Revista SITIO · N.º 4-5 (1985)

La novia del gendarme

para Diana Bilmezis

Oyeme, mi oime. Este es un mundo de apariciones y gorjeos. El sueño se elimina con calma. El arte siembra en grano (pero, ahora no se trata—). Lo cual: es una infamia, el patrón a seguir. La señora tenía frío en primavera. Con semejante método de trinar, en Viet-Nam y por parejas. Ya el fraude. Di la'ar o algo (algo se rajará en pedazos), algo: la revuelta sin pago. Que las masas saben quienes son los verdaderos revolucionarios, 1°. Que las masas saben quienes son los verdaderos revolucionarios. La política de este hueco donde nada arde. Tampoco los griegos (de tarde en tarde). Hay un animal caído, no un palacio. Es de fauces frágiles y saliva amurada. Guerrear guía, guerrear mater, guerrear oreja y falange. El infinito donde empieza algo, algo: la tardanza. Chupado. ¡Retempla! La señora nació de un zapallo, la cigüeña la trajo. Es el televisor, es el televisor, es: (el frente resquebrajado de las clases): la muerte patina y no se instala, no encaja. La lógica que engalana (arrastre la voz). Los aires de darse aire, respirar tal vez. Educativamente hablando. Educativamente con los instrumentos precisos para el corte, y en el aspecto monocorde y ambicioso. Hasta el hongoide final. Arriba, más arriba, hay una proporción. Cuidado con los que fingen dormir. Bello y triste. Las muchachas calientan los sentidos, todos los sentidos, y se ríen del doble coolie (¿flor?) Oh: mala fe. El pétalo que cae (rumbo a Siberia). Mañana: el pétalo que cae (en la propia mano, en el error). Y cuán cuán es este error. Tejerán los libros con arañas que respiran incluso bajo el agua (¿por qué no?, dueño de una inmobiliaria). ¿Por qué no? Y el planeta, nada más, el clavel del aire. Un simple clavel contra toda clave: oh. Mala fe. Europa repugnante. Los grandes lagos se yerguen cubiertos por una película de grasa fría y los animales andan estupefactos. Los fuera de la ley, en el ocaso, encienden fuegos y parpadean con un estilo, con un estilo, de pantomima ideológica (filosófica, lógica y política). Pero ahora no se trata (de la revolución china). Hay que imitar las palabras (y basta) con labio leporino y sin bigotes. Un júbilo más que achicharrado, unos húngaros testaferros de la nieve. (Le pide el aroma de la camisa: tetillas.) El sapo desafina: “Es el último cheque y no habrá otro, no habrá más.” Entonces hay una distensión, pero muy mal persuadida. La vida: la vida no es divertida sin Hitler. —A causa de la inversión llevada a cabo (por Nietzsche) no le queda a la metafísica otro recurso que entregarse a sus abusos—. Llevan coros de niños a la televisión, los van formando. Las palabras del canto se volatilizan en el color y la luz. Después el lavarropas, el automóvil y el anuncio “Ejército Argentino” se desplazan hasta ro... rozar el punto más sensible —las tasas de interés—, y entonces un telón monocromo (blanco o negro) ciega el ojo de la cámara. En suspenso, el precio del pan. En suspenso, la cotización de la miel de las abejas del Líbano, que ya no liban. “¿Arroz con leche? ¡queremos volver a Treblinka!” A los palestinos les falta algo, ¿es el Doktor Mengele lo que a los palestinos les falta? Es terrible la pena de (este) amor. Es terrible el fracaso en un arte amado, por ejemplo éste. Pero nada comparable a la expulsión del partido. La puerta se cierra, caminar, llegar hasta la esquina. Y hasta la esquina se llega, hasta esta esquina. Punto: prohibido, el semáforo en rojo, al rojo vivo, un fuego que extraería lunares de la nada. Cada lunar sería un nuevo principio (solar). En esta esquina se muerde el filtro del cigarrillo. Una butaca en un cine: la guerra. Alemania entera se moviliza. Es formidable. Argentina (¡Argentina, Argentina!) especula con la caída del imperio británico. Polonia aplastada, es la vida. Silencio. Silencio en la oscuridad, oscuridad en el silencio, una mano indiferente a la diferen escala un (ala) bragueta. Las orugas de los tanques y la cremallera del pantalón luchan con similares obstáculos, imprevisibles montículos, zanjas. Pero igual: igual. Aquí el pen erecto, allá la svástica cabalgando sobre el Arco de Triunfo (de alquitrán). El mismo chillido de maricas recorre todo el planeta. Estamos transplantando órganos. Las Malvinas en el corazón de Buenos Aires. En el kilómetro Cero. La deuda externa en un bosque petrificado. La vaselina en el costillar dorado, doradillo del heroico Mary-conh: que el aliento sobre la nuca (rubia), que la penetración sea con dolor. Y la'ar dijeron al unísono: la revuelta sin pago, salvo los mapas (del estado mayor: en el cielo raso). La conveniencia o no de haber pertenecido a la “vieja guardia”. La conveniencia o no de superar: la exhausta (condición) de simple coronel hasta obtener los prismáticos de general. Y las historias, hartas, de los hombres sabios: irritada, irritable lectura de las bellas letras. Hasta en los plenarios de delegados se leen poesías Emas. Le agradezco, mi amigo: Perón se carteaba con los artistas. Le agradezco; mi amigo, el envío de su última obra, certeramente meritoria: imagínese, yo aquí, rodeado de gayegos bozales... tropiezan en todas las letras, o bien parece que quisieran quedarse a vivir en algunas de ellas. Su libro me devolvió el deleite de la lengua castellana. Vea como fue: Fue como ver. El otro lado del mar. — Los enemigos pactan, óyeme mi oime, pactan incluso la rotura del pacto, óyeme mi oime. Mirá pelotudo. Mirá canaya. Basta, cuidado. El destino olfatea. Pero: El movimiento obrero revolucionario renace siempre de una madre virgen. Un feto y un microcéfalo tiran de las riendas. Qué buena es la vida de la mala leche: ¿Muere acaso por la boca lo que nace por la oreja? Por supuesto: habría que tener una visión de conducto. Epoca, epocá, de sedantes, de barbitúricos a veces, como se lee en los diarios cuando el muerto es famoso, o turbo-sexy. El mate con canela significa amor. El coraje de no leer estimula la matriz metafórica. Pero el espacio es demasiado sutil. La excitación se remite y transmite de un volumen a otro, de la mujer al homosexual-pocilga. — Yo quisiera ser obrera textil, pero para llegar (primero) a delegada de sección, mujer, luego de fábrica, y luego, más luego, ¡en un momento dado!, a secretaria mujer del sindicato, el futuro, y si lo logro (eso) será —eso— el des-tajo.— Lo que sufrieron los comunistas a lo largo de la historia verídica (saliva frágil) sólo tiene un equivalente: esta hedionda tarde. El hallazgo pasa rápido su cumpleaños. La penuria de la vela, Pero que haya algo no supone —en Grecia al fin— cortedad de medios, inmadurez dialéctica; al contrario. Vamos, el contrario se escarcha y ya no estamos (“no estaban: para esas nueces”). Quienquiera que ame, cotillea. Porque si antes no lo sabíamos, ahora (para estas nueces) estamos: hartos de saberlo, y enfermos: con taras de perdurar; el puente que suicida. El pez nada, pez es una sílaba, una sílaba nada: se sigue el principio de la intensidad final. El remo de oro y la nuez de cáscara. La embarcación de los transplantes, órgano por órgano (contra la tentación de multiplicar). Con un solo océano basta. Y basta: con una sola cáscara. A la especie humana no le gusta la guerra, la hace para aguar, aguar la fiesta de los pájaros (terrorismo, ecologizar). El marxismo es rico en contradicciones, pero resulta que el peronismo (argentino) se las sabe todas. Aunque se llevará (su sorete a la tumba). — Unicamente: “Unicamente lo genial es soportable, y el hombre medio debe ser exprimido para que lo haga surgir o lo admita”.— Sin paradojas ya. En el surf, en la cresta del Yo. Puteando. Adiestrado. Un cuadro, (¡y qué cuadro!). Qué cuadro, compañero. Achanchado por los crímenes menos (moderados) más (modernos). Menos, más —empezamos: el 16 de setiembre, el goril, el golpe. Y nos estamos acercando, inexorables (indexados, alguien diría casi) a la Gran Boda, al pastel de hojaldre: al Octubre Dieciesiete, el día: cuando los dioses rieron en lo alto, o por lo menos— cuando menos batieron palmas. Millones de aplausos. En dos cuadernos se acerca el diecisiete, a sí mismo se toca en una novela doble (se aplaude). En esta libreta marca: Guerrero , bajo el título “La novia del Gendarme”, y en el cuaderno América , llamada “Las Hijas de Hegel” (llamado). Llamado de pequeños detalles materiales, clamores en un clamor solo, del que se envanecen los autores. Tomar bien por el kull es la receta, en línea recta. Ya apareció, ya tuvo que decirlo: decir el teórico, el poeta felón. Es terrible: un grito de mujer anuncia por los corredores, que la reina ha muerto. La pérdida de la Razón no conducía a la locura sino a las racionalidades, a las na-cionalidades: el orden de los Estados no tolera ya el desorden de los corazones. Generalmente, el libro que se está leyendo: un delirio, un humor seco y entrañable, bastaría: menos que un papiro tazo bastaría para reducirlo a polvo y a ceniza (a ese dios que manda). La identificación asfixia, crucifica. ¿Cómo, Moh, molestar a una pareja de enamorados? ¿Tocar el pezón de ella o tocárselo a él? Tus preguntas, Moh, tienen una sola respuesta, Moh. ¿Cansado, eh? Las pausas del componer, “mi querido muchacho” Cansado de comportarte como tal de madre tal. Fuiste a lo esencial: ahora ya es tarde. Tenemos que pensar en el sello de correos, no en el matasellos, no, en el encabezamiento “mi querido muchacho”, y en la put-ta firma. (¿Ese cigarrillo encendido con manos —pulso—temblorosos!) Pero, “ya que estábamos”. El pene y la vagina, justo adrede. Una corista pancha: la kora semiótica. Lo más pancha. Empero y sin embargo, a fuer de la gracia impaga de una revuelta (más, de un desorden) el cuerpo penetrable debe ser un cuerpo continuo . Un trozo de verdad, calienta. El amateur porque , y malvencidos en las Malvinas (ingleses y argentinos) se retiran (para morir, calientes) de las islas—: de la neblina entrecortada en una garganta con demasiadas teclas, pero que solo en una corre el margen. Así se vence al capítulo de los vencidos, el único que sólo (solo) merece derrota. Que caiga el bien sobre la paja brava, oh, claro, dueño de una inmobiliaria ¿por qué no? Que se derrame el bien como quien dice “chúpame”. La que larga: aproximación, que no es ruido, ni siquiera en el femenino perentoria. Ni siquiera, la idea: la idea es bárbara. Escribir pan y manteca. Allá va la novia del gendarme, lo espera a él, lo recalca, para colmarlo con un chiquito (himen) no más grande. Grande, no más que un clítoris desdoblado, que un pulgar enfermo de razón (habíala, y perdido). Entrar a lo grande. Entrar. Este corazón de cepo, aguanta: incluso, incluso civilizaciones, dos sartas, una barbarie. Templo al Templo. Para procrear de menos, y todavía alegrándose, a lo glande. Es muy pequeño (el participio del verbo). La Novia del Gendarme: la novia (del gendarme) y guerra de las minas bajo la tierra estuprada. Qué estupor ni qué nada. La Novia del Gendarme: “él me quiere en la frontera, yo lo prefiero como la imagin, imaginación del charco —mal habido— más que como el charco de agua; más que como: la letrina de ensartarla”. ¿Más que que que? Supongámoslo (por un momento) ensangrentado: aspira el páramo, el marasmo, por las tres caretas del pan: Otra que el pánico soy yo, entonces la boda así será. Blanda y semejante, cual (igual) la llave de lana que cerraba, con punto cruz, la proa de la navegación. El asalto a la política nos impulsa hacia un turbio y poseído (poseso) más claro, como si lo hubiéramos soñado, o soñado que la gota pasa por la voz: el esdrújulo padre y la madre grave, el hijo. Es un saco de huesos, flaco como un milonco: comilón, y encima aficionado: para colmo. ¿Mundo es éste? gorjeos oa, ¿o apariciones la , laá , la'ar o algo? Oh: nada fe. La cotización del cólar hoy. Hoy es más sensible que las tasas de interés. Templo al Templo, edificado con plátanos (todo: para resbalar) con todo, y no encaja: es una puta genuflexa flexionando el escroto. En en, este, en otro sistema, cada palabra a donde menos llega. Acuaria invencible Aatra Paala. Así de fala. Aquí ¿y? ya. Aunque sólo traigan, los que nos invaden, un bidón. Siempre de fiesta el gurú, siempre, y en una comunidad sola, Templo: siempre en una comunidad sola tienen que habitar las tres partes, o lados: la Una extranjera y las dos vernáculas. Así en tu “La Hizo” tibetan, tibetan tibetano, copulan. Hasta los guijarros. Hasta ya prosiguió: el final hasta el final: ora de pie, la Oreja, la leche pudre (con guantes de vaca), y en el cuenco póstumo del alarde —anal allí— está la rata, ya se sabe. Gris nevada, con Goering, con restos de pelambre. Goga Incháuspide, una aliada, ya a Goga Incháuspide , ya, dedicado (dedicado el poder, escándalo de la lucha, y ella misma. La lucha, escándalo del poder). Pero claro: si aquí hay lo algo, lo dicho, todo (el tétrico) error: como si nos maniatáramos sólo los pies y luego, luego luego, a la postre, mostráramos las manos. El hueco. Las palmas victoriosas luego. El haz (desfiladeros) las arrugas infinito, prologadas. Chupadas por un retemplo. Perón surgía antes y a las mil mara villas — no con este méé-todo, ajeno al agua cristalina que todo lo embarra. Para empezar. Un ineludible soto de violencia para pikinear en el Soto mayor. Ramón Elhlío, Ramón... que todavía... estés ahí, y cangrejeando salvas, basta, de neón: un brillo de fraude y neón Hotel ... tel ... tel ... Hotel ... Ho ... El fastidio, la biblioteca del suboficial: ¡para alejar el fastidio de la vida de hotel! Da lo mismo, parece: vedas para condimentar y homilías para condimentar. Es, se trata, de la pesada, una gran fiesta heterosexual: hasta las mujeres afilan sus cadenas y van. Vienen. A mear caruchas revolucionarias en una tinaja de alquitrán. A mirar sin ver, en la tercera o cuarta deposición anal, que la alegría de la vida:... no; el valor que representa, y marcada. Marcada fruta seca: todo así. Todo así, me vine a vivir a casa de mi madre y de mi hermana (y de mi cuñado y sobrinos, además y por lo tanto), me vine aquí, que es Mar del Plata, en agosto, después de medio año catalán. Yo tengo cuarenta y dos: abril doce, mil novecientos cuarenta. Escriba algo tal vez. Inicié go por ahora. Ya está iniciado en dos cuadernos: “Las hijas de Hegel” “Por un capítulo primero” Lo gil del caso es mi poca preparación (en mi caso). Aunque hay maneras, de todos modos: de todos modos (“maneras”) de desencadenar la tragedia. Estilo a discreción, realizaciones ya de hombre de barba, códigos sin cogito y, en fin, gramos sin ala y hasta una ligera pechuga de audacia, creo, ah, que todavía no me faltan: la tragedia es útil y no fácil. Según releo, me interrumpí para exponer lo gil del caso. La casa de Mar del Plata está a una cuadra (del mar).

Bueno bueno. La locura —hábrase visto— como destino dividual, más que in-dividual. Operación pueril y, y, idiota: cretina (palabra justa). Demasiado ajustándose todo, ajustandosé, ajustandosé.

—hoy es 17 de octubre— plin y desaparición, igual. Es, aparece, ya.

La casa de Mar del Plata está a una cuadra del mar. Las onomatopeyas, como las ruinas, están. Y son: de nunca acabar. Onomatopeyas de nunca acabar, intentar. Hablarle a la vida luenga (lengua), desde la agonía digamos, no desde la muerte. Si bien, una u otra, el estilo es doble, cooli-flor. En lo siniestro —estilo— es allí donde banquetean las fuerzas. Pero, agonía despeñada. Mero, hacia la fosa común del ag, ¡ag, ag! Tal el personaje (comic) tal el globo. Aire encerrado. La señora en invierno se congela. Esta casita tiene su querubín (soy yo). Y, vaya tener, yo só lo tengo: mi obra maestra. Fracasa todos los días como el horizonte cuando se pone el sol, igual. Es, aparece, ya.

¡Qué hermoso puterío endogámico! Un hombre es para otro (y así de pronto) la mujer que falta: esa mujer que nunca falta. Esperas glúteas de dominio, reparto de caracoles, intestinal serpiente y esfínteres: nada falta. Pronto, así de burdo. Tu hijo es el hijo de mis entrañas, pero un diminuto espacio de mi entraña, sólo a tí te pertenece. A ti. El quien que desde el vamos se sumó al consumado dos más dos. Llora todo lo que quieras, inabarcable, azúl ángel de la prostitución oceánica. Que se entienda, ni falta que hace. Decirlo (encima) menos aún hace falta. Se ha vuelto una cuestión de profesores y profesionales. Soportar la pedantería de la cátedra sin desenvolverse: porque se ha vuelto. ¿Algunas todavía se o lo desenvuelven? Es posible alguien. Algún grande. Provisto del don de enredarlo todo (don) con transparencia franciscana. Nuestro no. Nuestro no , nuestro no es el caso. Lo inverso en bloque de mármol. Que la boca se haga taladro, y el perro esquí. Y todo, y tanto, y mal. Lo perdido y lo enredado, ese juego: que es posible decirlo, poco menos que: con sus mismas palabras. Alteza serenísima deteniéndose un minuto a dejar de pensar. Y permitir: los afeites y el mohín. La rubia hormiga: el buey que ya no ara, tractor de madreselvas. En otro momento vamos a estallar: sólo (el arte de resucitar) podía llevarnos a estos extremos y el indubitable, indubitable afán de cundir, lo que cunde, en el círculo: de un núcleo. El único hotel alejado del fastidio, la vida, conservando (no obstante) el pathos de esta hedionda tarde. Que nos vieron nacer. Se imita y copia, antes. Nos lo prohibíamos. Protección, protegiéndonos con el mimbre de variar. A los que nos vieron nacer: encontrado en una botella, el manuscrito tapas blancas (letras naranjas) era un fiord. Una y mil. Una fotocopia partícipe de la partitura entregada al fuego de las llamas. Una. Una estética de mangrullo, soberana. Antes. Después ante lo imposible —primero publicar, después escribir— reptar ante: ante la resmadre y no entregarse. Qué clase de víbora ser, enculada por Adán (¿al diablo!) y humiye, humillada por Eva, atacada por ella con pelotas pardas de verdín y fango. Look, Lugones finitamente superior a Borges. La trama irresponsable del bolígrafo húngaro contra el fondo (sobre) el papel cuadridulado: la va de culata, lava de culata, lava de culata se —sobrentiende— la cuadriculada: televisión espléndida con marca de fábrica. Juro que nadie me escribe mis novelas. Soy yo solo, es la bola que se corre, y dile: otra vez el bolígrafo. Ojalá sin fonética escribirme como me llamo, Mucama, Ojalá. Deje su debér aquí, a mano de mi garganta. Ya no, Meym, me importa, Diana, nada: mi queridísima Diana. Hago escenas, Bataan, tan banales. Hago del amor un pelo blanco, una trenza tan, pero tan untada (de grasa) que a tu intemperie sirve como poncho engomado. Este punto no incluye, sin embargo, siglo (XX), un frente —común frente con los mineros bolivianos— y entre: los dos Octubres, Petrobaires grado. La bragueta de (pronto) cae y salta el falo. Se pone: punto final a la intensidad del principio. El obrero boliviano, entecamente: indiferente al Comandante Che Guevara, pone al palo. ¿Está con su mina? —compañero de cuadro. Más azteca que un chupón— mis novelas las escribo yo, los cuento (los hace) el rosario calloso del taladro, en el trabajo. En el trabajo de un meñique palio, bajo el índice del miriñaque. En el poder que he tomado en la red, fractura, retícula divisoria bajo. El empuje de las divisiones tan-que. Interrogado, tiro —entreperdón— la goma y yo no escribo: la novela de uná sentada, adivino. Sobre lo que estoy sentada. Es un frío, hielo y punzón. En la celda palanca de lo que me mueve, contra el corriente aire: rata. Yosefina y Yosef. La K., fuera de toda alabanza. Allí, allá (y más) sobre la emulsión del tribunal, la rata se impresionó. En un alarde. Qué hermoso (destino) es esto: en un ala arde el estudio fotográfico, y en la otra el martillo se suspende, en el aire, ni siquiera puede. Blandir a muerte las pulgas del primer guardia. Me gustan las mujeres comidilla en la hoja de una escudilla de lata: llegaré hasta el final, hasta tener una madre trampa: ahí salta la loca y, hasta, hasta ella se une a la cabalgata. En su teto materno llevaba del circo al cine, en su seno. Diríamos tal cosa, claro: despertar muchachas y muchachos en un set ( es ) spots iluminado, uno cada uno (viniendo) de la mazmorra clave. Con las almas bolcheviques — en última instancia — y con las armas: sacerdotales. —No es para tanto, ya empezamos—. El óyeme, mi oíme, punto de partida (sin válvula), o la vulva: socia en el pantano, de los pies descalzos. Di mitri, yo dimi — óyeme (con el áspid Jesús en boca), mi oíme: dimití, y. Y Lenin no, a mi no me mirará las manos, sino el corazón silencioso de los labios y el uso proclive de los guantes. Aun en prisión. En el dekabrista aún, que al monte tira. A los olivos —salve— las espadas. Y en el dinero que engarcé en la soga del letrina acusado. Mierda de los latinos, placeres de los placeres. Hay Ti, taché mis rayas (¡no me vengan!) sí, por supuesto y agua, claro: me he excusado: no hay peor Roma que La Haya. Y puesto a callarlo todo, Hay Ti, darme que no puedo pór la a mitad. Es una vergüenza lo que estoy haciendo, indigna y piara del cerdo de mis años, y con el plus del as, de la psicosis de los pájaros, ¡saliva del farol empedrado a gas! Un delator —atención— con piel de zapa. —La señorita Juana Blanco, preciosista, persona que ama, pide la habitación íntima para recibir una picadura de sexo— Taladro gira, las limaduras de Amor. El Amor excelso en la cama (del maleducado). Las ensangrentadas (sábanas) del incesticidio, todo incesto a la parrilla, al parricidio: aplomado en su muerte, ya invicto: amortajado ya por un sistema cortés, hospitalario, que bufa más que befa a sus pacientes. Es para llorar, Gran Teatro: la necesidad de final.

—Entró.

Como yegua sudad.

—Duró.

Lo que un puedo en un canasto

—Y entonces, y además, y todavía: el lugar de “la cosa en sí” fue ocupado por la música.

Con todo (incluso lo que se pretende descontar) la suma igual acero antes de tiempo fragua, o después, y después, incluso: incluso la mañana cae de sorpresa, el valor de la fecha incluso (deja de contar) frente al momentáneo pico de oro de un solo, irrelevante (no irrisorio) momento. La fecha es clave como Gardel. Burdo, agachado encima, el instante todavía el lujo: se tira a menos. Es el zorzal craso, literalmente. Pero: exigir la verdad sería (una exigencia) pedir menos. Exigir la verdad sería, primero, pedir menos de lo que ya tenemos. Tenemos una vida galante con mucho sexo indescifrable. Graves, fallas graves en la educación sexual, como tocarse el mío por ejemplo, cuando el tuyo, entre las rosas, no: soltar el andamio, alba, albañil: Católico. Pausa. Católico has ta las heces, hasta la tendida (mano amiga) enguantada por el rubí.

Saltar del desplante. Hasta el trasplante. Plante lo que plante será plantígrado (así se hace, robando), oso hormiguero, cocainómano. O por fin, y al fin, esta buena aventura ha terminado, absorta en su laxo fin: encender un cigarrillo con otro, perfecto (pero) ¿encender un cigarrillo a un otro? Día por día se va haciendo: la noche, hasta la noche. Ese extremo el estilo lo permite...

Notas

  1. Fragmento de Las hijas de Hegel, novela inédita, 1982

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