas, medio
novelistas, nunca nada entero. La derecha y la izquierda, juntas se ríen de
nosotros... Ni el poder estable ni la revolución se hacen con muñequitos o
poemas. En esta tragedia que pasa en el teatro principal de la ciudad ni
siquiera somos personajes secundarios, ni apuntadores ni tramoyistas, ni los
que mueven los decorados, ni los que alzan o bajan el telón; ni siquiera los
espectadores, ni el que vende las entradas en la taquilla; ni siquiera
idiotas útiles, ni siquiera el indiferente que está tomando un cafecito en
el bar enfrente del teatro y no sabe cómo va la cosa. Nada. Somos los
pelotudos permanentes. Ni siquiera eso: boluditos alegres más bien haciendo
puzzles con sonidos o palabras o colores, crucigramistas de la vida, y todo
para qué, ni siquiera para divertirnos porque lo hemos tomado demasiado en
serio y el mundo va para otro lado, en una joda violentísima.”
Por supuesto que a este largo parlamento le sigue otro que oficia como
contraste, como contrapunto “ideológico”. Sin embargo, no es difícil leer
ahí, otra vez el anhelo a la redención, una que alcanza a todos:
“¿Y sabés
por qué busco algo sagrado? Porque nunca tuve ideología ni la voy a tener,
como no la tenés vos ni casi ninguno de nosotros. No servimos ni para la
guerra ni para la paz es hora de empezar a aceptar esto, no nos casamos con
nadie pero nos violan todos, los rusos o los yanquis que más da, y ellos
terminarán pactando pero nosotros seguiremos en el exilio. Por eso
necesitamos otro dios, que no sea ni inocente ni hijo de puta, un dios Prét
a-porter, inmediato, fuerte, modernista, simplote, un dios capaz de bancarse
las torturas y las violaciones, ¿me entendés?, que no sea silencioso y sobre
todo un dios que dé la cara... Un dios tan cierto que puedan creer en él
hasta los carceleros violadores, un dios en el que puedas creer cuando te
meten la picana en la vagina. Pero no te impresiones demasiado por esto,
mejor seguí llevando adelante tu barquito imaginario, aunque no más sea como
contrapeso.”
Detenemos la cita en el instante en que de continuar se precipitaría aún más
en lo obsceno. No en el sentido moral del término sino en su acepción
estrictamente etimológica: algo fuera de escena. Y en la cita se pueden leer
esos efectos en su referencia más ordinaria en la fascinación del narrador
por “el teatro” con todas las connotaciones que esta palabra cobra en el
párrafo transcripto. Espacio —fuera de lugar— que se 'abre en el desajuste
que se produce cuando se quiere homologar mundo interior—escena política. El
narrador busca la complicidad del lector para hacerlo partícipe de esa
ilusión.
Notas
Mármol, José. Amalia . Prólogo y notas de Adolfo Mitre. Clásicos
Argentinos. Buenos
Aires, Editorial Estrada, 1944. ↩
Moyano,
Daniel. Libro de navíos y borrascas.
Buenos Aires,
Legasa,
1983. ↩
“Entre los curiosos documentos inéditos que poseemos hoy
de tiempos de la dictadura, se hallan las famosas clasificaciones de
que tanto se ha hablado, y que comprenden nueve mil cuatrocientos
cuarenta y dos individuos: comenzadas en 1835 y concluidas parece en
1844.
Cuando escribimos la Amalia en el
destierro, nos referimos a ellas; pero como se comprende no
poseíamos entonces los documentos. Hoy, que están en nuestro poder,
insertamos en el texto de la obra que se conserva inédita una
pequeñísima parte de ellos para que se vean el orden y prolijidad de
esas tablas. Buenos Aires, 1855.”
Barthes, Roland. Investigaciones retóricas
1. Comunicaciones. Buenos Aires, Tiempo Contemporáneo,
1974.↩
Dumas, A. Montevideo o la Nueva Troya . Buenos Aires, Compañía Fabril
Financiera, Los libros del Mirasol, 1961. ↩
Aimard, G. La Mas-Hórca . Versión española de Luis
Calvo. Barcelona, Biblioteca del Plus Ultra, 1871.Aimard, G. Rosas . Versión española de Luis
Calvo. Barcelona, Biblioteca del Plus Ultra, 1871. ↩
West, Morris. Proteu. Um romance de
denuncia . Brasil, 1979. ↩
“...Sólo hay en la
clase baja una excepción y son los mulatos; los negros están
ensoberbecidos, los blancos prostituídos, pero los mulatos, por esa
propensión que hay en cada raza mezclada a elevarse y dignificarse, son
casi todos enemigos de Rosas, porque saben que los unitarios son la
gente ilustrada y culta, a la que siempre toman ellos por modelo”Mármol, J. Op. cit. p. 35, T.1. ↩
“...cada hombre de la
generación a que pertenece mos y que ha sido educado en la Universidad
de Buenos Aires es un compromiso vivo, palpitante, elocuente, del doctor
Alcorta”Mármol, J. Op. cit. p. 35, T.
1. ↩
“En la época a que
nos referimos además, la salud del ánimo empezaba a ser quebrantada por
el terror: por esa enfermedad terrible del espíritu conocida y estudiada
por la Inglaterra y por la Francia mucho tiempo antes que la
conociéramos en la América... a quienes los partidarios de Cromwell
habrían mirado con repugnancia y los amigos de Marat con horror.”Mármol, J. Op. cit. p. 9. T. 1. ↩
“En el
cataclismo en que habían caído, arrojados por la mano de Rosas todos los
principios de la constitución moral, social y política del cuerpo
argentino... perdido el equilibrio de las clases, rotos los diques en
fin al desborde de los malos instintos de una multitud sin creencias,
educada por aquel fanatismo español que abría los ojos del cuerpo a la
superstición."Mármol, J. Op. cit. p. 116. T. 11.
“Pasar del siglo XVI
de la España a los primeros días del siglo XIX de la Francia, era más
bien un sueño de poetas pastoriles que una concepción de hombres de
Estado... Rosas ese Mesías de sangré que esperaba la plebe argentina,
hija de la superstición española..."
“El porvenir de la América está
escrito en la obra de Dios mismo: es una magnífica y espléndida alegoría
en que ha revelado los destinos del nuevo mundo el gran poeta de la
creación universal. Estos ríos inmensos como el mar que se cruzan como
arterias del cuerpo gigantesco de América y refrescan por todas partes
sus entrañas abrasadas por el fuego de sus metales... Sí, todos esos
magníficos espectáculos son palabras elocuentes del len guaje figurado
de Dios, con el que revela el porvenir de estas regiones.”Mármol, J. Op. cit. p. 33. T.11. La cita de Amalia es explícita al respecto de la
diferencia entre símbolo y alegoría. ↩
“'Quedarse fijo en su abuelo y bisabuelo', para
esa solidaridad de tradiciones paternas darse la mano con la
civilización europea, como acaba de pretenderlo no sé qué mal conocedor
de la historia europea que ha escrito no sé con qué título de Nueva Troya , era cuanto se necesitaba para
ser más de lo que fueron el abuelo y el bisabuelo en tiempos de Carlos
III y de su antecesor"Mármol, J. Op. cit. p. 146/7. T.II. ↩
Amalia , tomo II,
pág. 80.“A la profanación del templo seguía la profanación del buen
gusto de las conveniencias de la manera del lenguaje... La oratoria de
la época tenía su vigor, su brillo, su sello federal, en la abundancia
de los adjetivos más extravagantes, más cínicos, más bárbaros. El
enemigo debía ser inmundo, sucio, asqueroso, chancho, mulato, vendido,
asesino, traidor, salvaje.” Esto por supuesto crea una retórica
simétrica invertida cuyas principales figuras se ejemplifican en la
mazorca o en Rosas: “Mesías de sangre”, “sanguinaria”, etc. ↩
Duprey, Jacques. Alejandro
Dumas, Rosas y Montevideo.Buenos Aires, 1942. ↩
Varetto, Elba. Amalia entre la historia y la ficción.
Buenos Aires, Rev. Todo es Historia ,
número 149, Octubre de 1979. ↩
La
Mas-Horca , pág. 28.“Rosas, ese Mesías sanguinario,
representante indigno del más odioso absolutismo, era realmente el jefe
querido de la plebe ignorante y fanática cuyos feroces instintos
fomentaba, al mismo tiempo que despiadadamente les doblegaba bajo su
férreo yugo; y Cuitiño, aquel monstruo de cara bestial apenas humana,
aquella máquina de degollar...”
pág. 58
“...—Sí, usted; precepto
indigno, federal inmundo, hombre abyecto a quien debería aplastar como
reptil venenoso pero cuya sangre no vierto porque su hedor no me
infecte... Usted que con su moral perversa inocula todo el veneno de sus
podridas entrañas en el corazón de los inocentes seres cuya educación le
confían padres infames o descuidados; usted que, el puñal en la mano,
excita al pueblo al degüello de los unitarios".
Morier, Henri. Dictionnaire de Poétique et de Rhétorique. Genéve, PUF,
1981↩
“...mientras las estrellas enfermas de los
gauchos psicólogos iluminaban el aire y caían chisporroteando en la
cubierta hasta apagarse, grandes animales enfermos que ellos nombraban
como constelaciones pero hablan do de víctimas y torturadores.
'Regresión sádico-anal', dijo un psicólogo como quien dice
tranquilamente 'La Osa Mayor', otro salió con la rareza de 'jactancia
fálica' en fórmula de escala musical, como si dijese 'escala
cromática'"."...Necesito un trago que me aturda para salir del otro
aturdimiento, yo no sé nada de picanas y vaginas, es demasiado para mi
violincito provinciano". ↩
Foucault, Michel. Historia de la locura
en la época clásica . México, FCE, Breviarios, 1976. ↩
Libro de
navíos y borrascas , pág. 191 hasta 197. ↩